I
El rol de la mujer ha cambiado, lo "femenino" ha dejado de ser una cualidad pasiva, "lo femenino" esta cambiando. Y es que interesarse en el tema de la mujer inevitablemente trae como consecuencia entrar a definir la cualidad de lo femenino en nuestra sociedad. A partir de los resultados del estudio del Servicio nacional de la mujer (SERNAM, 2002) se aprecia que, si bien algunas dimensiones del orden tradicional de género son fuertemente cuestionadas, otras mantienen aún una vigencia considerable. En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres, son las mujeres quienes manifiestan actitudes más críticas al orden de género tradicional.
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Adhieren menos a las proposiciones tradicionales que afirman la base natural de las diferencias de conducta entre los sexos, subvaloran sus capacidades y relegan a la mujer a las tareas del hogar. Expresan en mayor medida que los hombres, actitudes que promueven el cambio en las relaciones de género. Muestran mayor adhesión a las proposiciones que afirman la igualdad de capacidades y competencias entre los sexos, expresan la necesidad de equiparar las oportunidades para que las mujeres puedan acceder a cargos públicos y directivos y cuestionan el modelo de familia tradicional. Sin embargo, al mismo tiempo (y quizas contradictoriamente) opinan en mayor grado que los varones, que el cuidado de los hijos enfermos es de su exclusiva responsabilidad.
II
Como cualidad biológica bien tipificada lo femenino está íntimamente relacionado con la función reproductora del ser humano y muy concretamente con la maternidad. Quizás se podría decir que la capacidad de concebir es la que por excelencia determina la existencia de lo femenino. Pero, ¿es esa cualidad biológica suficiente para conferir a la mujer características psicológicas tan claramente definidas como para permitir aseverar que la mujer, por ser tal, debe poseer cualidades especificas y adoptar conductas determinadas? "En esta sociedad se dice, y se ha perpetuado en sus más arraigados sistemas de creencias, que la mujer es un ser débil, emotivo, voluble, dependiente, sin iniciativa, sumiso, despilfarrador, educado y, más que esto, sofisticado, insincero.Interesada por la crianza de los hijos, a tal punto que se la tilda de regañona y fastidiosa. Y aún más, se espera de la mujer que pase sobre sus propios intereses y sea abnegada hasta el sacrificio o altruista hasta el olvido de su yo, cuando de educar los hijos se trata." (Montero, 1978) La explicación para este bien planificado complemento de roles se basaría, según sus defensores, en la función maternal de lo femenino. Ello equivaldría a dar un argumento biológico a un comportamiento social. Esta explicación también daría cuenta de porque la definición de lo femenino y lo masculino está determinada por la división del trabajo.
En las comunidades primitivas las necesidades de subsistencia obligaban al hombre y la mujer a trabajar juntos en la producción de los medios de supervivencia. Lo producido era lo necesario para el mantenimiento de su existencia; habia un balance que determina la igualdad de ambos. Las diversas tareas se realizaban en grupo y el producto de ellas era consumido en el mismo. Nancy Montero (1978) dice que " en tales agrupamientos humanos, las mujeres fueron las encargadas del ordeño, la preparación del suelo para la siembra, levantar y retirar refugios, criar animales, atender y cosechar cultivos, llevar bultos, hacer hogueras, recoger frutas y comestibles, conservar carnes y pescados, cocinar, transportar agua, moler el grano; Todas estas funciones relacionadas con la permanencia en el lugar de producción. Al hombre estaba ocupado en cazar, pescar, pastorear o elaborar trampas para animales. De esta división del trabajo deriva también la actividad manual de cada uno, y así se dan a la tarea de elaborar los instrumentos que faciliten sus labores ." Se podría deducir del relato de Montero que la división del trabajo en la comunidad primitiva no puede atribuirse a condiciones biológicas, tales como debilidad física de la mujer, puesto que la naturaleza de los trabajos realizados demuestra que no son actividades que no exijan destrezas físicas. Si algún hecho biológico esta relacionado con esta distribución del trabajo, no se refiere precisamente a incapacidad o debilidad física o a una condición de dependencia intelectual, sino que más bien pareciera estar vinculado a la maternidad. "Durante las fases avanzadas del embarazo los movimientos de la mujer se entorpecen y, por otra parte, el único medio de subsistencia de un recién nacido en tales comunidades, es el amamantamiento " (Montero, 1978). Parece así explicable la asignación a la mujer de labores que se realizar en un sitio fijo, aunque estas no fueron menos arduas.
