CONCIUDADANOS
DEL SENADO Y DE LA CAMARA DE DIPUTADOS:
Debemos ser plenamente
conscientes de los problemas económicos y
políticos que estamos enfrentando, de sus
causas, sus proyecciones y de los efectos que puedan
tener.
Las relaciones sociales
sobre las que reposaba la estructura económicaestán
siendo alteradas en su misma esencia; los antiguos
valores dominantes de nuestra colectividad ven puesta
a prueba diariamente su vigencia; los mecanismos
reguladores de la vida colectiva estan sometidos
a tensiones crecientes. Es en estas circunstancias
que los representantes máximos de la Nación,
aquí reunidos, debemos contemplar con franqueza
la realidad de la Patria y asumir plenamente nuestras
duras responsabilidades.
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Como pocas veces ha ocurrido en Chile, hoy esperanzas y temores
son compartidos por la razón y las pasiones de nuestros
conciudadanos. En nombre del Gobierno, presentaré un
balance de la situación nacional, que muestre sus dimensiones
negativas y positivas. Aquellas que nos merecen la más
seria preocupación y éstas, que nos hacen reafirmar
la confianza en los recursos del pueblo para superar las dificultades
del presente y construir su propio futuro.
PRESENCIA INTERNACIONAL DE CHILE
Si en el curso de los dos años
y medio transcurridos el Gobierno ha llevado a cabo su anunciada
política de transformaciones en la estructura económico-social
interna, de modo paralelo se ha modificado sustancialmente
la naturaleza de nuestras vinculaciones internacionales. Se
ha terminado la subordinación de la política
exterior a las grandes líneas de la estrategia mundial
del imperialismo norteamericano. Hoy responde exclusivamente
a los intereses de nuestro pueblo y de la patria.
Nuestra política internacional
proyecta la naturaleza de la política interna. Si dentro
de Chile nos hemos esforzado por hacer compatible el avance
del proceso revolucionario con el pluralismo, más allá
de nuestras fronteras nos hemos propuesto mantener relaciones
con todos los pueblos del mundo, sin exclusivismo ideológico.
Ello nos ha llevado a reconocer diplomáticamente la
realidad de muchos países, estableciendo relaciones
de amistad y cooperación.
Sin embargo, la recuperación
de las riquezas básicas nos ha enfrentado a las manifestaciones
más desembozadas de la codicia imperialista. Al mismo
tiempo, nuestra resuelta identificación con la defensa
de los intereses de los pueblos de latinoamérica ha
incentivado la solidaridad de los países hermanos hacia
Chile. Las naciones del Tercer Mundo han expresado reiteradamente
su respaldo a los esfuerzos que hacemos por obtener la independencia
económica y política. Los trabajadores de todos
los países han demostrado de variadas maneras se adhesión
a la revolución chilena, en particular donde ellos
detentan el Gobierno.
Las características de nuestro
proceso hacen que continuamente estemos comprobando la amplia
repercusión que tiene duera de las fronteras. Exitos
y dificultades son seguidos atentamente. No hay órganos
de información de alguna importancia que no nos consagren
espacios destacados, como nunca antes reservaran a este pequeño
país de una región apartada del centro de la
política mundial. Centenares de libros, en las mas
diversas lenguas, están cubriendo el interés
por lo que aquí ocurre. En muchas universidades y centros
docentes se llevan a cabo estudios de nuestra historia contemporánea
y de los acontecimientos que estamos protagonizando.
Hoy podemos comprobar el respeto,
amistad y solidaridad de que gozamos en la gran mayoría
de las naciones en un período en que la distensión
de las relaciones internacionalesm el desarme y la coexistencia
pacífica se abren camino entre los estados más
poderosos, nuestra política internacional actúa
dentro de ese contexto. Buscamos que la paz y la colaboración
se extiendan a los pueblos de América Latina, Asia
y Africa. Reclamamos que un nuevo tipo de relaciones económicas
se establezca entre las naciones del capitalismo industrial
y las no desarrolladas.
Este es el mensaje que, en nombre
de Chile y en defensa de sus intereses agredidos por empresas
imperialistas norteamericanas, llevé en Diciembre pasado,
a la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Denunciamos los graves perjuicios
que provoca el poder de los grandes consorcios multinacionales
en los lugares donde operan, menospreciandola soberanía
política de los gobiernos y la dignidad de los pueblos.
Allí pudimos comprobar el
respaldo de la comunidad internacional a nuestra causa, al
igual que, de forma directa, se nos manifestó en las
gratas visitas que realizáramos a México, Cuba,
Venezuela, Argelia, Marruecos y Unión Soviética.
Reiteramos, a nombre de Chile, nuestro profundo agradecimiento
por la forma cordial y fraterna con la que fuimos recibidos.
La Asamblea Sindical Mundial, reunida
en Santiago en Abril pasado, ratificó el repudio de
los trabajadores a la acción de las empresas multinacionales.
Las nefastas actuaciones de la ITT en chile, en colaboración
con organismos del Gobierno norteamericano, han resultado
tan escandalosas que en los propios Estados Unidos han provocado
conmoción. Una comisión investigadora del Senado
de ese país reveló el vasto alcance de las maquinaciones
urdidas por el imperialismo en contra de los intereses vitales
de nuestra patria.
En el último año, hemos
enfrentado los ataques de otra empresa multinacional, la Kennecott
Copper Corporation, que ha tratado de impedir la libre comercialización
de nuestro cobre. A pesar de la firme defensa jurídica
que hemos entablado ante los tribunales competentes, sus actuaciones
han producido trastornos en nuestras ventas.
Nos complace destacar la actitud
de los integrantes del Consejo Intergubernamental de Exportadores
de Cobre (CIPEX), cuya Conferencia de Ministros, realizada
en Santiago entre el 29 de Noviembre y el 5 de Diciembre pasado,
aprobó medidas inmediatas de solidaridad, asi como
la creación de un mecanismo permanente de protección
y ayuda frente a las acciones contrarias a uno de sus miembros.
Reafirmando la preocupación
por proteger nuestras riquezas, estamos contribuyendo a elaborar
una nueva política sobre el mar. La Asamblea General
de las Naciones Unidas, en su últimos período
de sesiones, aceptó la invitación para realizar
en Chile, el año próximo, la Conferencia Mundial
sobre Derecho del Mar.
Somos un país pesquero, el
segundo de América Latina y el noveno del mundo en
volumen de capturas. Nuestra población depende en gran
medida, de esta riqueza para poder alimentarse. En el fondo
marino adyacente a la costa existe cobre, manganeso y petróleo.
Desde el desierto del Norte hasta los hielos antárticos,
en nuestro territorio se dan todas las situaciones que preocuparán
a la Conferencia sobre Derecho del Mar.
En el ámbito continental,
impugnamos el papel jugado hasta ahora por la OEA, denunciando
su crisis como institución. Hemos manifestado la necesidad
de reformular las relaciones interamericanas, superando una
estructura que influyó en la mantención de las
relaciones de dependencia entre Estados Unidos y los pueblos
latinoamericanos. En este sentido, el concepto de "solidaridad
hemisférica" los entendemos como ficticio.
Planteamos la necesidad de avanzar
en la constitucion de un nuevo sistema institucional que sea
la contraparte en el diálogo con Estados Unidos e instrumento
para que profundicemos las relaciones de amistad y cooperación
con otros países y organizaciones del mundo. El progreso
en la integración latinoamericana, en especial el Pacto
Andino, al que se ha incorporado Venezuela, tiene gran significado
y constituye un aporte de importancia a las nuevas tendencias
que se consolidan en las relaciones de este continente.
Por otro lado, son muy graves las
dificutades planteadas por el pago de la enorme deuda externa
que los gobiernos precedentes acumularon.
A pesar de que, duarnte 1972, Chile
obtuvo la ampliación del plazo para el pago de sus
deudas de uno a ocho años, y de que se han cumplido
estrictamente las obligaciones de consumo corriente, el total
de vencimientos, para 1973 asciende a 496 millones de dólares.
Es decir, este año casi la mitad del ingreso total
en divisas corresponde destinarlo a servir la deuda externa.
Esto el país no lo puede soportar.
Para paliar situación tan inviable, hemos solicitado
a los países acreedores que analicen la perspectiva
financiera de Chile para los años 1973 y 1974. En los
próximos días se celebrarán en París
las conversaciones de renegociación de la deuda para
esos dos años. Deseamos que se alcance un acuerdo favorable,
única manera de hacer compatible nuestra voluntad de
cumplir los compromisos del estado con las necesidades más
vitales de la economía nacional.
El mundo ve en nosotros la realización
simultánea de algunas de las más trascendentales
aspiraciones que interesan a la civilización actual:
la lucha de un pueblo por su dignidad, por liberarse del dominio
capitalista extranjero, por acabar con la opresión
social de la clase dominante, por avanzar hacia el socialismo
con libertades pluralistas y tolerancia de ideas y credos.
Es el esfuerzo de un pueblo por dominar, con su conciencia
y organización, la violencia interna y las agresiones
externas.
Chile está aportando a la
solución de los problemas contemporáneos el
testimonio práctico del diálogo y del trabajo
conjunto de cristianos, marxistas y laicos para edificar un
nuevo régimen. Ha contribuido a la historia política
con la instalación, por la vía electoral, de
un gobierno revolucionario de las características del
nuestro, que ejerce su poder dentro de los marcos constitucionales.
Hemos reforzado las reivindicaciones del Tercer Mundo con
la doctrina jurídica que dispone la deducción
con efecto retroactivo, de la rentabilidad exclusiva obtenida
en la explotación de las riquezas básicas nacionales.
Aportes que hieren, en lo más sensible, los inetereses
ideológicos y económicos del imperialismo. De
ahí la proyección internacional de nuestro proceso.
De ahí la persistencia y dureza con que se nos ataca
desde dentro y desde afuera.
En diversos países, no sólo
en América Latina sino también de Europa, estamos
presentes en el debate político interno. En ellos,
las principales fuerzas en pugna, capitalistas y socialistas,
nos toman como un punto de referencia. Los movimientos populares,
para defendernos y recoger la experiencia dela clase trabajadora
chilena; los capitalistas, para detractarnos y loar su orden
social, exagerando las dificultades inherentes a un país
subdesarrollado y dependiente que lucha por su liberación.
LA DEMOCRACIA Y LA PAZ CIVICA ESTAN
AMENAZADAS
Que el Presidente de la República
informe, en esta significativa fecha, al Congreso Pleno sobre
el estado administrativo, económico y político
del país, es parte de nuestra tradición. Sin
embargo, en esta oportunidad, ella adquiere un sentido excepcional,
en virtud de las circunstancias en que se ha desencuelto la
vida de Chile en el último año.
Este es mi tercer Mensaje, tiene
el valor de reafirmar la continuidad del régimen democrático
dentro del cual fue elegido el actual Gobierno. De manera
insistente e infatigable, en los últimos doce meses
-a través de las modalidades mas diversas- se han manifestado
fuerzas sociales animadas por el propósito de socavar
la convivencia cívica.
