Credito Universitario: lo injusto y lo solidario
Por Alejandro Navarro Brain, Diputado
12 Junio 2003

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A comienzos de la mitica decada del los '80, quienes eramos estudiantes y dirigentes universitarios, rechazamos de plano la nueva institucionalidad para la educacion superior que nos imponia la dictadura, y que habia sido desarrollada por el grupo economico conocido como 'Los Tucanes', dignos herederos racionalizadores de los Chicagos Boys de la primera hora.

Los pilares fundamentales de la nueva ley de universidades, ademas de la supresion de los derechos democraticos de estudiantes y profesores, establecia dos ejes fundamentales: primero, que las universidades eran capaces de generarse los recursos para su autofinanciamiento, en la misma medida que el Estado se los iria progresivamente disminuyendo.


La segunda premisa contemplada era que cada plantel universitario debia generar los mecanismos de recuperacion de Credito Fiscal -que luego evolucionó a Universitario y a Solidario- otorgado a los estudiantes, en que se contraía la deuda con el Estado mediante un pagare de la Tesoreria General de la Republica que se comenzaba a pagar dos años luego de salir de la U.

Como todos suponiamos entonces y sabemos ahora, ninguno de estos supuestos era valido y genero, como tambien lo dijimos en medio de la lucha por la recuperación de la democracia, la crisis financiera de los planteles tradicionales, especialmente regionales. Esa situacion, generó la respuesta esperada en una economía liberalizada: comenzaron a proliferar las universidades privadas, sustentadas en el derecho a abrir establecimientos educacionales.

Muchos asumimos la decision tacita de no pagarlo. A eso se agregó el hecho de que muchos de los que fueron sancionados, suspendidos y expulsados de la Universidad no pudieron terminar sus estudios y para no pocos de los que pudieron volver los beneficios se acabaron y sus familias debieron hacer un esfuerzo máximo para sostenerlos.

A muchos de los que no pagaron su credito por este convencimiento de injusticia, por no haber terminado sus estudios y a los que debieron hacer sacrificios para terminar, se les cobra el credito, sus intereses y sus multas, tal como a aquellos jovenes que ingresaron a la educación superior junto con la democracia, que pudieron acceder a un sistema menos malo y menos injusto, donde se fijo un tope de devolucion y se ampliaron los plazos de cobro.

Creo que la lucha que dimos en el pasado era justa, asi como la de hoy lo sigue siendo, porque rechazaba un sistema desintegrador, elitista y economicista impuesto por Pinochet, y que en el largo plazo solo buscaba liquidar la educacion superior publica, favorecer el desarrollo de las universidades privadas y convertir, derechamente la formación de profesionales en un lucrativo negocio. Por eso, toda nuestra comprension y solidaridad esta con los estudiantes.

Lo que ahora esta en juego no es solo un rechazo de los estudiantes a un determinado tipo de sistema de financiamiento, sino que por el contrario es la busqueda de uno nuevo que sea solidario en un doble sentido: solidario, porque efectivamente los jovenes que tengan menos reciban el credito suficiente para estudiar y ninguno quede fuera por ser pobre; y solidario en un segundo sentido, porque aquellos que terminan sus carreras y tienen trabajo, reintegren ese credito al sistema.

En este sentido es absolutamente erroneo lo que se plantea en el Documento de Trabajo Nº189, "Elementos para una Reforma del Sistema de Credito Estudiantil en Chile", elaborado por Osvaldo Larrañaga, actual vicedecano de la Facultad de Ciencias Economicas y Administrativas de la Universidad de Chile, para el Mineduc, en su calidad de Coordinador del equipo técnico de la Reforma del Sistema de Financiamiento para Estudiantes de Educación Superior, cuando utiliza simulaciones de ingresos mensuales que oscilan entre $276.000 y $930.000, para 5 años de estudio, 2 de gracia, 6% de interes y crecimiento del ingreso a un 7% anual, para proyectar los retornos del credito, en un plazo ampliado de 20 años.

No coincidimos con el profesor Larra~naga, quien paradojalmente ha encabezado en años anteriores el Estudio sobre Reforma del Sistema de Salud en Chile; el Capitulo Chile de la Red de Desigualdad y Pobreza del BID-BM y mas recientemente el proceso de reformulacion de la Ficha CAS, cuando insiste en sus calculos sosteniendo que: "Los estudios de nivel superior estan asociados en Chile a un importante premio en el mercado laboral. Cifras para el año 2000 situan el ingreso promedio de los ocupados con educacion universitaria completa en alrededor de $860.000, mientras que la cifra correspondiente en el caso de egresados de la educacion media es $ 240.000".

En lo si estamos de acuerdo con el, es que plantear la recuperación del credito como la panacea para financiar a los actuales estudiantes es tambien incorrecto y erroneo, porque aunque todos pagaran su 5% durante quince años, no alcanzarian a reintegrar todos los recursos recibidos como credito, en lo que el considera como "importantes subsidios asociados al credito", lo que tacita y claramente impulsa al Estado a asumir el rol subsidiario que la Constitucion del '80 le asigno.

No hay diferencia fundamental entre el sistema que nosotros combatimos en los '80 y el que los universitarios de hoy rechazan, independientemente de que las platas que antes se devolvian nunca se sabia donde iban a parar, ya que retornaban a la casa de estudios como un todo, pudiendo con ello pagarse deudas institucionales, el agua, la luz, el telefono o, peor aun, a malos negocios de las universidades y hoy, luego de la reforma que hemos aprobado hace pocos meses, sabemos que el credito recuperado ira, efectivamente, para generar mas credito.

En este tiempo, al igual que hace mas de 20 años, el tema del autofinanciamiento sigue estando en el centro del debate. Hoy sigue pareciendo tan lejano como entonces alcanzarlo. Especialmente si para ello, las universidades deben crear centros de estudios y desarrollar asesorias externas como las prestadas por la Universidad de Chile al MOP y que estan siendo investigadas por la justicia en torno al caso Gate.

Ciertamente el tema de fondo que subyace a este debate sobre financiamiento universitario, es el sentido y la mision de nuestro sistema educacional en su conjunto. Algunos paises desarrollados tienen solo 9 años de enseñanza obligatoria, porque existe un sistema educacional y tributario que permite una diversidad de oferta que no es solo universitaria, sino tambien tecnica, que permite una vida digna.

Nosotros tenemos ahora 12 años de escolaridad obligatoria: ¿sigue, entonces, siendo el unico camino para acceder a una vida decente y con aceptacion social la Universidad?, por ahora parece que si. Mientras nuestro pais tenga esa orientacion, casi sin alternativas -pero que seguramente el futuro nos obligara modificar- lo que corresponde es cumplir el compromiso, la deuda contraida no solo ante los estudiantes sino ante la conciencia de millones de chilenos, que ningun estudiante quedara fuera de la universidad por problemas economicos. La historia nos obliga.

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