Según un estudio realizado por el Sernam (2003), los niveles generales de participación en las responsabilidades familiares y domésticas siguen recayendo fuertemente en las mujeres. Las que se desempeñan exclusivamente como dueñas de casa destinan en promedio 6,5 horas diarias a dichas tareas. Las que trabajan pasan 7,2 horas al día fuera del hogar y dedican 2,6 horas en quehaceres domésticos. Muy distinta es la realidad del hombre, quien ocupa en promedio 8,59 horas diarias en el trabajo y sólo 0,71 a las labores hogareñas. El problema de fondo podría radicar en que la reproducción social no es considerada como una responsabilidad que atañe a toda la sociedad. Es una función que no ha sido despersonalizada de las mujeres y es la sociedad la que no se hace cargo del principal núcleo que la compone: la familia. Es decir, lo que en nuestro país no se ha internalizado todavía es que la maternidad es un papel y una responsabilidad social. O sea hombres y mujeres, en igualdad de condiciones, debieran hacerse cargo de la procreación, sus costos y necesidades. Es justamente por esta falta de conciencia social que las isapres y AFP s "castigan" con mayores precios en los valores de los planes a las mujeres. Con la excepción de Fonasa, todas las isapres diferencian sus planes de acuerdo al sexo y la edad de sus afiliados.
III
Las sociedades cambian y evolucionan. Ahora, las cualidades "femeninas", condicionadas en la mujer por la división del trabajo, no son indispensables para que esta cumpla sus funciones maternales porque entorpecen en cierta manera el ritmo del proceso productivo. Se requiere mayor dinamismo y aumento de la mano de obra y por tanto es necesario incorporar a la mujer a la producción directa y pedirle que abandone el hogar (sitio de reposición de la fuerza de trabajo), aun manteniendo las exigencias en cuanto a su función reproductora, lo cual, obviamente, duplica sus tareas. Cuando una mujer cría a sus hijos sin trabajar fuera de la casa pasa a ser "mantenida" por su marido. La calidad de mantenida es vista como un privilegio y no como lo que es en realidad: el pago a su función reproductora y trabajadora domestica; actividades que no se valorizan como trabajo, porque no generan dinero. Dice Hierro (1990) " la condición de "mantenida" hace que las mujeres no puedan considerarse como una clase socioeconómica. Su dependencia -económica- hace que, en general, la pertenecía a una clase socioeconómica sea tangencial, vicaria y temporal. Por lo tanto, si la mujer pierde la protección de su pareja, con frecuencia desciende de nivel económico dada su escasa capacidad productiva ". Tradicionalmente la maternidad se ha considerado como "el destino femenino"; tal hecho dificulta alcanzar una personalidad valiosa por medio de la realización de su trabajo fuera del hogar. De ahí que la identidad femenina se da con base en sus funciones de esposa y madre y, por lo tanto, dependa siempre de un hombre. "El resorte profundo de la inferiorización femenina se debe a que es ella la que procrea y, por ello, se le ha confinado -en forma compulsiva- a la maternidad, al cuidado infantil y al trabajo doméstico, todas estas funciones y tareas han sido menos valoradas socialmente". (Hierro, 1990) Es por eso que el trabajo es vivido en la mujer con gran culpa, y es que si no se cuenta con la ayuda de alguien, ya sea una suegra, tía, cuñada o nana, es muy difícil tomar la decisión de salir a trabajar. La mantención de estereotipos asignan a la mujer la crianza de los hijos y las tareas domésticas, y al hombre el rol de proveedor. En la escuela se les enseña distintos comportamientos a niños y niñas; y se les estimula habilidades asociadas tradicionalmente a lo masculino o a lo femenino.
