Otra cuestión muy distinta es terminar con el voto obligatorio e introducir el voluntario para promover la participación. Este no es un cambio cualquiera, que se pueda aprobar sin antes hacer una deliberación detenida sobre sus alcances, que demuestre, con claridad y no con simples argumentos conceptuales o teóricos, que es una medida que perfecciona la participación, es decir, si se trata de un remedio que sana al enfermo o, por el contrario, no tiene efectos en su salud e incluso, la empeora.
Estas preguntas se deben responder porque en las políticas públicas no sólo hay que considerar los efectos directos y buscados -vota el que quiere-, sino también los no buscados -consecuencias en la participación, en la legitimidad de la democracia y el mensaje que se da a los ciudadanos en términos de fortalecer "los derechos" que se pueden renunciar.
Carlos Huneeus
Director Ejecutivo, Corporación CERC
Atreverse a incorporar un nuevo universo electoral
Poder demostrar que en la mayoría de los actos cotidianos hay un acto de carácter político o existen elementos políticos involucrados, es uno de los desafíos de nuestra sociedad. Paralelamente, que la sociedad entienda -y especialmente los jóvenes- que votar es una de las maneras de poder provocar los cambios que demanda la sociedad, es otro de los desafíos que enfrentamos.
Pedro Mujica, abogado de la Corporación Participa
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La posibilidad de acceder a la inscripción automática y al voto voluntario, ha generado preocupación en sectores de la política acerca del grado de beneficio que esto traería para el fortalecimiento institucional - democrático y el perfeccionamiento de la participación Ciudadana.
El NO a esta posibilidad de voto voluntario, se fundamenta (en términos muy genéricos por cierto) en una centralidad básica; El principio jurídico de legitimidad del sistema democrático, basado en la relación de derechos y obligaciones en el seno de la comunidad . Al señalar la propuesta de inscripción automática - voto voluntario, se estaría incurriendo en el supuesto error de provocar la disolución de este binomio jurídico (derecho - obligación), alterando en consecuencia, uno de los principios elementales para la consecución del bien común; El desarrollo lógico que sigue a esta operatoria argumentativa, es el temor por el supuesto abandono de la observancia hacia el bien comunitario y el advenimiento de un imperio de individualismo privativo y ajeno a toda responsabilidad pública por parte de los ciudadanos liberados de tal obligación.
Estamos en presencia pues, no sólo de una remitencia a la base jurídico - contractual tradicional de la cuestión democrática, sino también ante una particular comprensión y aprehensión funcional - sistémica de esta, para concebir adecuada y responsablemente las categorías de ciudadanía y ciudadano, deberíamos entonces centrar nuestro interés y preocupación en el sufragio como atributo fundamental inherente a estas.
El sufragio es relevante y primordial en la democracia, que duda cabe de aquello, pero bajo este aparato argumentativo subyace también en forma disimulada, una epistemia un tanto estática, inmutable y abstracta acerca del fenómeno democrático, desatendiendo los aspectos relativos a las complejidades sociales que rodean a este problema.
¿Cuan relevante es el significado tradicional de ciudadano y ciudadanía hoy en día?, ¿Existe una Ciudadanía o "muchas otras" Ciudadanías más.
ESTADO, DEMOCRACIA Y SOCIEDAD CIVIL; DISTANCIA Y DIVERGENCIA
El desarrollo de nuestro actual sistema político - democrático no escapa al momento Histórico en el cual se ha gestado y consolidado, surge bajo la necesidad de la "estabilización" en el contexto de los años noventa post régimen autoritario, la estabilidad y morigeración de las prácticas políticas, han sido entonces su principal virtud y atributo. Junto con asentar su legitimidad y necesidad, persiguió también desplegar, un proceso de modernización durante este período bajo el signo de la irrupción de la ola globalizadora y la consolidación del capitalismo de mercado, situación que condicionó importantemente el desarrollo del sistema liberal democrático anunciado con el cambio de régimen.