Más que a los problemas económicos
coyunturales por los que atravesamos, el Gobierno atribuye
mayor trascendencia a la real y seria amenaza que pesa sobre
nuestra democracia. Como pueblo y como Nación pocos
peligros aparecen más traves, ya que la quiebra de
la paz civil supodría el fracaso de nuestra capacidad
política colectiva para resolver los problemas de la
comunidad por medios distintos de la violencia física
que algunos buscan obsesivamente. Enfrentamiento cuyas trágicas
consecuencias acarrearían un profundo drama humano,
además de catastróficos efectos económicos.
Régimen democrático
y paz civil se implican de manera recíproca y lo que
atenta contra uno atenta directamente contra el otro. Sólo
en la medida que logremos mantener operantes y activos los
mecanismos democráticos, podrá Chile vencer
a quienes anhelan la violencia para imponer sus propósitos.
Hoy adquiere mayor realismo lo que
anticipara en mi primer mensaje. "Si la violencia, interna
o externa, en cualquiera de sus formas -física, económica,
social o política-, llegara a amenazar nuestro normal
desarrollo y las conquistas de los trabajadores correrían
el más serio peligro la continuidad institucional,
el Estado de Derecho, las libertades políticas y el
pluralismo. El combate por la emancipación social o
por la libre determinación de nuestro pueblo adoptaría
obligatoriamente manifestaciones distintas de lo que, con
legítimo orgullo y realismo histórico, denominamos
la vía chilena al socialismo".
El enfrentameinto diario entre conservación
y revolución, de que somos portagonistas, ha acumulado
una densa carga de violencia social que, hasta el momento,
ha sido posible contener dentrop de límites razonableso
sofocar cuando los los ha desbordado. El vigor de los mecanismos
democráticos han contribuido decisivamente a que la
energía de las fuerzas antagónicas se manifieste,
por lo general, a través de los canales regulares que
nuestro sistema político contempla. De ahi el ataque
frontal de que es objeto el régimen de democracica
por quienes, a través de la desobediencia civil o de
la insurrección, desearían imponer su dictadura.
Aumenta la resistencia, cuandia más
avanza la realización de las medidas revolucionarias
y con mayor claridad aparece, a los que siempre dominaron,
que su hegemonía social está amenazada definitivamente,
que su modo de vida y escala de valores son desafiados por
otra concepción de la sociedad.
El gobierno ha cumplido y cumplirá
su deber de preservar el orden público, al mismo tiempo
que impulsa la transformación de la sociedad. Contrariamente
a lo que ocurría en el pasado, el orden público
ha dejado de estar al servicio del sistema capitalista y es
hoy un factor coadyuvante del avance del proceso revolucionario.
Por esta razón, seremos cada vez más estrictos
en aplicar el imperio de la ley a quienes buscan destruir
los fundamentos de nuestra convivencia. No son los campesinos,
hambrientos de pan y de justicia, que se toman -procedimiento
que no compartimos- un pedazo de tierra para trabajarla, quienes
amenazan la paz. Para ellos, el desarrollo de la revolución
significa liberarse de su explotación secular. Son
más bien aquellos que no toman nada, por que lo tienen
todo, pero están obsesionados en crear las condiciones
de una guerra civil, los verdaderos propulsores de la violencia.
Atacan a las autoridades administrativas
por que interpretan ciertas normas legales según criterios
distintos a los usados para mantener el sistema capitalista.
pero quitan importancia al hecho de que determinados sectores
no se detienen en cuestiones de hermenéutica legal,
sino que intentan desvirtuar la Constitución, para
convertirla en parlamentarista o, lisa y llanamente, derribar
al gobierno.
Reprochan a las autoridades, no poner
fuerza pública al servicio irrestricto de los intereses
capitalistas y en contra de los trabajadores; pero, al mismo
tiempo, buscan enfrentar a campesinos contra campesinos, obreros
con obreros y a todos ellos con los técnicos y profesionales.
Los trabajadores, los sectores democráticos
y patriotas, partidarios o no de la Unidad Popular -es decir,
la inmensa mayoría de los chilenos- deben estar vigilantes
para defender la democracia y la paz interna.
Para nadie puede ser un secreto que
el problema clave que estamos viviendo es la crisis generalizada
del orden tradicional, mientras dificultosamente emerge una
nueva estructura de relaciones sociales.
LOS CAMBIOS REVOLUCIONARIOS SE HAN
PROFUNDIZADO
El proceso de cambios que caracterizó
a 1971, se ha acelerado en los doce últimos meses.
La transferencia del poder económico hacia la clase
trabajadora continuó realizándose en la forma
anunciada en el Programa de Gobierno. Mientras en 1971 se
erradicó de nuestra Patria a las empresas imperialistas
que controlaban las riquezas básicas, en 1972 se acentuaron
los cambios internos. Fue profundizada la Reforma Agraria,
se incorporó al Area Social parte de las empresas monopólicas,
se completó la nacionalización de los bancos,
algunos consorcios de la distribución mayorista fueron
puestos bajo control estatal.
El pueblo empezó a organizarse
a fin de cooperar a distribuir justa y equitativamente los
productos esenciales.
En el curso de último año
ha sido expropiada prácticamente la casi totalidad
de los fundos de más de 80 hectáreas de riégo
básico, los que han pasado a manos de los campesinos.
La ancestral oligarquía terrateniente ha perdido la
base económica de su poder. En ese período,
2192 predios expropiados se sumaron a los del año anterior,
completándose un total de 3570. Los campesinos han
coquistado, de este modo, cinco millones de hectáreas,
con los que, considerando lo hecho antes de mi Gobierno, el
35% de la superficie agrícola total del país
está en sector reformado.
Un proceso de desarrollo de nuevas
relaciones sociales ha quedado abierto en el agro. El número
de asentamientos duplica al que había en 1970. Se han
creado más centros de Reforma Agraria y de Producción.
A fines de 1972, sobre un total de 275 comunas agrarias, se
habían constituído 253 consejos Campesinos.
También se establecieron por la base los Consejos Provinciales
Campesinos de Ñuble, Colchagua, Bío-Bío,
Malleco, Cautín, Valdivia y Magallanes. Las Cooperativas
Campesinas se elevaron a casi trescientas.
Todo ello aparece animado por el
creciente vigor del movimiento campesino. Hoy es mucho mayor
el número y la capacidad de movilización de
las Confederaciones, los Sindicatos de Trabajadores Agrícolas
y Consejos Comunales. La cantidad de miembros de las organizaciones
sindicales campesinas es del orden de los 278.000, es decir,
33% más que en 1971 y 168% superior al existente en
1969.
El sector minero, básico para
el desarrollo económico del país, al fin podemos
decirlo, es de los chilenos. No sólo respecto de la
Gran Minería es válida esta afirmación.
En la Mediana Minería fueron incorporadas al Area Social,
a través de ENAMI, las principales minas, como Merceditas,
Sauce, Manto Verde, Disputada, La Africana y otras tantas.
Chile ha asumido la responsabilidad
de la explotación, procesamiento y comercia de sus
recursos mineros. Tarea que constituye un desafío para
la capacidad económica existente en el país
y que debemos cumplir en forma óptima, superando dificultades
objetivas y errores. Durante este Gobierno, a pesar de todo,
la producción de cobre de la Gran Minería ha
bordeado en 1972 la cifra de 600.000 toneladas, contra 540.000
en 1970. Estamos produciendo 50.000 toneladas más que
antes, aumento que dista mucho de dejarnos satisfechos.
En lo que respecta a las empresas
industriales estratégicas, la resistencia de los propietarios
privados al avance del programa revolucionario se ha hecho
cada vez más ostensible y enconada. Definidos por el
Gobierno los límites del Area Social Industrial; determinando
el numero e identidad de las empresas que deben integrarla,
los sectores afectados han recurrido a todos los medios a
su alcance para entorpecer su constitución. No obstante,
en la industria manufacturera el Estado controlaba en 1970
apenas el 3% de la producción y hoy controla sobre
el 30%. Están incorporadas al Area Social más
de 200 empresas, incluídas las que eran de propiedad
pública antes de 1970.
El ingreso al Area Social de un centro
productivo representa un hecho absolutamente distinto a un
simple cambio de patrón. Es el comienzo de una transformación
radical en las relaciones de trabajo y en el modelo organizativo
cuyo desarrollo va a ocupar durante muchos años a los
trabajadores. Los mecanismos de participación son el
símbolo del desaparecimiento del poder empresarial.
Es la dignidad del hombre de trabajo y su labor creadora las
que están contenidas en el proceso de socialización
de los medios productivos.
Las formas concretas que adopte la
participación deben adaptarse a las circunstancias
cambiantes. La experiencia adquirida por los trabajadores
y autoridades administrativas en los dos años de práctica
del convenio CUT-Gobierno, sugiere la necesidad de corregir
numerosos defectos y la instauración de nuevos métodos.
Del debate nacional de los trabajadores deben surgir proposiciones
concretas para este pilar fundamental de nuestra política.
Otro sector que ha experimentado
cambios esenciales es el sistema bancario-financiero. Más
del 90% del crédito está bajo control público,
a través del banco central y de los bancos nacionalizados,
lo que ha permitido su democratización y el acceso
a él de los medianos y pequeños productores.
En el área de la distribución,
el Estado controla apenas un tercio del comercio mayorista;
pero se ha organizado un conjunto de empresas como DINAC,
llamadas a cooperar decisivamente en la nacionalización
del consumo. Ya no se atiende sólo a los barrios privilegiados.
La distribución es directa en los sectores donde no
existe comercio establecido. El desarrollo de las Juntas de
Abastecimientos y Precios permite que la población
asuma, junto con los comerciantes, la responsabilidad de asignar
mejor los artículos fundamentales; la Secretaría
Nacional de Distribución realiza una labor que progresivamente
hará posible atender en forma racional el abastecimiento.
Lo alcanzado con la valiosa cooperación de las Fuerzas
Armadas es parte de la gran tarea que tenemos que cumplir.
El papel del Area Social en las importaciones
y exportaciones también se ha incrementado, lo que
ha permitido disminuir severamente las adquisiciones suntuarias
y el desaprovechamiento de divisas.
Ante los países del Tercer
Mundo que comparten nuestra situación, demostramos
que nuestro pueblo es capaz de asumir la dirección
económica de Chile. Los trabajadores están destruyendo
en los hechos la imagen distorsionada que habían creado
los que siempre mandaron: latifundistas, baqueros, monopolistas
y portavoces del imperialismo.
Desplazada la clase dominante del
los latifundios, de los bancos, de la industria monopólica,
ha desviado parte de su poder económico a la especulación;
organiza y fomenta el mercado negro; acapara mercancías;
causa escasez artificial; incentiva la psicosis de consumo;
provoca la desconfianza y estimula la espiral inflacionista.
Son varios miles de millones de escudos los que tiene consagrados
a estas dolosas actividades y no a las productivas propias
del las Areas Mixta y Privada.
