"Los gringos son terriblemente
ignorantes", es una frase que han enunciado gran cantidad
de las personas que integran mi entorno más cercano
con respecto al nivel cultural de la población
estadounidense. Fortaleciendo sus argumentos me han señalado
como lumbreras de la filosofía, la historia y
la literatura alemana, inglesa y francesa (incluso orientales,
llámese China o india) son prácticamente
inexistentes en el país del norte. Como su música
(en este sentido por la juventud del país solo
podemos referirnos a moderna o contemporánea)
es claramente copia o "hija ilegítima" de las
destacadas expresiones inglesas en lo que respecta al
Rock y Pop. De la misma manera, se me ha señalado
como la música que podríamos llamar original
del país (convengamos Jazz o Hip-hop) tienen notorias
influencias negras, situación que en la que demuestran
aún más su ignorancia al no reconocer el
valor que la población de color tiene en la construcción
de sociedad en su país. Además hay que
señalar que su posición estratégica
como gran, en realidad como la máxima, potencia
mundial ciega la visión: autocrítica, de
otras realidades, o de superación personal más
allá de lo material, derivadas de la arrogancia
que su posición les proporciona y que anquilosa
aspiraciones más elevadas del espíritu.
|
. |
En mi opinión todo lo que me han señalado
es cierto. Así todo me veo en la obligación
de hacer ciertos matices con respecto a la literatura, ya
que siento que muchas veces una solidaridad latinoamericana
mal entendida nos lleva a mirar sesgadamente sólo
a las expresiones literarias que nacen en idioma español,
castellano o derivaciones lingüísticas propias
de los países de esta región del sur. Siento
realmente que muchas veces la realidad presentada en obras
de países hermanos presentan escenarios que no son
muy atingentes al chileno. Los contextos (incluso físicos),
las cosmovisiones de la población y de los personajes,
muchas veces no son compatibles o comparables con las de
nuestro país (estoy planteando una opinión
que no es jerárquica en el sentido de una superioridad
chilena con respecto a la realidad latinoamericana, sino
que meramente distinta, así mismo tampoco reflexiono
sobre la calidad de la literatura latinoamericana que es
en muchos, o los más, de los casos excelente en sus
forma, lenguaje, mensaje, intención, etc.). Y así,
en cambio, creo que hay una literatura, especialmente de
la nueva camada de escritores norteamericanos, que presenta
la realidad de su clase media de fines de los ochenta hasta
el presente que bien podríamos ojear, debido al boom
económico que experimentamos a mediados de los 90's,
y su posterior caída, creó una serie de formas
nuevas de relaciones sociales e individuales en nuestro país.
De esta manera un Ethan Canin, un Rick Moody, un Chuck Palahniuk,
nos plantean realidades y problemáticas similares
a las vividas por la sociedad e individuos chilenos.
Así todo y reafirmando el comentario que me han realizado
reiteradamente, y del que me he hecho parte, debo hacer mención
al libro del "estadounidense" Michael Moore "Estúpidos
hombres blancos" que se refiere entre otros tópicos
a las causas y las estadísticas presentes de la patente
ignorancia del pueblo norteamericano dando soluciones jocosas
al problema antes mencionado, además de realizar una ácida,
certera e hilarante crítica a aspectos centrales de
la estructura del país del norte en la actualidad.
Moore hace que exista esperanza de una criticidad que se
realice hacia un enfoque interno como país y que salga
de los cerrados cubículos intelectuales de las universidades "gringas" y
se posicione a través de la escritura bien realizada
en el ámbito del "mass media", a través de
los medios de distribución propios norteamericanos
(perdón Canadá y México, pero se me
acabaron las denominaciones para EE.UU.), a pesar de la censura
inicial derivada del atentado al World Trade Center y que
obviamente sirvió de acicate para transformar esta "joyita" en
best-sellers.
Si solamente leyéramos a Michael Moore, seguramente
nuestra percepción del grado de cultura de los estadounidenses
cambiaría, ya que en un dedo meñique de este
escritor (a la sazón también cineasta, incluso
director de escuela, cargo que ocupó ¡a los
18 años!) cabe la denuncia de nuestros Víctor
Gutiérrez, la polémica de Jorge González
o la agudeza de Alejandro Guillier. La valentía que
lleva a Moore a criticar directa y casi ofensivamente (ofensas
que humildemente comparto) a Bush con respecto a su llegada
al poder, a su nivel intelectual y a su nefasta gestión,
con respecto al funesto legado de Clinton, con respecto al
insaciable apetito de las empresas norteamericanas, en relación
a las causas de la pésima realidad educativa de EE.UU.,
en cuanto al racismo solapado y la discriminación
hacia la mujer, en cuanto a la destrucción sistemática
del entorno ecológico mundial, respecto a las leyes
de endurecimiento de penas como solución al problema
de la seguridad ciudadana, etc., es francamente admirable,
su trabajo nos hace transitar por los estados de perplejidad
y estupor ante lo descarnado de las realidades presentadas,
fundamentadas plenamente a través de citas de informes
oficiales, entrevistas, fuentes estadísticas, etc;
y al mismo tiempo nos provoca carcajadas ante la caricatura
que realiza de los culpables de todo lo anterior que claramente
identifica, y de los culpables por omisión que son
el resto de la población estadounidense. Pero las
pretensiones de Moore no terminan allí, además
se da el lujo de ¡dar soluciones a los problemas!,
que si bien muchas pueden no ser tomadas en serio debido
a su simpleza tremendamente cargada de sarcasmo, y paradójicamente,
creo que ocultan justamente en esa simpleza su valor, ya
que muchas de ellas son el camino unívoco para construir
relaciones sociales un poco mejores en su tan contaminado
país.
Creo que en nuestro país también padecemos,
como señalé al principio, muchos vicios y patologías
sociales comparables a las del país del norte y si
bien no es mi afán recomendar (sino sería tamaña
mi estupidez) la copia íntegra de la fórmula
de Michael Moore, creo que deberíamos atrevernos a
denunciar con más ímpetu, originalidad y de
forma masiva las personas, instituciones y movimientos oficiales
(o no) que nos impiden tener una convivencia abierta, tolerante,
participativa y por sobre todo libre, sin miedo a las querellas
o medidas de fuerza con que nuestro "stablishment" nos amenaza
regularmente ante nuestras mínimas salidas de madre.
Este "gringo" bien vale la pena ser leído.
Ficha:
"Estúpidos hombres blancos". Michael Moore, Ediciones
B, Buenos Aires, 2003. 289 páginas.
|
| responsabilidad
sobre los contenidos |
| los
contenidos de los artículos publicados en Sepiensa.cl
son de exclusiva responsabilidad del Autor y no representan
necesariamente el pensamiento del Equipo Editorial.
|
| reproducción
de los contenidos de este artículo |
| Para
reproducir, total o parcialmente, el contenido de este
artículo debe solicitar previamente autorización
a editor@sepiensa.cl
indicando el medio, digital o impreso, en que se realizará
la publicación. |
|