teoría y práctica de la conspiración
Por Mario Sobarzo
30 de Diciembre 2003

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El cerco se está cerrando progresivamente. Los poderes del estado, confabulados, han decidido destruir cualquier tipo de oposición ciudadana, y el primer paso incluye eliminar a los medios de comunicación independientes. Detrás de los pasos que han dado los partidos políticos representados en la Cámara de Diputados, y la Corte, no puede haber sólo una coincidencia.

 

El poder por primera vez se vio cuestionado desde el triunfo del No, y rápidamente tomó la iniciativa para atacar a los ciudadanos comunes y corrientes. La famosa democratización de Tironi, a través del acceso al consumo (que había incluido a los medios de comunicación) ha resultado ser más feble que nuestra democracia misma (bastante despreciable, por lo demás).

La situación no puede ser casual. El hecho que hayan sido fiscalizadas, por la opinión pública: la Aviación, la Iglesia (casos de pedofilia), los diputados (caso Coimas), el poder económico (caso Spiniak), la UDI (idem), el poder judicial (extorsión al juez Calvo), el Gobierno (caso Gate) y la educación pública (La Universidad de Chile a través del vínculo CIADE-Gate-MOP), ha desarrollado una verdadera paranoia en los poderosos. Ahora temen, pues deben haber muchas más cosas oscuras que se puedan saber de ellos. Y, sin embargo, aún cuando sólo hayan existido las que conocemos, es suficiente para preocuparse por la libertad de la República, amenazada por la dirección de una aristocracia corrupta, y a la vez temerosa.

No hay peor enemigo que aquel que se siente en peligro, pues sabe que de perder, no sólo perdería el poder, sino también su libertad.

Si lo pensamos bien cada sujeto e institución cuestionada se ve amenazado por algo cierto.

Reconocer que los diputados usan su poder para ayudar a privados, y que hasta reciben plata por esos servicios, es algo terrible. Lleva a desconfiar de la institución completa: una institución de la República, pagada por los ciudadanos, no puede ser una institución prestadora de servicios a privados.

Un ministerio usado para generar recursos para campañas y pagar favores políticos es inaceptable. Habla de un pésimo gobierno preocupado por ayudar a sus partidarios y a ellos mismos, pero no al que le interese prioritariamente la sociedad.

Un poder del estado en que algunos jueces usan los recursos de ese mismo estado (las oficinas) para recibir a sus amantes.

Un partido político que se empeña en probar que algunos de sus integrantes son inocentes, transgrediendo y desconfiando de un poder del estado, habla de una institución fuera de control.

El poder está amenazado. De no suprimirse los medios de comunicación independientes (no controlados por la Iglesia, los partidos políticos o el poder económico), corren peligro sus mundos corruptos. Y es tal el nivel de corrupción que incluso nos engañan haciendo aparecer la esclavitud como libertad. Así detrás de la supuesta defensa de los ciudadanos y de su vida privada se esconde la defensa de las prebendas del poder: el silencio acerca de sus faltas y crímenes. Sólo a alguien poderoso le puede preocupar que se cuente su vida, la gente común con suerte sale en la tele.

Los ídolos tienen los pies de barro. Aquellos que, supuestamente, iban a dirigir la vuelta a la democracia se quedaron con ella y no quieren soltarla.

Esto no quiere decir que se desconozca la ineptitud y falta de ética periodística que afectan a gran parte de la prensa (partiendo por la del corazón, pero llegando hasta a la más seria). No es lo mismo recoger rumores y convertirlos en noticia, que dar a conocer algo que se vuelve una persecución de fantasmas.

A Chilevisión le podrían haber tendido una trampa (podría serlo) y habría caído de lleno en ella, haciendo lo mismo que hizo. Pero eso sólo señala que el periodismo piensa poco en sus propios límites a la hora de aumentar las ganancias.

Por lo mismo es grave y peligroso liberar los medios al mercado. Los convierte en refractarios del poder. Un buen sistema de fiscalización se basa en el establecimiento de su control a través de una ley adecuada, no un pastiche hecho para proteger una asociación lícita, como la aprobada por la Cámara de Diputados para protegerse (entre otros) a sí misma.

El peligro de la vulneración de los derechos ciudadanos y la sospecha de tiranía en el horizonte, son tan alarmantes que de perder en Chile (ante los Tribunales de Justicia) sólo queda recurrir a la Corte Interamericana de Justicia. Demostrar que en la medida que los diputados y la Corte tienen intereses puestos en las leyes que crean e interpretan, no pueden ser aptos para crearlas ni aplicarlas. Este es un principio básico del derecho. Pero además está el agravante de que para proteger la honra de las personas con honra (qué casualidad: siempre ellos) han creado una ley que vulnera la libertad de información de todo el resto.

Es obvio que para la Corte, la vida privada, prime sobre la libertad de información, y sin embargo, no debería ser así: después de todo, para aplicar justicia es mejor saber lo más posible. Así como también es sorprendente que nadie se pregunte por la verdad de los hechos, sino sólo por su forma (que no transgreda la ley). Los jueces han olvidado que el objetivo de las leyes es ayudar a lograr justicia, no entorpecerla.

El peligro de una tiranía imposible de fiscalizar es tan grave que nos obliga a pensar, como el primer modo para alejar, siquiera, la posibilidad de esto. Una ciudadanía pensante y bien informada puede tener la seguridad de poseer su libertad. Ella es la que está en peligro con la nueva ley de prensa y el fallo de la Corte.

 

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