Pero el hecho más relevante
consiste en que las transformaciones estructurales y la transferencia
de poder económico hacia las organizaciones populares
han abierto el camino de la socialización del poder
político. La jerarquía, la autoridad y el orden
burgés han perdido su vigencia ante los trabajadores,
quienes se esfuerzan por crear, dentro del régimen
institucional del Estado y su normativa legal, un orden y
una disciplina que repose socialmente en ellos mismos. Comités
de Dirección del Area Social, Consejos Comunales Campesinos,
Consejos de Salud, Consejos Mineros, Juntas de Abastecimientos
y Precios, Cordones Industriales, Comandos Comunales, etc.,
son otras tantas manifestaciones de esta realidad surgida
después de 1970. En pugna con la estructura de la antigua
clase dominante, las instituciones de la naciente organización
social están buscando, ensayando, criticando y recreando
su propio estatuto de trabajo y disciplina.
Estas expresiones de liberación
de los trabajadores difícilmente podrían enfrentar
con éxito los ataques implacables de que son objeto,
si no estuvieran animados por la conciencia que ha ganado
nuestro pueblo de que el sistema tradicional será definitivamente
superado.
Cambio valorativo e ideológico
que tiene el vigor de las ideas que son hechas suyas por las
grandes masas. Fuerza de una conciencia contra la que se estrellan
la demagogia, el emgaño y la sedición. Frente
a los propósitos de mantenimiento y restauración
de las instituciones básicas del capitalismo, el movimiento
popular tiene una posición social intransigente.
El paro de Octubre pasado ha sido
el intento de mayor envergadura para impedir la consolidación
y el avance de los trabajadores en la dirección del
país. Sus efectos inmediatos produjeron una pérdida
superior a los doscientos millones de dólares. Pero,
para el sector más obcecado que lo encabezaba, tuvo
un objetivo concreto: derrocar al Gobierno. Intento de quebrantamiento
del régimen institucional que puso en peligro la paz
interna, lo que fue evitado gracias a la voluntad revolucionaria
de los trabajadores, a la conciencia patriótica de
millones de ciudadanos de diversas ideologías y al
sentido democrático de las Fuerzas Armadas y de Orden.
Me refiero a los acontecimientos
de Octubre como el ejemplo máximo de la dinámica
insurreccional en que se encuentran empeñados los elementos
más afectados por el desarrollo revolucionario. No
retendré vuestra atención con otras manifestaciones
en el mismo sentido y que han convulsionado nuestra vida política.
Quiero ahora señalar la preocupación
del Gobierno por encontrar los mecanismos idóneos que
impidan la acción de los sectores antidemocráticos
y para que no sigan poniendo en peligro la convivencia cívica.
BUSCAN LA CRISIS DEL ESTADO
Muchos son los factores de los cuales
dependerá el desarrollo de nuestra vida colectiva.
Hay dos, sin embargo, de una importancia esencial: la parálisis
del aparato del Estado y la crisis económica.
Hace exactamente un año manifesté
, en este mismo recinto, que "me asiste la plena convicción
de que si hoy el régimen institucional continúa
actuando regularmente es porque las fuerzas populares, dentro
de él. lo están sosteniendo. Pero si las instituciones
tienen su más sólido respaldo en los trabajadores,
es porque no se han mostrado cerradas a su ascenso".
Lo ocurrido en los últimos meses ha confirmado elocuentemente
la primera parte de mi afirmación. Sin la conjunción
de los trabajadores y de las Fuerzas Armadas y de Orden, el
aparato del Estado se hubiera roto, con las graves consecuencias
que es dable imaginar.
A lo largo de los últimos
dos años el Estado ha venido perdiendo flexibilidad
para admitir cambios institucionales. Los mecanismos legislativos,
en vez de innovar en la regulación y ordenamiento de
la pujante dinámica social, aparecen prácticamente
anquilosados.
En mi segundo Mensaje anticipé
que "pocos peligros más graves acechan al régimen
legal que la rigidez o lentitud de los cambios jurídicos
en medio del actual período de transformaciones profundas
aceleradas. Por eso, el Gobierno no cejará en impulsar
la actividad legislativa de modo correspondiente a las exigencias
de la realidad actual". Sin embargo, las iniciativas
de necesidad mas apremiantes, tales como el castigo de los
delitos económicos, los Ministerios de la Familia y
del Mar, la estructuración del Area de Propiedad Social,
la participación de los trabajadores, la que otorga
financiamiento a las corporaciones municipales, las empresas
bajo régimen de autogestión, y muchas otras
de tanta o mayor importancia, no han podido ser convertidas
en normas jurídicas.
No me cabe intervenir en el uso que
la mayoría del congreso hace de las facultades que
le son privativas. Pero no puedo menos que constatar su acción
fiscalizadora sobre la gestión del Ejecutivo, de una
intesidad sin precedentes. En 1972, la Cámara de Diputados
designó ocho comisiones investigadoras sobre actuaciones
de la Administración Pública. Dos intendentes
fueron acusados y destituídos por el Senado. Se acusa
a siete Ministros y dos de ellos son destituídos. En
cada una de estas oportunidades, el Ejecutivo expresó
con claridad su criterio jurídico-constitucional discrepante.
Corresponde al Presidente de la República
la administración y gobierno del país. He ejercido
y ejercitaré la plenitud de mis prerrogativas. Cuando,
en el uso de sus facultades, el Ejecutivo y el Congreso difieren
en torno al ámbito de sus atribuciones exclusivas,
la Constitución contempla dos instituciones específicamente
destinadas a resolver los conflictos por medios jurisdiccionales
o políticos, evitando así los peligros del enfrentamiento
entre poderes del Estado. En las divergencias surgidas hasta
el momento, tanto el Congreso como el Gobierno han requerido,
en diversas oportunidades, al Tribunal Constitucional, la
instancia más ágil, rápida y expedita
de que dispone nuestro régimen político para
resolver este tipo de problemas. Siendo dicho organismo independiente
y autónomo, no podemos sino condenar duramente las
campañas interesadas de los sectores que buscan inhabilitarlo
amenazado, de esta forma, el estado de Derecho.
El otro instrumento constitucional
establecido para dirimir las diferencias entre los poderes
co-legisladores,la consulta plebiscitaria, será invocado
por el Gobierno en las circunstancias y materias que estime
procedentes y necesarias para el país. Recalco que
la convocatoria de un plebiscito es prerrogativa exclusiva
del Presidente de la República y que, por encima de
toda otra consideración, cumpliré con mi deber
de imponer que se ajuste estrictamente a las normas establecidas
en nuestra carta fundamental.
LOS PROBLEMAS ECONOMICOS DE LA TRANSFORMACION
SOCIAL
Conciudadanos:
Si bien un proceso revolucionario
no puede juzgarse por su resultado económico inmediato,
asigno especial gravedad a la situación presente. La
causa reside sobre todo en el conflicto político-social
en curso y no puede abordarse superficialmente con prescindencia
de la estructura económica y productiva heredada.
Quiero ser enfático en señalar
que uno de los procedimientos principales de la reacción
interna y externa para impedir nuestro camino hacia el socialismo,
es la búsqueda deliberada de una crisis económica.
Si unos entienden el orden público
y la institucionalidad como medios para oponerse a la transformación
económco-social y otros consideran que ésta
exige, indefectiblemente, su ruptura, el diálogo se
hará imposible y se terminará en la violencia.
La única manera de mantenerlas formas democráticas
pluralistas y transformar las estructuras es crear un nuevo
régimen institucional que encauce las transformaciones
y en el que el orden no sea opuesto a cambio ni sinónimo
de conservación.
La inmensa mayoría de los chilenos
está contra el caos político y económico,
contra la inseguridad y la violencia, lo que posibilita el
camino democrático. Transitarlo supone facilitar la
adaptación institucional y otorgar al Ejecutivo las
herramientas para evitar una crisis. Supone, a su vez, por
parte del Gobierno, la definición precisa de las metas
inmediatas perseguidas y el respeto a las reglas de la nueva
institucionalidad.
La superación de los obstáculos
a una apertura institucional tiene, ciertamente, un costo
muy inferior al que provocaría el desborde de la violencia
y el nfrentamiento entre chilenos. Por lo tanto no dejaré
de insistir en el diálogo de llamar a todos a elevar
el nivel de discusón política; a hacer del respeto
por la verdad y la honra de las personas una regla inquebrantable;
a convertir los medios de comunicación opositores y
partidarios del gobierno en vehículos de debate ideológico
y no de odios y alimento de la irracionalidad. La alternativa
al diálogo es la violencia que, salvo los obcecados,
nadie quiere en Chile.
Además del cambio institucional
se requiere superar los problemas económicos que agobian
a las grandes masas. Transformar es mucho mas que administrar.
La eficacia de la administración se mide por sus resultados
inmediatos. La transformación, por la cantidad y calidad
del cambio y sus resultados tardan el tiempo que exige llegar
a administrar con eficacia lo ya transformado, sobre nosotros
recae por la singularidad de la vía escogida, la necesidad
de hacer coexistir ambos procesos resolviendo, en lo posible,
esta contradicción. parte significativa de los problemas
económicos que sufrimos están generados por
desajustes inevitables.
Lo señala la historia de todas
las revoluciones, incluída, por cierto, la revolución
de la burguesía, que franqueó el camino a la
libre empresa y al capitalismo, y ein la cual se inspiran
muchos de nuestros opositores.
Las dificultades económicas
se explican también por la reacción de los intereses
nacionales y extranjeros afectados.
La lucha por impedir la crisis es
la lucha por la preservación del camino democrático.En
las conquistas político-sociales no puede haber retroceso,
no sólo por decisión nuestra, sino por decisión
del pueblo.
No porque el Gobierno sea minoría
en el parlamento, puede renunciar a formular y aplicar severamente
un plan antiinflacionario; de desarrollo, de organización
y de dirección económica y de democratización
y participación popular. Si así no lo hiciera,
no cumpliría con la obligación de dirigir la
economía del país y de evitar el caos.
Señores Parlamentarios:
No he usado ni usaré esta
tribuna para hacer cargos infundados a la oposición.
Tampoco estoy aquí para ocultad nuestros desaciertos,
deficiencias y errores.
Quiero expresar, claramente, que el país corre el riesgo
de muy graves consecuencias económicas si continúan
primando razones subalternas en la consideración de
problemas que exigen un alto grado de responsabilidad y patriotismo.
Quiero, además, declarar que
la responsabilidad de la situación económica
presente es compartida, en un grado u otro, por el Gobierno
y por la Oposición.
Tienen responsabilidad los que desfinancian
los proyectos del Ejecutivo; los que incitan a paros sediciosos;
los que ayer fueron monopolistas, latifundistas o banqueros
y hoy, con oportunismo, prohijan reivindicaciones económicas
de los trabajadores; los que desataron y mantienen una campaña
destinada a sembrar la desconfianza en nuestra capacidad económica,
los que promueven el mercado negro como política de
resistencia al Gobierno. Repito: todos ellos tienen responsabilidad.