Al consolidarse la matriz socio - política neoliberal en la década, se dio inicio también a un proceso de fosilización de las prácticas políticas y a un profundo alejamiento de la sociedad civil para con el cauce institucional de estas, la participación e integración de la ciudadanía se vio limitada al acto "formal" del voto en la contienda electoralista; La apatía y marginación Ciudadana de la polémica, la inhibición de diversos actores sociales con sus demandas y reivindicaciones, constituyeron algunos de los rasgos más sobresalientes en la nueva relación forjada en los noventa entre la nueva institucionalidad política, el carácter del estado y la sociedad civil.
La electoralización de la participación ciudadana ha propiciado desde entonces, un creciente y paulatino sentido común antipolítico; Este sentido común, puede ser indiscutidamente visto como el efecto de la precarización de la cultura cívica en nuestra sociedad , no obstante aquello, puede significar también un hecho sintomático de disconformidad, rechazo y alternatividad en la sociedad civil, ante el pauteo y el monolítismo impuesto desde los límites institucionales vigentes, para la integración de esta al debate de la cuestión política en el nuevo espacio público de los noventa y en adelante.
Consideramos pertinente analizar si acaso la mantención de la obligatoriedad funcional del sufragio, puede por si sola, subsanar el vacío de participación existente hoy en día y resolver la bajísima intensidad que posee nuestra actual democracia.
RESIGNIFICACIÓN DE LA CIUDADANIA Y DEL CIUDADANO
Vivimos en un tiempo postrero al que existía bajo el dominio del habla Republicana, si hay algo que caracterizó el período bajo el dominio de este modo societal, fue precisamente el sentido de pertenencia a una polis como esta y un habla común; El relato Republicano ofrecía un cuerpo de ideas fundamentales y fundacionales, que otorgaban coherencia al proyecto de Estado Nacional y a las instituciones de la vida social que actuaban al amparo de este (educación, familia, etc.); El sujeto - ciudadano y el ejercicio de la ciudadanía (al menos en la formalidad) eran entonces plenamente correspondientes a esta voz común, la participación e integración en la sociedad política, respondían a un discurso y a un relato señalado por un elevado sentido de lo público en este contexto, el ejercicio de la ciudadanía poseía entonces una altísima centralidad dirigida hacia los términos del sufragio y un elevado rango de valor asignado a este.
El cambio epocal y el advenimiento de la matriz socio - política neoliberal, trajeron consigo también la atomización de la sociedad y la disolución del proyecto Nacional que caracterizó el período anterior; la exaltación de un ethos individualista al amparo de la formación de la sociedad de alto consumo y la mercantilización de diversos aspectos de la vida social, fueron las principales consecuencias generadas por este proceso, situación que afectó inevitablemente el alcance integrador y universalizante que tradicionalmente fuera asignada a la práctica política.
A la instalación de una ciudadanía de consumidores, se sucede también la fragmentación, dispersión y descontextualización de la voz Republicana, las instituciones inspiradas en este ideal, particularmente las políticas, dejan de contener un valor único y central en la experiencia democrática, su presencia comienza a situarse en el plano de la formalidad y la ritualidad; el sufragio (universal para ser precisos), al ser despojado de su significación y coherencia anteriores, deja entonces de constituirse como instrumento generador de sentidos de integración, participación, alto interés cívico u obligación para con el bien común.
Podríamos pensar entonces, con toda lógica, que frente al estado de naturalismo regresivo al que pareciésemos asistir, los ciudadanos deliberantes y la ciudadanía activa han dejado de existir y que el sujeto propio de la cuestión pública, ha desaparecido en medio de las multitudes que asisten a los espacios de consumo y cultura serial, despreocupado e inconsciente de sus obligaciones y que, el único sostén existente ante el exiguo margen de funcionamiento del interés público, sería entonces el devoto peregrinar hacia las urnas para renovar el ciclo institucional inaugurado con la llegada de la democracia y de la prosperidad de hoy, todo lo contrario.