Cuando se trata de elegir una carrera, queda clara la persistencia de patrones culturales tradicionales: las mujeres escogen preferentemente carreras que son una extensión de su rol materno y doméstico. Por otro lado, lo mas probable es que tengan que arreglárselas solas para cuidar los niños pues son muy pocas las empresas que se arriesgan a tener a más de 20 empleadas para no tener que asumir los costos de mantener una sala de cuna, como las obliga la ley. El problema es que el actual Código del Trabajo recarga el costo asociado a la maternidad exclusivamente a las mujeres. Y no se concibe que para que los hijos accedan a salas cunas y a un buen cuidado infantil son asuntos que competen tanto a las madres como a los padres, a empleadores y trabajadores. " La entrada masiva de las mujeres al mercado obrero y, gradualmente pero con gran impacto, a la esfera pública trajeron transformaciones significativas en la posición que ellas ocuparon en el seno de la familia y en la sociedad, principalmente con una militancia presente en los principales movimientos sociales del país en los años 80. Esta visibilidad cada vez mas grande exige reivindicaciones especificas -el derecho a la guardería infantil; escuela para los niños, aumento de la licencia de maternidad; modificaciones en el código civil, en el cual se alude a la administración del hogar- en el interior de un movimiento mas amplio que era el de redemocratización del país. " (Montecino, 1999)
El estereotipo sexual correspondería al contenido de una imagen anhelada, que no se basa en hechos reales, sino en "hechos sobrepasados, tipificados y cristalizados en la opinión y descansa en prejuicios enraizados y transmitidos de generación en generación" "Entendemos por estereotipo sexual el conjunto de características psicológicas que son atribuidas con mayor frecuencia a hombres o a mujeres, ya sean ellas virtudes o defectos." (Montero 1978) Pero hay algo importante que decir respecto a este punto; un individuo que responde a las exigencias de su estereotipo sexual puede ser socialmente aceptado pero ello no implicará una integración normal de su personalidad y por el contrario, aquel que se rebele contra las exigencias del mismo será visto como desviado, aun cuando su desviación se haga hacia la normalidad emocional. Si a esto le sumamos que la neurosis se define como: " un aprendizaje o condicionamiento patológico de la personalidad, de carácter crónico; estadísticamente anormal, generalizado, y en cuya estructura se destacan la ansiedad, los fenómenos psíquicos inconscientes y los mecanismos psicológicos de adaptación" (Maccoby, 1972) Podríamos pensar que, a grandes rasgos, la adopción de un rol femenino tal como esta planteado actualmente en nuestra sociedad no es sino una forma de amoldarse a un modelo neurótico de conducta, someterse a un condicionamiento patológico de la personalidad de carácter crónico, puesto que es tratar de adaptarse a requerimientos contradictorios que se nos plantean desde la infancia. Sumisa, débil y voluble, si se quiere ser "femenina"; fuerte, independiente y estable, si se quiere ser madre. La doble jornada de las mujeres no abandona la imagen impuesta de belleza, debilidad, comprensión, sacrificio, los cosméticos, los zapatos de tacón, el ser mujer para los hombres. Eso si, se puede agregar algo mas en relación a la definición de neurosis antes citada, no es estadísticamente anormal. Si existen mecanismos sociales condicionantes de la neurosis, esta debe ser, entonces, estadísticamente normal. Ser mujer en el sentido socialmente establecido actualmente en nuestra sociedad, significa ser neurótica, y ser neurótica significa no poder lograr a cabalidad la tarea de ser madre, y finalmente de ser mujer. Esta es la contradicción. Los estereotipos referentes al rol femenino se han ido sumando pero no por eso modificando, antes era una mujer encargada de los hijos y de la casa, y a este estereotipo se le suma el moderno; la mujer exitosa e independiente.
Según la psicoanalista Karen Horney (1968) Las neurosis son engendradas muy a menudo por las condiciones de cultura bajo las que vivimos, poniendo énfasis en que estas, en el caso de las personas enfermas son siempre conflictivas, contradictorias y difíciles. De hecho, Horney desarrolló un modelo para la comprensión de la estructura de la neurosis, en el que tomó en cuenta las condiciones adversas del entorno y especialmente de la familia en la creación de una "ansiedad básica", en donde nos defenderíamos de esta ansiedad mediante estrategias de defensa que adoptaríamos como deformaciones del carácter y nos llevarían a alinear nuestro verdadero yo en favor de un yo idealizado el cual se basa en lo que exige la sociedad. El yo ideal de la mujer esta basado, a grandes rasgos, en estereotipos surgidos socialmente y ejemplificados en la publicidad en donde nos muestran a la "mujer realizada o plena" que trabaja en forma eficiente fuera de casa, en el hogar atiende a su marido y cuida a sus hijos, y en "sus ratos libres" practica algún deporte para mantenerse delgada y va a la peluquería pues tiene una comida en la noche.