Se persigue colocar al gobierno entre
el populismo y la violencia. Es parte de una táctica
nefasta para la comunidad que denuncio.
Padecemos de limitaciones de la capacidad
productiva, lastre del pasado, y el aumento de la demanda
derivado de la política redistributiva del presente:
Las primeras son consecuencias del pasado que pesan sobre
el presente; el segundo es la anticipación de un futuro
por conquistar y que choca con la débil capacidad actual
de producción. Pasado y presente se contradicen profundamente
cuando este último no es una simple prolongación
del ayer, sino una revolución.
El proceso revolucionario no puede
satisfacerse con lo disponible porque, además de insuficiente,
fue producido no para las necesidades del pueblo sino para
colmar a las minorías. El desabastecimiento de bienes
de hoy fue conjurado ayer en el desabastecimiento de ingresos
para los trabajadores. Si mañana tuviéramos
que racionar algunos productos, será porque antes se
prefirió racionar los salarios en vez de aumentar la
capacidad de producción para las mayorías. Esto
hace que el avance hacia el socialismo no sea un mero reparto,
sino principalmente producción y esfuerzo de todos
y para todos. Si se impone el populismo fácil, tendremos
una inflación en ascenso, porque en el capitalismo
dependiente tan agudo como la desigualdad es el subdesarrollo
de la producción. Los trabajadores deben estar conscientes
de la actitud de quienes, siendo responsables del subdesarrollo,
exageran la demanda frente a una capacidad restrigida de oferta
para que el caos económico frustre nuestra vía
de transformación. Los propios trabajadores serían
perjudicados.
Por nuestra parte, debemos reconocer
que hasta ahora no hemos podido crear una dirección
económica adecuada a las nuevas condiciones, que nos
ha atrapado la maraña burocrática, que no hemos
contado con los instrumentos necesarios para captar excedentes
de la burguesía y que la política distributiva
ha ido mas allá de las posibilidades reales de la economía.
Todo ello ha contribuído,
en alguna medida, a acentuar ciertos desajustes y problemas.
Más adelante me referiré a las acciones que
el gobierno ha adoptado, en estos días, para resolverlos.
No oculto lo grave de la situación económica.
Podremos enfrentarla si prima la responsabilidad y un superior
sentido nacional. Preveo horas muy duras para el país
y la seguridad de los chilenos. Apelo a la oposición
democrática para que no continúe su obstrucción
creciente.
Si nosotros hubiéramos sido
una simple continuación de la política burguesa,
si hubiéramos racionado los salarios, aceptado la desocupación,
protegido los monopolios, mantenido los latifundios y estrechado
manos con la explotación extranjera, no tendríamos
más altos niveles de producción que hoy. No
obstante algunos dirían que Chile tiene una economía
"sana". Pero nosotros no queremos una economía
pretendidamente sana, con desocupación, explotación,
injusticia, sometimiento al extranjero y desigualdad extrema
en la distribución del ingreso. No queremos una economía
con desnutrición y alta mortalidad infantil, incultura
y desprecio por la dignidad del hombre. Para nosotros, semejante
economía está irremediablemente enferma. Los
pobladores, los desocupados, los desnutridos no entienden
como puede ser sano un sistema que los incluye y los somete.
No viven de índices, conceptos o palabras de banqueros
internacionales. Sienten día a día y saben muy
bien que está sano y que está irremediablemente
enfermo.
LAS TARIFAS ECONOMICAS
Las tareas planteadas en el terreno
económico y las medidas ya tomadas por el Gobierno
se orientan a superar la contradicción básica
entre la prevalecencia de nuevos intereses sociales y una
economía en proceso de transformación, aún
incipiente.
El cumplimiento del Programa de Gobierno
exige el término rápido del proceso de constitución
del Area de Propiedad Social de la Economía. La conformación
definitiva de ella en los distintos sectores reconoce metas
específicas. Por ejemplo, en la agricultura elaborar
una nueva ley de Reforma Agraria, que debe ser el producto
de una amplia discusión de los propios campesinos que
asegure no sólo la inexpropiabilidad de todo predio
menor de 40 hectáreas básicas sino que, sobre
todo, garantice condiciones mínimas para la reorganización
del sector. En la industria deberán pasar al Area de
Propiedad Social las empresas incluídas en el proyecto
enviado por el Gobierno al Parlamento. La consolidación
del Area Social y su constitución definitiva es imperiosa
en el sector financiero, en los seguros, en la distribución
y en el comercio exterior.
El paso a la propiedad social de
las unidades productivas es una condición necesaria,
pero no suficiente. La meta definitiva es la socialización
efectiva de los medios de producción fundamentales
y su uso con arreglo a los intereses objetivos de los trabajadores
y la inmensa mayoría del pueblo.
Hay una diferencia sustancial entre
nacionalizar los medios de producción y su efectiva
socialización. Es la que existe entre el control de
la propiedad y la capacidad de los trabajadores y de la sociedad
de utilizarlos en correspondencia a los intereses de la mayoría.
La gran tarea de Chile es alcanzar un cambio cualitativo de
la economía, sobre la base de una organización
diferente y del establecimiento de nuevas relaciones de producción.
En el sector social, nos planteamos superar tanto el contenido
como la forma de las relaciones de trabajo.
Este gran esfuerzo para organizar
una nueva economía requiere alcanzar tres grandes objetivos.
En primer lugar, establecer la dirección única
y centralizada, esencialmente democrática, destinada
a garantizar la confluencia armónica de todos los aportes
sociales hacia las metas planteadas. Si antes la economía
era dirigida y orientada por los grandes monopolios y clanes
oligárquicos, nacionales y extranjeros, ahora, al romperse
su base material de sustentación, también se
quebró el antiguo mecanismo de dirección económica
del país. La necesidad de reemplazarlo por uno de nuevo
tipo es una tarea urgente, pues, de otro modo, no podremos
resolver nuestros problemas. Hemos dado comienzo a esta labor
con la formación del Comité Económico
de Ministros y de los organismos intermedios de dirección.
En segundo lugar, debemos asegurar
el funcionamiento planificado de la economía. El plan
debe ser democrático en su gestación, central
en su formulación y descentralizado en su ejecución.
Ya empezó a elaborarse el plan de la Economía
Nacional para 1974, que deberá ser discutido en todos
los niveles. Aprobarlo será obligatorio para los sectores
Social y Mixto, y orientador para el Privado.
La tercera condición es la
más amplia y democrática participación
de masas. Hoy día es posible y realista plantearla
porque, en dos años y medio de Gobierno Popular, hemos
creado las condiciones mínimas para hacerlo.
A partir de lo realizado, estamos
resueltos a avanzar en el proceso de transformaciones revolucionarias
utilizando todos los mecanismos de que disponemos. Lo fundamental
es nuestro propio esfuerzo interno. La solidaridad y ayuda
de los países amigos, y especialmente de los socialistas,
tienen una gran importancia. Pero nada puede reemplazar a
lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos.
Es indispensable el aumento sostenido y creciente de la producción
y de la productividad. Si no lo logramos no habrá progresos
ni bienestar. El aumento de la producción y productividad
debe ir necesariamente acompañado de la disminución
de sus gastos materiales y financieros. No es avance una producción
creciente a costos crecientes.
Esta orientación tiene validez
para los dos sectores más prioritarios: la agricultura
y la minería, particularmente la Gran Minería
del Cobre. Ambos tienen este carácter. No sólo
en la perspectiva de largo plazo, sino también en la
coyuntura actual. Uno y otro determinan la oferta de artículos
de consumo esencial de insumos y de equipos de capital. Sea
por su efecto directo en el aumento del abastecimiento alimenticio
y el ahorro de divisas que significa, sea por la generación
de divisas y aumento de la capacidad de importación
que supone.
En el agro estamos aprovechando lo
avanzado en las modificaciones de la propiedad de la tierra,
la substancial ampliación del parque de maquinarias
y la experiencia de estos años. Nos proponemos reorganizar
tanto la infraestructura de servicio y comercialización
determinantes de la producción como el proceso productivo
mismo y su base técnico-material.
La producción agropecuaria
se desarrolló normalmente, y aún mejoró,
en el primer año y medio de Gobierno. A partir de la
segunda mitad de 1972, su perspectiva es crítica. Las
causas pricipales son varias. Durante los meses de la siembra
del período 1972-73 se expropiaron cerca de dos mil
predios, equivalente al 15% de la tierra agrícola del
país. Las tensiones sociales derivadas de la resistencia
de los antiguos propietarios repercutieron en la disminución
de la superficie agrícola cultivada. Además,
el invierno de 1972 se caracterizó por un exceso de
lluvias que interfirió las siembras. En la primavera
de ese año, cuando había oportunidad para recuperar
lo perdido, se provocó el paro de Octubre. Este afectó
a las plantaciones existentes, en especial viñedos
y frutales, que no pudieron, en muchos casos, recibir a tiempo
la aplicación de los pesticidas necesarios; perjudicó
también el suministro de los productos del campo a
la ciudad, destruyendo enormes cantidades de bienes perecibles.
Y más grave aún, dificultó la distribución
de semillas, fertilizantes, combustibles y demás insumos
agrícolas necesarios para las siembras de primavera,
lo que repercutirá en la cosecha y en los abastecimientos
de este año. Es ahora cuando sufriremos sus más
graves efectos.
Señores Parlamentarios:
Los problemas que de manera más
inmediata afectan al pueblo son la inflación, el bajo
nivel de abastecimiento y la movilización colectiva.
Ellos son el resultado tanto de la inadecuación de
la economía a los requerimientos de los nuevos intereses
sociales como de la acción política antipatriótica.
Sin embargo, son problemas que estamos abordando con medidas
específicas, además de las tareas generales
que han sido señaladas.
La política antiinflacionaria
se proyecta al conjunto de las acciones económicas
y constituye una línea central de orientación
del Gobierno.
En relación a la política
fiscal, se requiere incrementar los ingresos públicos.
La reducción de los gastos excesivos contribuye a aumentar
las disponibilidades financieras, pero los egresos no serán
disminuídos al punto de comprometer el cumplimiento
de los objetivos del Programa de Gobierno.
El Gobierno propondrá una
redifinición completa del sistema impositivo y ya inició
una severa campaña de control de la evasión
tributaria y previsional. Desde luego, en los proyectos de
ley enviados al Congreso hemos propuesto gravar, como es justo,
a los sectores de más altos ingresos.