La amenaza que pesa sobre la construcción de lo público existe, es palpable; la perspectiva funcional de la democracia constituya tal vez hoy, la única providencia de mediación para la resolución del conflicto suscitado a causa de la amplia y compleja diversidad de demandas de la sociedad imputadas al sistema, la democracia representativa y por ende el acto del sufragio, sean quizás la única sistematicidad posible de ser llevada a cabo hoy en día, para lograr mínimamente las proporciones del bien colectivo, frente a una sociedad como la nuestra, cuya naturaleza y valores están señalados por los patrones anteriormente descritos.
No obstante aquello, otra cosa muy distinta es reducir y subyugar la presencia del sujeto - ciudadano y del ejercicio de la ciudadanía al estrecho significado de la participación electoralista, la sociedad de hoy de un modo o de otro, bajo formas profundamente construidas o simplemente bajo las más inesperadas espontaneidades, ejerce tensión y presión sobre las estructuras y las nociones tradicionales de la participación y sobre el sistema político - social imperante, el ciudadano y la ciudadanía aparecen como conceptos sometidos a actos resignificadores en forma permanente y bajo distintas orientaciones.
Hoy en día los ciudadanos y las ciudadanías, se constituyen cada vez con más fuerza y legitimidad, sobre la base de mini relatos centrados en la especificidad de los problemas y las demandas locales, sobre las condiciones concretas inherentes a la calidad de vida, y particularmente sobre espacios y situaciones identitarias más próximas a la experiencia individual y subjetiva; El acto de responsabilidad para con el bien común y el sentido de compromiso con lo que podría definirse como lo "público" , encuentran residencia en este tipo de espacios micro - políticos y micro - democráticos , más allá de la homogeneidad aparente, la cuestión del diálogo político o la interacción con el estado de lo de lo público, aparecen manifiestos bajo distintas modos de cotidianización ; En el contexto actual entonces, la obligatoriedad del sufragio contribuye únicamente a alimentar las propiedades formales, funcionales y maquinales del sistema electoral, la ciudadanía vista de esta forma, se convierte entonces en una simple voz uniformadora incapaz de expresar las profundidades e irregularidades de sus sentidos actuales.
Nuevos grupos y nuevas colectividades, surgidos desde distintas perspectivas de género, generacionales, étnicas, culturales y desde diversas identidades, prácticas y roles, emergen hoy como actores y sujetos protagónicos de la dinámica social en nuestros días, aspirando a la transformación cultural y a la participación en la sociedad política, desde distintos espacios de autonomía relativa respecto del sistema en general y en particular de la formalidad electoral, debido en gran medida a que las instituciones y el discurso mediador del estado en lo político - público demuestran carencias de sentido en sus usos. En vez de la obligatoriedad, la sociedad inspirada en el ideario democrático deberá entonces ser capaz de fundar un nuevo régimen de integración y competencia, que logre legitimidad a partir del estímulo y promoción de la participación de la diversidad de ciudadanías existentes.
VOTO OBLIGATORIO, CONCENTRACIÓN DEL PODER Y MODELO NEOLIBERAL
¿Las ciudadanías renuncian a algún derecho al acceder a la voluntariedad del sufragio?, ¿Renunciarán acaso a los asuntos de la política Nacional entregando el poder decisional sólo a minorías y élites informadas y privilegiadas?, Son preguntas e interrogantes que ya poseen una respuesta a priori por parte de quienes defienden la obligatoriedad del voto; el voto voluntario generaría supuestamente el riesgo de que el poder de decisión democrático se convierta en un uso y un dominio exclusivo de minorías.