V
La mujer sigue con la responsabilidad de atender la casa y la familia. A nadie se le ocurre hoy plantearse el hecho de si es conveniente o no que la mujer trabaje. Algunas lo hacen por necesidad, otras por desarrollar sus intereses personales o profesionales. Pero mientras van adquiriendo nuevos roles, éstos se suman a los anteriores. La mujer pese a incorporarse al mercado de trabajo, debe mantener su presencia en el hogar y al mismo tiempo sus funciones tradicionales como responsable de la familia. Básicamente en el ámbito laboral asalariado la mujer busca igualar lo desigual, pero esto implica que la segunda jornada del ambiente laboral doméstico sea más intensa que cuando se es solamente ama de casa. Uno de los aspectos que mas afecta a las mujeres con doble jornada es el cuidado de los hijos y la atención al esposo, pues ellas buscan dar respuesta a las necesidades fisiológicas, afectivas y educativas de sus hijos; lo que conlleva un alto grado de responsabilidad y de atención que le disminuye las horas dedicadas al descanso. Pero, ¿Cuál puede ser la solución para dejar la doble jornada de la mujer y comenzar a compartir deberes en la pareja? La familia proporciona los roles adultos de referencia con los que poder identificarse. Estos roles generan expectativas sociales que el sujeto interioriza y que se convierten en anticipadoras del futuro adulto. " Los padres y madres, además de ocuparse de las necesidades materiales y afectivas de sus hijos, se encargan de la educación y formación de hábitos y roles, así como de la adquisición de normas de conducta. De ellos asimilan las pautas de comportamiento, los estereotipos y los valores de género. Hay autores/as que señalan que en la familia estos roles de género han cambiado y aunque siguen conservando ciertos atributos tradicionales, no existe una diferenciación tan clara entre el rol de la madre y del padre " (Ortega, 1996). Quizás un programa de Educación Sexual que se inicie desde la etapa preescolar debería influir en la formación de los estereotipos sexuales modificando su forma de desarrollo y alterando las cualidades atribuidas al mismo. Especialmente teniendo en cuenta que en el estudio "Hombres y mujeres: como ven hoy su rol en la sociedad y en la familia" (SERNAM, 2003) queda claro que la escolaridad influye significativamente en el nivel de adhesión hacia las dimensiones tradicionales del orden de género. Las proposiciones que enuncian la responsabilidad exclusiva de las actividades domésticas por parte de las mujeres y la subordinación de las mismas a las opiniones masculinas despiertan un nivel de aceptación mucho mayor en las mujeres con escolaridad básica que en las que tienen un nivel superior. Por su parte, los hombres que han cursado la educación superior expresan -en comparación a sus pares con menor nivel educacional- una mayor aceptación de la participación social y política de las mujeres y una menor exigencia de dedicación exclusiva a los roles de madre y esposa.
- CEPAL. Cinco estudios sobre la situación de la mujer en América latina . Ed. Publicaciones de las naciones unidas. Santiago, 1982.
- Horney, K. Psicología femenina . Ed. Psique. Buenos Aires, 1968.
- Hierro, G. Ética y Feminismo. Ed. UNAM. México, 1990.
- Maccoby, E. El desarrollo de las diferencias sexuales . Ed. Maroua. Madrid, 1972.
- Montecino, S., Obach, A. (Compiladoras) Género y Epistemología: Mujeres y Disciplinas . Ed. LOM ediciones. Santiago, 1999.
- Montero, N. Estereotipos sexuales, matrimonio, divorcio y salud mental. Ed. Facultad de humanidades y educación UCV. Venezuela, 1978.
- Ortega, F. Fundamentos de sociología . Ed. Síntesis. Madrid, 1996.
- Oxman, V., Galilea, S. (Compiladoras) Políticas de Igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el trabajo 1994-1999 . Ed. Servicio Nacional de la Mujer. Santiago, 1999.
- SERNAM. Hombres y mujeres: como ven hoy su rol en la sociedad y en la familia. Ed. Servicio Nacional de la Mujer. Dpto. Estudios y Estadísticas. Santiago, 2003
- SERNAM. Hablan las personas, situación de las mujeres en el mundo laboral. Ed. Servicio Nacional de la Mujer, Dpto. de Estudios y Estadísticas. Santiago, 2002.
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