El Congreso ha despachado las principales
leyes económicas sin el debido financiamiento, situación
que ha llegado a adquirir extraordinaria gravedad. Así
la Ley Nº 17954, sobre reajuste de remuneraciones de
los sectores público y privado, significó un
gasto de 12.125 millones de escudos y obtuvo un financiamiento
de apenas 2.700 millones; la Ley Nº 17.713, que concedió
un aguinaldo extraordinario a todos los trabajadores del sector
público y privado y reajustó transitoriamente
las remuneraciones por el mes de Octubre de 1972, tuvo un
costo de 378 millones de escudos y un financiamiento de sólo
50 millones; la Ley Nº17.724, que promueve a grados superiores
al personal perteneciente a la Subsecretaría y Administración
General de Obras Públicas y servicios dependientes,
significó un egreso de 110 millones sin ningún
financiamiento, toda vez que él debió hacerse
con cargo al presupuesto corriente del Ministerio de Obras
Públicas; la Ley Nº 17.732, que concede bonificación
compensatoria por alza de locomoción y productos alimenticios
a los trabajadores de los sectores público y privado
importó un costo de 391 millones de escudos y no obtuvo
ningún financiamiento del Congreso, el que se limitó
a autorizar el gasto con cargo a los mayores rendimientos
tributarios de 1972; la Ley Nº 17.828, que reajustó
a contar del 1º de Octubre de 1972 los sueldos y salarios
de los trabajadores del sector público y privado, representó
un gasto de 43.090 millones de escudos y recibió del
Parlamento un financiamiento de sólo 7.329 millones.
Para no extenderme en otros ejemplos, de veinte proyectos
de ley que significaron gastos de casi 60 mil millones de
escudos con un financiamiento de sólo 12 mil millones;
es decir, apenas cubrió la quinta parte del costo dispuesto
en las leyes respectivas. Lo mismo está ocurriendo
ahora con el proyecto de anticipo de reajuste de remuneraciones.
Recurriremos al veto para tratar de remediar esta situación.
En materia monetaria, se ha resuelto
la aplicación de un plan, a partir de Julio, que consulta
cifras topes de emisión, subordinadas a los objetivos
de la política fiscal y de precios. Estableceremos
un mecanismo de manejo más centralizado de las finanzas
para restringir la expansión monetaria y aumentaremos
la captación de los excedentes mediante el sistema
bancario.
En cuanto a los precios, las medidas
acordadas buscan detener su ritmo de aumento promedio, discriminando
entre ellos a fin de asegurar alzas menores de los artículos
de uso y de consumo habituales. Se ha acordado, por ejemplo,
desplazar los subsidios desde los productos intermedios a
los finales, establecer sistemas de compensación o
descuentos en las transacciones dentro del sector estatal,
modernizar las industrias productoras de artículos
de primera necesidad. Esta programado con detalle el movimiento
de precios de los bienes y servicios que representan el mayor
gasto de los sectores de bajos ingresos y de los insumos de
las industrias correspondientes.
Las relaciones de precios entre grandes
ramas económicas serán ajustadas a las nuevas
condiciones, cuidando siempre su nivel general promedio. Desde
ya, la relación de los precios agrícolas con
los del resto de la economía se ha visto favorecida
desde el segundo semestre de 1972. Aquellos se elevaron, respecto
de 1970, en mas del doble que los correspondientes a los productos
industriales y mineros nacionales y también respecto
de los productos importados, lo que contribuyó a desplazar
excedentes hacia la agricultura, ayudando a su tecnificación.
Sin embargo, los movimientos especulativos que distorsionan
los márgenes de comercialización y el desarrollo
de los dobles mercados constituyen factores que decisivamente
contrarrestan el éxito de la política de precios.
Otro tanto sucede en las relaciones entre el sector social
y privado de la economía.
Una visión superficial de
las actuales condiciones económicas pudiera hacer creer
que existen contradicciones antagónicas entre las áreas
social y privada, entre el sector agrícola y el resto
de la economía o entre productores y consumidores.
Pero el más leve análisis muestra que ello está
muy lejos de ser así. La contradicción real
se plantea entre la gran mayoría del pueblo, productores
o consumidores, industriales o agricultores, con los especuladores
y agiotistas, forma principal de expresión de los intereses
económicos inmediatos de la gran burguesía.
De aqui la importancia política y el significado de
la lucha contra la especulación y el mercado negro.
En la distribución garantizaremos
flujos estables de abastecimientos para los consumidores,
según los niveles de disponibilidad y con arreglo a
las características del núcleo familiar más
que a los ingresos de cada persona. Para ello se ha acordado,
además de fortalecer y perfeccionar el trabajo de las
Juntas de Abastecimientos y Control de Precios, multiplicar
los convenios con el sector privado de abastecimiento de insumos,
ligados a la producción y formas de distribución;
desarrollar el comercio estatal en aquellos lugares en que
el comercio privado no exista o sea claramente insuficiente;
aumentar los Comités de Vigilancia de la Producción
para controlar mejor los canales de distribución y
crear la Unidad de Control del Delito Económico en
DIRINCO.
Asignamos gran importancia a completar
el área social de la distribución mayorista
y a fortalecerla a través de si direccion centralizada
en la Secretaría Nacional de Distribución que
será dotada de mayores atribuciones. De la misma manera
que coordinaremos su actividad con la del sector privado.
La restricción generalizada
más seria de la economía radica en la situación
de divisas. Con frecuencia se formulan críticas al
Gobierno, imputándole mal manejo y dilapidación
de las reservas en moneda exranjera. Por ignorancia o mala
fe, se desconocen u omiten los factores que determinan la
situación actual.
Desde fines de 1970, se ha venido
registrando un gradual y progresivo deterioro de la situación
de divisas, que tiene su origen en cuatro causas principales.
El bloqueo financiero impuesto por
algunas instituciones económicas bajo control norteamericano,
es la primera causa. En los años anteriores a 1970
ingresaban al país, por concepto de capitales, entre
cien y tres cien tos millones de dólares al año.
En 1967, fueron 124 millones; 304 en 1968 y 263 en 1969. En
1970, año de las elecciones presidenciales, los ingresos
de capital bajaron a 148 millones de dólares. El bloqueo
financiero significó que en 1971 haya habido un saldo
negativo en el movimiento de capitales. Ese año tuvimos
que remitir al exterior por ese concepto 100 millones de dólares,
lo que equivale a una pérdida neta de 248 millones,
en comparación con 1970.
En base a cifras preliminares, puede
estimarse que el movimiento de capitales de 1972 tuvo una
evolución parecida. Si entre 1970 y 1972 se hubiera
tenido un ingreso similar al de los dos años anteriores,
el país habría recibido más de 400 millones
de dólares. En los hechos, sin embargo, tuvimos que
remitir al exterior alrededor de 200 millones. En otras palabras,
si se hubiera mantenido la corriente de capitales de los años
anterioes, Chile habría dispuesto de más de
600 millones de dólares adicionales.
La segunda causa de nuestro deterioro
de divisas reside en la baja substancial del precio del cobre.
Este promedio 64 centavos de dólar la libra en 1970,
bajó a 49 centavos en 1971 y se mantuvo en un nivel
semejante en 1972. El menor precio de 15 centavos de dólar
la libra, sobre una producción de setecientas mil toneladas,
equivale a una pérdida media anual de 230 millones
de dólares, esto es, 460 millones en los dos años.
La baja de los precios del cobre en 1971 y 1972, comparada
con el nivel de 1970, tiene efectos similares a lo que hubiera
sido una menor producción física de 420.000
toneladas en el bienio.
Durante el primer trimestre del presente
año, el precio del cobre bordea los 70 centavos de
dólar la libra, lo que permitiría alentar la
esperanza de un mayor ingreso de divisas. Pero no podemos
abrigar demasiado optimismo. No sabemos si se trata de un
alza transitoria. El Gobierno de los Estados Unidos, por su
parte, ha anunciado que procederá a vender cobre y
otros metales de sus reservas estratégicas con el propósito
de provocar una baja en los mercados.
La tercera causa del deterioro ha
sido el aumento significativo de los precios de las importaciones.
Los artículos más indispensables adquiridos
en el extranjero sufrieron alzas espectaculares en 1971 y
1972. Asi, el precio del trigo subió en 51%; la mantequilla
en 88%; la carne congelada en 40%; el azúcar un 86%
en el mercado de Nueva York. También registraron alzas
substanciales las materias primas y los combustibles. En términos
aproximados, puede estimarse que el costo adicional que ha
significado el mayor precio de las importaciones llegó
a unos 75 millones de dólares en 1971, y alrededor
de doscientos millones en 1972, lo que implica un mayor gasto
de 275 millones en el bienio.
El aumento de la importación
de alimentos, muy considerable en los dos últimos años,
constituye el cuarto facor que agravó el deterioro.
En comparación con 1970 el equivalente del volumen
físico de las importaciones de alimentos subió
en 50 millones de dólares durante 1971, y en 120 millones
en 1972. Hasta la primera mitad de este último año,
el aumento de las importaciones alimenticias correspondía
fundamentalmente al mayor poder adquisitivo derivado de la
fuerte redistribución del ingreso. Es fácil
entender que en un país en que más de las cuatro
quintas partes de la población percibía hasta
tres sueldos vitales y su dieta apenas sobrepasaba los niveles
mínimos de subsistencia, cualquier aumento de los ingresos
reales se volcará de preferencia a un mayor consumo
de alimentos. A estos efectos, podemos ver el ejemplo del
trigo, cuya importación fue del orden de las 300 mil
toneladas en 1970, y más de 500 mil en 1971, año
en que la producción interna había subido levemente.
La importación de leche semi descremada se elevó,
entre esos mismo años, de 3.800 a 38.400 toneladas,
a la vez que crecía la producción interna pero
de manera muy insuficiente para cubrir las exigencias del
Plan del medio litro de leche.
En resumen, los cuatro factores mencionados
representaron una pérdida superior a los 1000 millones
de dólares en los dos últimos años.
Usamos las divisas disponibles con
austeridad y conforme a las exigencias prioritarias del país.
Aseguramos, primero, los alimentos y medicinas, las materias
primas y repuestos para nuestras minas e industrias y para
el transporte. Revisamos cuidadosamente las importaciones
de bienes corrientes y de capital. Vigilamos escrupulosamente
las remesas al exterior. Y destacamos el esfuerzo creador
de los trabajadores por economizar divisas, innovar en los
procesos de producción, idear métodos de fabricación
de partes y repuestos que antes debían comprarse en
el exterior, por mejorar la organización del trabajo
y el ahorro de materias primas importadas.
El Comité Económico
de Ministros aprobó el presupuesto de divisas para
1973, al que se ciñe todo el movimiento del comercio
exterior. Se caracteriza por aplicar mayor flexibilidad en
el uso de las divisas, de tal manera que un sector económico
o una empresa determinada pueden contar con recursos adicionales
para importar materias primas o equipos si con ello aseguran
un aumento más que proporcional de las exportaciones.
De esta manera, se incentiva la exportación, se ayuda
al uso pleno de la capacidad instalada y a la contratación
de fuerza de trabajo. Quiero llamar la atencion acerca de
esta posibilidad de aumentar las importaciones, ya que está
al alcance de cualquier empresario privado para solucionar
problemas de falta de materias primas.