Sin embargo una simple pero muy importante pregunta antecede a estas conclusiones, ¿vivimos acaso en una sociedad dominada en plenitud por los usos y modos democráticos? ; La respuesta pareciera ser más bien negativa a este respecto, si existe hoy derecho atingente al desarrollo de la democracia implícito en la obligatoriedad del sufragio, este no parece expresarse en plenitud frente al modo como se constituye y expresa la democracia como sistema, pese a la obligatoriedad del voto, las decisiones sobre el interés común y la política se encuentran de antemano bajo la tutela y el resguardo de ciertas minorías, ¿a qué clase derecho se renuncia en estas condiciones entonces? .
Durante el período de consolidación de la matriz neoliberal, se argüía un paradigma que en sus postulados representa muy vivazmente, la fe a ultranza depositada en la supuesta naturaleza democrática y democratizadora del proceso económico desregulado a extremos; se señaló durante un tiempo que, el libre mercado no podría continuar su proceso expansivo, sin que necesariamente surgiese la necesidad de rebasar los límites institucionales del autoritarismo que cobijó embrionariamente este tipo de sociedad y economía, el desarrollo económico neoliberal debía necesariamente configurar las condiciones para el advenimiento del régimen demo - liberal, y en la misma medida en que se profundizara el desarrollo intensivo - democrático de la sociedad, se profundizaría simultáneamente su desarrollo económico, la distribución de su producto y beneficios; A estas alturas hay que necesariamente constatar, si acaso las premisas de este planteo se han cumplido y si efectivamente asistimos hoy a instancias de distribución regular, no sólo del bienestar material sino también del poder y la democracia en nuestra sociedad; A nuestro juicio, hoy en día no se cumplen las promesas señaladas por estos preceptos; A la indesmentible concentración de la riqueza propia de nuestro orden económico y al régimen de desigualdad material inherente a ello, se sucede también ya la concentración del poder, la toma de decisiones y la desigualdad política entre ciudadanos.
El patrón restrictivo de nuestra democracia actual no sólo se expresa en el carácter del sistema y el orden político - institucional vigente, sino también en el discurso hegemónico que le domina; En nuestro sistema democrático priman los principios despolitizadores de la sociedad basados en, una profunda comprensión tecno - burocrática de la política y en la no - valoración significativa de la asociatividad como mecanismo primordial de construcción político - social, el discurso hegemónico imperante entonces bajo esta contexto, es el de la presencia única y total del modelo de desarrollo neoliberal y su absoluta invariabilidad.
¿El sufragio obligatorio es acaso una institución de precedente autoritario y antidemocrático?, Por cierto que en conformidad a la extracción jurídico - conceptual de sus fronteras no lo es, sin embargo hoy, en lo concerniente a la experiencia Histórico - social del problema, esta institución funciona más bien para legitimar y reafirmar en buena parte, a un régimen de competencia político - electoral dominado y hegemonizado por un consenso basado en un neoliberalismo unívoco que reproduce y acrecienta las desigualdades materiales y políticas entre ciudadanos, que no tolera ni admite ningún otro proyecto social discrepante o alternativo a este modelo único y que por consiguiente requiere de mediaciones funcionales para la concentración del poder inherente a él; la obligatoriedad de votar hoy en día no representa ni obedece entonces a ningún patrón poliárquico o expansivo de la democracia, al contrario, el modo actual de participación electoral no se centra en un régimen abierto de competencia política, el voto obligatorio no constituye un vehículo para la distribución regular de los recursos políticos y la dispersión del poder en la sociedad.
El desafío para la sociedad democrática del futuro consiste en convocar y encantar a los nuevos actores sociales y a los nuevos ciudadanos, a identificarse y representarse en una institucionalidad que sea la expresión de un régimen dinámico de competencia política en permanente profundización, expansión y apertura; el acto de votar, debe consistir en una verdadera y significativa adhesión voluntaria y tolerante a un proyecto político - social en competencia y de ninguna manera un acto compulsivo y coercitivo destinado a validar desde la formalidad un régimen basado en la supervivencia de un ideario único y absoluto, ese es el verdadero ejercicio de un derecho de orden político.