El
antropólogo René Girard plantea una tesis polémica y escalofriante:
la violencia constituye uno de los elementos fundadores en torno a los que se
construye sociedad. Toda cultura y sociedad se funda en torno a un violento sacrificio.
Según este autor lo que diferencia a una cultura de otra no es la ausencia
de violencia, sino los rituales que elabora para mediar y contener la violencia
sacrificial de forma de que esta no contagie a la comunidad y amenace con poner
en peligro el orden social. Batalla Real
es un relato fílmico que en el transcurso de su narración va develando
con brutal trasparencia las violencias cotidianas que forman parte de la tensionada
vida de los jóvenes al interior de la cultura japonesa contemporánea.
El director Kinji Fukasaku nos muestra como la sociedad japonesa futura enfrenta
la revuelta de jóvenes secundarios, que se levantan contra sus profesores
y el rígido sistema educativo. La respuesta del gobierno y el ejército
es un ritual macabro que relee y maquilla la tesis del sacrificio que nos planteara
Girard, actualizándola en términos de los códigos posmodernos
que privilegian el consumo de la violencia como espectáculo. A través
de un juego de muerte, un curso de jóvenes secundarios, elegido al azar,
es llevado a una isla desierta y obligado a combatir en una "batalla real"
que los enfrenta a unos contra otros. Sólo uno puede sobrevivir y ganar,
y para ganar debe asesinar al resto de sus compañeros. Para asegurar su
"eficacia simbólica", el juego es re-transmitido a todos los
japoneses a través de un reality-show televisivo. |
| La
cultura japonesa tradicionalmente se caracterizó por tener una rígida
estructura social en donde cada individuo tenía que ocupar el lugar que
se merecía en la sociedad restringiendo sus roles sociales dentro de la
estructura. En el caso de los jóvenes está particular jerarquía
exigía la sumisión del joven al adulto, y la identificación
de este con una cultura del trabajo, donde el trabajador daba todo, primero por
el emperador, hoy por la empresa. En la película se muestra la sociedad
que no sólo Japón sino que la "cultura global capitalista"
ofrece a sus "nuevos ciudadanos". En sus imágenes reconocemos
una situación sin salidas colectivas, la precariedad o ausencia de vínculos
colectivos hacen que la única solución para sobrevivir sea la individual,
ese correr fugitivo sin mirar hacia atrás que nos propone la pareja de
jóvenes que sobreviven la batalla. Las violentas
escenas de Batalla Real nos conmueven y no nos dejan indiferentes, porque rompen
con la estructura de ocultamiento de las violencias reales y simbólicas
sobre las que se fundamenta nuestra sociedad. En Batalla Real desfilan violencias
cotidianas, que nos hacen reconocernos e identificarnos en la pantalla. La violencia
del sistema educativo que desencadena la violencia de los profesores a sus alumnos
y vicecersa. Recordemos cuantos casos de violencia se viven a diario tanto en
los liceos como en los colegios particulares. Por otro lado, como no entender
el desahogo colectivo de nuestros secundarios en el centro de Santiago. También
aparece la violencia laboral, en la imagen del padre de uno de los protagonistas,
que cesante que se suicida. Se trata de las violentas condiciones de vida que
se requieren para que funcionen"armónicamente" los mercados y
se "recupere la economía". Lo más terrible, es que todas
estas violencias, en nuestra vida cotidiana las silenciamos y acatamos como parte
de las "reglas del juego", no las sometemos al debate público
porque las consideramos parte de nuestro "mundo privado". Porque como
cultura nos molesta y escandaliza la violencia cuando se visibiliza. Estamos acostumbrados
a esconderla. a vestirla, a través de grandes relatos y pequeñas
anécdotas de nuestra historia nacional y personal. Nos desorienta cuando
aparece en su faceta menos épica (como la violencia intra-familiar y la
pedofilia) o muchas veces nos sorprende y nos deja sin entender lo que refleja
cuando aparece con toda su potencia simbólica, cuando un trabajador cesante
se inmola frente a la Moneda. Hoy en Chile somos
testigos de como nuestra sociedad construye sociedad a partir del sacrificio de
esos "otros" que son los jóvenes. al construirlos como enemigos,
delincuentes, potenciales desestabilizadores del sistema en la "guerra por
la paz ciudadana". Hoy Batalla Real se llama Seguridad Ciudadana. La articulación
de intereses privados con políticas gubernamentales ( como la política
de "guerra contra las drogas"), junto con el poder de los medios, someten
a una batalla tan real como desigual a los jóvenes populares y a los que
no cumplen el modelo de comportamiento que "la sociedad" desea para
"sus jóvenes". En síntesis, el gran valor de Batalla
Real está en su capacidad de lectura que no se consume en el ritual de
la violencia-espectáculo. Nos abre preguntas acerca de como nos relacionamos
como sociedad con nuestra propia dinámica de violencia. La pantalla nos
permite hacernos cargo del lenguaje de la violencia, reconocerla, conversarla,
expiarla. Cumple la función ritual que no hace nuestra "cultura mediática",
nuestros medios, diarios y programas de televisión, que no generan contextos
de lectura sino que banalizan su presencia como algo que forma parte de nuestra
rutina diaria. "Corre!!" |
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