Hemos resuelto, además, crear
nuevas empresas de comercio exterior, participar en sociedades
internacionales de transporte de productos chilenos, simplificar
los trámites para exportar, facilitar el uso de créditos
de pre y post embarque y otras medidas del mismo carácter.
EL INCREMENTO DE LA INVERSION
Se imputa al Gobierno haber provocado
una gran disminución del volumen de inversiones. La
verdad es, sin embrago, diferente.
En efecto, la inversión anual
materializada en 1971 y 1972 supera - en moneda constante-
a la alcanzada entre 1967 y 1969, aunque es algo inferior
a la de 1970. La proporción del Producto Nacional que
se ha invertido en los dos últimos años fue
de un 14%, frente a un 15% en años anteriores. Pero
esta sola comparación no es válida si no se
señalan los facotres que dominaban hasta el pasado
reciente. Recordemos el cuantioso endeudamiento externo que
sostenía la inversión o el elevado precio del
cobre que contribuía decisvamente a financiarla. Si
descontamos la incidencia de estas causas, el coeficiente
de inversión, en el período 1967 - 1970, no
supera el 13% del Producto. Lo cierto es que la gran burguesía
chilena nunca se distinguió por el esfuerzo para autofinanciar
sus inversiones. Los grandes monopolios se aprovechaban con
ese objeto, de los recursos públicos y del flujo de
capital extranjero. Así lo demuestra el crecimiento
permanente de la deuda externa y el hecho que, en 1970, el
Estado financiaba ya el 75% de la inversión total,
pública y privada. Lo que ha sucedido en estos dos
últimos años es que el incremento de la inversión
pública ha compensado la disminución de la privada.
Además, el proceso inversionista se ha saneado en relación
a las fuentes financieras que lo sustentan.
Otro rasgo que distingue la situación
actual es que la ampliación de la capacidad productiva
esta determinada por los intereses de la mayoría de
la población. Esto se refleja en los órdenes
de prelación, nacionales y regionales, que caracterizan
la política de inversiones ya aprobada: prioridad para
los proyectos agrícolas y agroindustriales que permitan
el aumento de la oferta alimenticia; para los proyectos regionales
que descentralizarán efectivamente la economía;
para los proyectos que atenderán los problemas de movilización
colectiva, como la construcción del Ferrocarril Metropolitano,
que el Gobierno redefinió substancialmente. A ello
hay que agregar, en el mismo sentido, la asignación
de recursos para los grandes proyectos de desarrollo de la
industria de base y la energía, destinados a mejorar
el fundamento material del proceso productivo.
Hemos terminado o proseguimos el
desarrollo de los programas que estaban en ejecución,
sin provocar discontinuidades en el proceso inversionista.
Menciono algunos ejemplos: ampliación de Huachipato;
construcción de la planta de cemento de Antofagasta;
de la Central Eléctrica El Toro; gran impulso a las
inversiones en Obras Públicas y Vivienda.
Estamos ampliando en medida importante
instalaciones productivas que, de otro modo, no podrían
adaptarse a la nueva dinámica económica. Ello
ocurre, por ejemplo, en el sector textil; en las plantas de
cemento Polpaico, Melón y Bío-Bío, que
incrementarán su capacidad de producción en
aproximadamente 250 mil toneladas-año; en las empresas
carboníferas de la zona Concepción-Arauco; en
las plantas termoeléctricas. Además, parte considerable
del esfuerzo se dirige a recuperar las inversiones de reposición
y mantenimiento que fueron, a partir de 1970, deliberadamente
detenidas en muchos casos. El Gobierno ha emprendido nuevos
proyectos según las prioridades antes señaladas.
Entre ellos, me interesa destacar las inversiones agrícolas
y pesqueras, energéticas y mineras, así como
las que tienden a mejorar la infraestructura portuaria.
En el agro, además de las
inversiones dentro de los predios, especialmente los reformados,
la construcción de los complejos agroindustriales en
curso determinará un nuevo y más moderno perfil
del campo chileno. Entre ellos sobresalen los complejos avícolas,
que permtirán elevar la producción este año
a 60 millones de broilers, y los complejos porcinos, cada
uno de los cuales producirá 35 mil unidades. Paralelamente,
se desarrollará una serie de proyectos para ampliar
la producción de semillas, abonos y fertilizantes.
Se iniciaron y complementaron obras
de regadío, entre las cuales revisten gran importancia
nacional los embalses Puntilla del Viento, Aromo y el Complejo
de Convento Viejo. Tienen significación regional el
Canal Santiago-Peñuelas, el embalse de Conchi y los
canales matrices de Paloma, Digua, Choapa, Rengo, Maule Sur
y Norte, Coihueco, Cayucupil y Bío-Bío Sur.
En el sector pesquero se están
haciendo inversiones de ampliación y mejoramiento de
la red de distribución de productos del mar y de la
capacidad de frío que se requiere. Pero, sin duda,
lo más importante es la construcción del puerto
pesquero industrial de Colcura, que incrementará substancialmente
la oferta y abrigará grandes posibilidades de exportación.
Se han llevado a cabo investigaciones que han descubierto
nuevas especies ictiológicas, de extraordinaria importancia
para aumentar los recursos alimenticios y comerciales.
En lo que se refiere a la energía,
además del término de la central eléctrica
El Toro, se comenzará la construcción de la
Central Antuco, con una capacidad de 300 mil kilovatios/hora.
Respecto de los combustibles líquidos, este año
se continuará la prospección y perforación
de pozos petrolíferos, al sur del Estrecho de Magallanes,
en las cercanías de Valdivia y frente a las costas
de Iquique.
Terminados los análisis y
estudios técnicos para la elaboración de gas
licuado natural, del cual contamos con enormes reservas, estamos
en vías de obtener el financiamiento necesario para
iniciarla.
Hay crisis mundial de combustibles
líquidos y las reservas conocidas son limitadas. El
efecto de ello en nuestro país se ve agravado por la
caída de la inversión quese produjo en la década
anterior. Ante esta situación, el Gobierno ha planteado
una política de desarrollo sustitutivo de las fuentes
energéticas. Esto nos obligaría a una gran tarea
de transformación tecnológica en las industrias
y el transporte, la que es indispensable comenzar ahora. Los
proyectos de modernización de la industria carbonífera
elevarán su producción a dos millones cuatrocientas
mil toneladas para 1976. Los programas de inversión
que este año se comienzan a materializar en la zona
de Magallanes, aprovecharán las enormes reservas existentes.
En cuanto a la minería, hemos
comenzado los trabajos para poner en operación la que
será una de las minas subterráneas de hierro
más grandes del mundo, Boquerón Chañar,
y las instalaciones portuarias, de transporte y otras que
la complementan. Destaca también la ampliación
programada de la refineria de Ventanas, que elevará
la capacidad de fundición, para 1975, de 650 a 2000
toneladas-día y la refinación electrolítica
de 100.000 a 135.000 toneladas-año. Además,
se aprovecharán los gases de los convertidores para
la producción de ácido sulfúrico y se
instalará una planta de superfosfatos. Los trabajos
ya sehan iniciado y contamos con ayuda técnica y el
financiamiento necesario.
Las inversiones que se estan haciendo
en la Gran Minería del Cobre tienen como objeto superar
definitivamente los errores del llamado plan de expansión
y eliminar los estrangulamientos que impiden utilizar toda
la capacidad instalada. Se construirán las plantas
de colada continua, de ácido sulfúrico y de
oxígeno para Chuquicamata; la de extracción
por solventes para Exótica. Está resuelta la
expansión de Andina en un 40% de su capacidad. Para
todas estas iniciativas contamos con ayuda técnica
y los créditos necesarios. En la adquisición
de palas mecánicas, equipos y camiones se invirtieron
70 millones de dólares y se invertirán otros
ochenta este año.
En infraestructura portuaria estamos
mejorando la capacidad de descarga mediante la adquisición
de nuevos equipos. Sólo en Valparaíso se han
instalado 12 nuevas grúas. Debemos mencionar el puerto
granelero de San Antonio, por terminarse, vital para el abastecimiento
de productos importados, y la continuación de las obras
del puerto de San Vicente, que permitirá movilizar
600 mil toneladas anuales.
Para tener una idea más precisa
del esfuerzo inversionista, será necesario referirse
a los numerosos proyectos industriales, de vialidad y de reconstrucción.
La ejecución de plantas de alambrón de cobre,
de elaboración de alambre magnético esmaltado,
de cables telefónicos, son otros tantos ejemplos que
podrían destacarse por lo que representan en el cambio
del carácter exportador primario de la economía,
por la manufactura interna de nuestros recursos naturales.
También señalaré,
por las líneas de desarrollo que nos abre y por su
significado humano, que merced a la iniciativa de técnicos
chilenos se ha iniciado la producción de equipos médicos
y de alimentos de alto contenido proteico.
Las transformaciones reolucionarias
están provocando rupturas en los mecanismos institucionales
que guían y hacen posible el proceso de acumulación
de capital. Desde los canales financieros clásicos
hasta la organización que decidía las inversiones,
se han requebrajado. Nuestra tarea de ampliar la capacidad
productiva se ha desarrollado paralelamente a la cración
de una nueva estructura idónea para dirigirla. La comisión
Nacional de Inversiones planificará el proceso inversionista,
lo que mejorará su calidad y eficacia.
SIGNIFICADO DE LAS RECIENTES ELECCIONES
PARLAMENTARIAS
La elección del 4 de Marzo
encierra en sí misma un hondo significado que no quiero
dejar de señalar. Este Congreso emerge de una consulta
electoral ordinaria que ha mostrado en su desarrollo la dinámica,
viva y creadora, que anima a nuestra democracia. Que desmiente
a quienes anticiparon el término de la participación
ciudadana en la gestión de la cosa pública y
la supresión de los derechos políticos de la
oposición si se instalaban los trabajadores en La Moneda
y, también, ridiculiza a los que inventaron imaginarios
fraudes electorales para esconder su desahucio histórico.
El Tribunal Calificador de Elecciones ratificó el limpio
proceder del Gobierno.
Es motivo de orgullo para mí,
y estoy seguro que lo comparte la mayoría de los chilenos,
comprobar que desde 1970 una nota dominante destaca en nuestra
vida política: el vasto aumento de la participación
popular en los asuntos públicos. En menos de tres años
nuestros conciudadanos han sido convocados a ejercer el sufragio
universal en siete oportunidades. Han tenido lugar dos elecciones
nacionales. El número de ciudadanos que ha participado
directamente en la designación de sus representantes
políticos ha pasado de 2.954.000 en 1970, a 3.660.000
en 1973.
Pero sería insuficiente limitarse
a comprobar la vigencia de los derechos cívicos en
la masiva amplitud que han alcanzado. En este país,
donde hay cada día decenas de elecciones -sindicales,
comunitarias, profesionales, estudiantiles, vecinales, etc.-
está desarrollándose un fenómeno de trascendencia
cualitativa que distingirá en la historia patria el
esfuerzo realizado en los años que estamos viviendo.
Por primera vez, amplios sectores populares, hasta ayer negados,
pueden ejercer las libertades políticas al tener medios
concretos que les permiten el ejercicio del derecho de expresión
y de asociación. Por primera vez, la democracia económica
empieza a ser una realidad. Sólo ahora las decisiones
que más afectan a cada persona, la que inciden en su
dimensión creadora, en su trabajo y en su bienestar,
han dejado de ser exclusividad de las minorías poderosas
o selectas para ser asumidas por la gran masa organizada en
sus centros de trabajo o de residencia. Una nueva etapa recién
se ha iniciado para la democracia chilena.
Las elecciones parlamentarias del
4 de Marzo han demostrado, igualmente, algo que desespera
y obnubila a algunos de nuestros adversarios: el funcionamiento
regular de los mecanismos político-institucionales
a través de los cuales se expresa la voluntad popular.
Contrariando los designios de quienes no han cesado en sus
intentos de destruirlos, porque veían en las elecciones
"una meta sin destino", la jornada del 4 de Marzo
fue una clara manifestación de defensa del régimen
democrático.
Por otra parte, la significación
del resultado electoral la da el contexto histórico
en que ha tenido lugar. La política gubernamental se
ha traducido en el apoyo masivo que han recibido los partidos
políticos que lo sustentan, el más alto que
Gobierno alguno haya alcanzado en los últimos 20 años
tras veintisiete meses de gestión. El 4 de Marzo ha
sido reafirmada la vía chilena al socialismo.
Mientras las capas privilegiadas
se exasperan por el deterioro de su status hegemónico
y por el decrecimiento relativo de la holgura y bienestar
que usufructuaban a costa de la gran masa, esta última
percibe el sentido revolucionario de las transformaciones
que se realizan.
De ahí que, en la consulta
nacional del 4 de Marzo, se manifestara no sólo el
respaldo al Gobierno sino la reafirmación de una voluntad
revolucionaria. Es algo más que un simple deseo de
cambios. En una coyuntura económicaa tan desfavorable
como la que atravesamos, es la decisión popular de
avanzar hacia el socialismo.
Al mismo tiempo, en el resultado
del 4 de Marzo el Gobierno advierte también la necesidad
de que se introduzcan algunas modificaciones en la política
actual, que no han encontrado la adhesión de ciertos
grupos de trabajadores y capas medias, a pesar de que nuestra
acción está orientada en su favor.
EL REGIMEN INSTITUCIONAL DEBE SER
ADAPTADO A LA NUEVA REALIDAD
La decisión del Gobierno de
lograr que el Estado sirva a los trabajadores y a la gran
mayoría del país y cumpla sus funciones se ve
poderosamente contrarrestada por la rigidez de nuestra estructura
legal y administrativa Cada día resulta más
manifiesta su inadecuación a las necesidades urgentes
de la vida económica y política. Así,
por ejemplo, cuando la especulación ha adquirido proporciones
nunca antes conocidas, el Estado se encuentra prácticamente
desprovisto de los instrumentos legales para sancionar el
acaparamiento y el mercado negro. Cuando el poder de decisión
conquistado por los trabajadores es ya una realidad que promete
un firme desarrollo, el aparato del Estado, en cuanto totalidad
global, aparece cerrado y refractario a reconocerlo y organizarlo.
El dinamismo de un proceso revolucionario libera energías
reprimidas, hiere intereses dominantes, genera fenómenos
sociales nuevos que pueden ser guiables y que el Gobierno
se ha esforzado en controlar. Pero, para que esto culmine
satisfactoriamente, se necesita un régimen institucional
flexible.
En otras palabras, la nueva situación
configurada en los últimos años requiere de
medidas legales y administrativas que no admiten demora. Tanto
para perfeccionar sus dimensiones positivas como para corregir
sus aspectos negativos. El retraso en adoptarlas no puede
sino perjudicar. Sólo si el aparato estatal adquiere
un carácter popular, podrá evitarse su progresiva
inadecuación al Chile real, desajuste que está
estimulando muchos de los conflictos políticos y económicos.
Un año después, no
cabe sino reiterar con mayor apremio lo que manifestara al
iniciarse la anterior legislatura: "Todo un sistema normativo
debe ser modificado y un conjunto de medidas administrativas
ser puesto en práctica para ordenar las nuevas necesidades.
El sistema bancario, el financiero, el régimen laboral,
el de seguridad social, la administración regional,
provincial, municipal y comercial, los sistemas de salud y
educacionales, la legislación agraria e industrial,
el sistema de planificación, la misma estructura administrativa
del Estado, la propia Constitución Política,
no se corresponden ya con las exigencias que los cambios instaurados
están planteando. Este programa que interesa y pertenece
al pueblo entero, debe ser discutido por él, para luego
adquirir validez jurídica".
Hoy reitero una vez más que
no vemos el cambio de la revolución chilena en la quiebra
violenta del aparato estatal. Pero la legislación vigente
constituye un confuso e inarmónico sistema de normas,
que carece de las condiciones necesarias para adaptarse a
las nuevas circunstancias.
Chile requiere una legislación
sencilla, clara, flexible y sistemática. Sólo
derogando parte considerable de los actuales preceptos, refundiendo
otros y dictando nuevos, podrá que el sistema legislativo
exprese una organización igualitaria, justa y fluída,
que procure la resolución de las actuales contradicciones
sociales.
Tarea difícil, imposible de
abordar de una sola vez o en plazo breve, sino progresivamente
y con la decidida voluntad de reemplazar la legislación
actual, ajena a la realidad que pretende regir. De este nuevo
Congreso dependerá, en gran medida, la forma como se
realice. Se requiere que tengamos conciencia de la necesidad
de dar al país una nueva Constitución Política
y las leyes que se precisan.
El Gobierno ha elaborado un anteproyecto
de Carta Fundamental que será sometido a una amplísima
discusión nacional en todos los niveles para recoger
las críticas y sugerencias antes de su envío
al Congreso. Mencionaré ahora sólo algunos de
sus aspectos relevantes.
a. Democratización del aparato
judicial y previsiones contra el burocratismo
La administración de Justicia
debe ser democratizada en la generación de sus órganos
supremos y alcanzar a los problemas de convivencia del pueblo.
También requiere ser modernizada. Es necesario crear
los Tribunales de lo Contencioso-Administrativos, con la función
de juzgar las causas que se produzcan entre las autoridades
administrativas y los funcionarios o los particulares. Por
otra parte, el respeto a la Constitución y el fortalecimiento
del principio de la legalidad aconsejan ampliar las facultades
del Tribunal Constitucional, asignándole atribuciones
para conocer de las contiendas de competencia entre las autoridades
político-administrativas y los Tribunales de Justicia,
así como del recurso de inaplicabilidad de la ley por
inconstitucionalidad.
El incremento de las funciones que
debe asumir el Estado aumenta el peligro de mayor burocratismo
y exige instrumentos jurídicos capaces de conjurarlo
a tiempo. El riesgo de que el funcionario pueda desvirtuar
su tarea al servicio de la comunidad, subordinarla a los intereses
de grupos o, lo que es peor, de su propio beneficio, obliga
a adoptar un régimen adecuado para fiscalizar la actuación
de los servidores públicos, para sancionarlos en caso
de transgredir sus deberes y evitar que el desempeño
de éstos pueda transformarse, en algún momento,
en fuente de enriquecimiento ilícito.
La Procuraduría General de
la Nación, desde el más alto rango institucional,
velará por el cumplimiento de la legalidad y el correcto
desempeño de las funciones públicas, a iniciativa
propia o a requerimiento de los interesados.
b. Ampliación de los derechos
y deberes.
Los derechos y garantías que
la Constitución consagra deben ser ampliados y establecerse
otros que reconozcan a todos libertad, propiedad personal
y condiciones favorables al desarrollo integral de su personalidad.
Debe protegerse más estrictamente la dignidad, reputación
y honra de las personas, así como ampararse la privacidad,
la vida íntima y el hogar.
Un campo totalmente nuevo para nuestro
sistema jurídico debe ser abordado: el de los deberes.
Hay que establecer la obligación social de trabajar
de acuerdo con las propia capacidad. Nadie puede reclamar
los beneficios de la vida social si no rinde según
sus posibilidades una labor que signifique un aporte material,
científico o cultural a la comunidad. La participaciónactiva
en el desarrollo social tiene que ser una obligación
de toda persona. Deberá también imponerse el
resguardo y protección de la propiedad social y del
Estado.
Nuestras normas jurídicas
no pueden seguir siendo bastiones que fomenten el individualismo
y conduzcan a la exaltación egoísta de lo que
al hombre aislado le importe, sino que deben impulsar a los
ciudadanos a la solidaridad con los demás y a colaborar
en las obras de interés colectivo.
c. Democratización de la administración
territorial
La participación directa del
pueblo en el poder de decisión debe manifestarse, de
modo prevalente, en sus propios lugares de residencia donde
la persona desarrolla la mayor parte de sus actividades como
ser social miembro de un grupo. La democracia es tanto más
autentica cuanto más inmediato es su directo ejercicio.
Por eso se impone una reconsideración profunda del
régimen comunal.
A la institución tradicional
del Municipio se deben agregar las organizaciones que mejor
puedan contribuir a que el pueblo asuma directamente la gestión
de sus asuntos. De ahí que concibamos, junto a las
instituciones comunitariasy sindicales actualmente existentes,
la creación de un nuevo centro de organización,
los Comandos Comunales.
Formados por representantes elegidos
por las organizaciones comunitarias y de trabajadores, deben
ser los exponentes -ante el Municipio de cuyo territorio forman
parte-, de sus necesidades y problemas, constituyendo el núcleo
de base de la gran pirámide de la planificación,
animada por la presencia auténtica y democrática
del pueblo. En colaboración con los servicios públicos,
los Comandos Comunales deben ser organismos capaces de hacer
posible el control popular sobre las instituciones administratuivas,
contribuyendo a combatir el lastre burocrático.
Los mismos principios organizativos
de participación popular tienen que ser puestos en
práctica a nivel de la provincia y de la región,
de modo que asocien y coordinen la acción de los servicios
del Estado, de los Municipios, de las organizaciones populares
y de trabajadores. Las iniciativas adoptadas en este sentido
por el Gobierno, son el comienzo de un largo camino por recorrer.
La división administrativa
territorial, cuyas raíces se encuentran en el siglo
pasado, pide una profunda modernización. La región
debe ser la unidad económica que posibilite la formulación
y aplicación de los planes y programas de desarrollo.
Hay que dotarla con los mecanismos adecuados, así como
del nexo más eficaz con la administración del
Estado.
d. Democratización de la seguridad
social.
Desarrollo cultural y tecnológico
En otro orden de materias, el sistema
de seguridad social necesita ser realmente democrático.
A iguales condiciones prestará los mismos servicios
y establecerá los mismos derechos para todas las personas,
independientemente de su empleo o renta.
Nuestro país ha entrado en
el ciclo histórico del cambio radical de los valores
de la conciencia y percepción que un pueblo tiene de
sí mismo. Nuevas pautas de vida, actitud y comportamiento
empiezan a configurarse. Así, por ejemplo, el trabajo
voluntario ha movilizado a más de dos millones de compatriotas,
jóvenes y adultos de todas las ideologías y
creencias, autoridades, parlamentarios, militares, eclesiásticos,
etc. en torno del propósito de constribuir espontáneamente
a la gran tarea constructiva nacional.
Por otro lado, el progreso de la
revolución y el cambio de la estructura económica,
exige que reconozcamos a la ciencia y tecnología el
superior rol que tiene, en particular para la construcción
de una economía socialista, no menor que la conquista
del poder por los trabajadores.
Desarrollo científico y técnico
que concebimos vinculado al pueblo, y no al margen de él.
Por eso, es imperiosa la reforma de la educación, para
asegurar el mejoramiento de la capacidad cultural y científica
de nuestros compatriotas.
Las autoridades de la enseñanza
propusieron un sistema educacional armónico que fue
presentado como la Escuela Nacional Unificada. No se trata
de un salto en el complejo proceso del desarrollo educacional,
sino de un paso adelante, pero resuelto, en su evolución.
Se consideraron para su formulación
los antecedentes históricos, con el propósito
de dar al cambio un entroncamiento con el desarrollo educacional
de Chile. Se persigue una educación integradora, nacional
-sin que esa definición represente un aislamiento cultural-
sino dar vigor a la personalidad propia de la Nación.
Hay un tercer propósito: el
afán de dar educación permanente a los ciudadanos,
ya que el acelerado desarrollo de la ciencia y la tecnología
exigen que ella sea ininterrumpida.
Los propósitos de la Escuela
Nacional Unificada fueron distorsionados por algunos y objetados
por otros con razones respetables. Ante estas últimas,
el Gobierno adoptó la decisión de postergar
su implantación a fin de asegurar el diálogo
al cual siempre está abierto.
Es necesario, también, prestar
mayor atención a las condiciones de trabajo de nuestros
técnicos y profesionales, para estimularles a aportar
sus conocimientos al progreso del país.
Chile necesita la contribución
de toda la capacidad creadora de sus hombres y mujeres. Debemos
esforzarnos en contrarrestar los efectos negativos que para
nosotros tiene, al igual que para el resto del Tercer Mundo,
la denominada "fuga de cerebros", una de las más
gravosas cargas que las naciones hegemónicas imponen.
He aquí sucintamente expuestos,
algunos de los cambios más urgentes del sistema institucional.
Como ya dijimos, ellos deben encontrar su culminación
en una nueva Constitución, sin que el orden jurídico
experimente solución de continuidad. Las bases de la
nueva institucionalidad emanarán de la experiencia
colectiva y tendrán que ser discutidas directamente
por todo el pueblo. La eficacia del aparato estatal, la democratización
del poder político y económico, el desarrollo
acelerado de nuestro país, dependen en buena medida
de su oportuno establecimiento.
Así es como el Gobierno define
su posición frente a quienes buscan la quiebra del
sistema democrático mediante el bloqueo del Ejecutivo
o el aniquilamiento del aparato del Estado.
EL PAPEL DE LAS FUERZAS ARMADAS Y
DE ORDEN
En una sociedad moderna, como la
concebimos, las Fuerzas Armadas deben estar integradas plenamente.
Deseo expresar la stisfacción del país por su
desempeño, al igual que el de Carabineros e Investigaciones,
en el cumplimiento de sus patrióticas tareas.
Las primeras, además de cumplir
su rol habitual, integraron junto a los representantes de
los partidos populares y la Central Unica de Trabajadores
el Gabinete que designara para poner término al paro
subversivo de Octubre.
Un soldado de la República
-el Comandante en Jefe del Ejército, General Don Carlos
Prats González- en su calidad de Ministro del Interior,
asumió cuando me ausenté del país, la
Vicepresidencia de la Nación. La ciudadanía
ha sabido valorar su correcto y eficaz desempeño frente
a tan altas responsabilidades.
Ha sido preocupación permanente
del Gobierno impulsar y dar satisfacción a los planes
de desarrollo de las tres ramas de las Fuerzas Armadas para
afianzar, aún más, el estricto cumplimiento
de las tareas específicas que a ellas le encomienda
la Defensa Nacional. Es así como, durante el año
1972, se promulgaron leyes destinadas a aumentar las plantas
del Ejército y la Fuerza Aérea y se encuentra
sometido a la aprobación del Congreso un proyecto que
persigue el mismo fin para la Armada Nacional. A lo que debe
agregarse el apoyo económico para el mejoramiento y
ampliación de sus infraestructuras, así como
para la renovación del material bélico y logístico.
Todo ello está siendo cumplido
pese a las dificultades de diferente orden que han afectado
al país durante el año recién pasado
pues el Gobierno tiene clara conciencia de que los Institutos
armados, esencialmente profesionales y técnicos, deben
contar con los medios adecuados para cumplir con sus responsabilidades
en la Defensa Nacional.
Esta política será
continuada en respaldo del desarrollo económico, pues
la seguridad y el desarrollo exigen una conjugación
armónica cuyo desequilibrio sólo puede traer
consecuencias negativas para el país. Razón
por la cual el Gobierno ha puesto especial énfasis
en la participación de las Fuerzas Armadas en los programas
socio-económicos.
Quienes califican a esta participación
como acciones políticas partidistas no sólo
desconocen la posición institucional de las Fuerzas
Armadas sino que les niegan el derecho a conocer íntegramente
el país y sus problemas, imprescindible para la planificación
de la Defensa Nacional. El Gobierno continuará impulsando
esta participación, que permite a Chile contar con
un potencial humano de alta preparación moral e intelectual.
Al Consejo Superior de Seguridad
Nacional (CONSUSENA), le dotaremos de una estructura más
ágil y expedita, que permita una coordinación
fácil y permanente de sus actividades al servicio de
la Seguridad Nacional.
EL PROYECTO POLITICO DEL GOBIERNO
Ciudadanos parlamentarios:
En este momento, más que en otros, es imperioso mostrar
claramente ante el país hacia donde se dirige la acción
tansformadora del Gobierno Popular. Establecer un orden social
que abra rutas al socialismo es la misión que se nos
encomendó en 1970, y fue ratificada después.
En el actual punto de desarrollo del proceso revolucionario,
estamos obligados a precisar, hasta donde los factores existentes
lo permiten, algunas manifestaciones del contenido social,
económico y político del período de transición
por el que avanzamos.
Nuestro objetivo inmediato es organizar
los elementos de la realidad presente sobre los cuales deberán
apoyarse las etapas posteriores de construcción de
una nueva sociedad, en la que los trabajadores asuman la plenitud
del poder económico y político. Ello exige ordenar
la actividad económica de modo tal que se puedan aprovechar
las grandes potencialidades que han creado los cambios estructurales.
La eliminación del latifundio, de los monopolios financieros
y de gran parte de los industriales, ha franqueado el camino
a una mayor racionalización de la economía nacional.
Se trata, ahora, de tener la energía y claridad necesarias
para establecer la planificación que, encauzando la
iniciativa y responsabilidad de los trabajadores, imponga
por sobre las fuerzas capitalistas.
La reacción advierte nítidamente
su fracaso político. Busca provocar el desorden económico.
Sabe que una crisis económica generaría una
crisis política, creando condiciones para que el fascismo
adquiera dimensiones de masas. Como Presidente, impondré
el orden económico y el orden político. Como
revolucionario, combatiré el desarrollo del fascismo
en cualesquiera de sus formas: económicas, políticas,
ideológicas o terroristas.
Nuestro éxito en vencer a
los partidarios del caos será el éxito de Chile.
La derrota de aquellos afianza el desarrollo de una democracia
activa y pluralista. Soy enfático en subrayar que las
libertades políticas de la oposición democrática
deben ser efectivas. Así he concebido siempre la evolución
hacia el socialismo en nuestro país.
Los chilenos tenemos que estar muy
conscientes de que las libertades pluralistas dependen de
nuestra capacidad para impedir el caos económico y
político.
Como Presidente llamo a todos los
ciudadanos democráticos y patriotas a participar de
esta empresa.
Mientras más vigorosa y auténtica
sea la democracia, más efectiva y real será
la participación masiva de la ciudadanía en
la nueva sociedad. La participación no es una dádiva.
Es un derecho. Ha sido conquistado tras el esfuerzo y sacrificio
de muchas generaciones. La participación, en el proceso
de transición al socialismo es una necesidad material.
Condenamos con vigor el enorme daño que el sectarismo
y la intolerancia están provocando en nuestro proceso
revolucionario. Frente al imperialismo y la reacción
no caben incomprensiones ni divisiones por móviles
partidistas.
El debate ideológico en el
seno de los trabajadores es anterior a este Gobierno y perdurará
después de él. No puede debilitar la unidad
en torno a los superiores intereses de clase. La lucha entre
los demócratas partidarios del Gobierno y de la oposición
no puede llegar hasta facilitar la tarea de quienes quieren
imponer el fascismo.
Para sentar las bases de la nueva
estructura económica y del Estado Popular, el Gobierno
cuenta con el impulso que le proporciona la fuerza social
de los trabajadores. Ellos, dentro o fuera de la Unidad Popular,
se esfuerzan y sacrifican por acabar con el sistema capitalista.
Corriente profunda que, más allá de las discrepancias
ideológicas, hace converger hoy a la mayoría
de nuestros compatriotas.
Ante la realidad revolucionaria,
el Congreso puede organizar una mayoría que ponga sus
competencias al sefrvicio de la reordenación del sistema
económico-político. No debe preservar las viejas
estructuras. Gobierno y Congreso podrán coincidir en
el diálogo crítico acerca de nuestras necesidades
más imperiosas. De no ser así, las presentes
contradicciones del régimen institucional se harán
más agudas.
El Gobierno Popular apela a la conciencia
y sentido de clase de todos los trabajadores. Sus logros sociales,
sus libertades políticas, sus organizaciones, su poder
para desafiar a la fuerza del capitalismo nacional e imperialista,
su capacidad para edificar la nueva sociedad, son grandes
instrumentos. La reacción nacional e internacional
pueden destruírlos. Pretenden arrasar las conquistas
de los trabajadores. Ante una amenaza tan real y presente,
los trabajadores no permitirán que se les use. Sus
reivindicaciones económicas no pueden ser utilizadas
por la burguesía contra el Gobierno y el proceso revolucionario.
La disciplina social y el esfuerzo consciente deben marcar
la ruta del trabajo. Chile exige mayor producción,
mayor productividad.
Los anhelos, la capacidad creadora,
el talento artístico, la voluntad revolucionaria, la
vivencia del propio paisaje, se vierten en el crisol de la
Patria.
En ese gran crisol se funden la entrega
y el anhelo del joven, la mujer y el hombre. En sus brazos,
los brazos del pueblo, está Chile y su futuro.
VENCEREMOS
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