“De eso... no se habla”
( tiempos para la reflexividad del Yo y para asumir los riesgos de la homogeneidad de los silenciamientos).
por María Teresa Pozzoli
10 de Septiembre 2003

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ABSTRACT

Abordaré la problemática identitaria de la sociedad chilena desde un enfoque psicosocial, destacándo los antecedentes históricos y culturales, que han determinado una subjetividad vulnerada en la expresión de diferentes modalidades de silenciamientos, y que emergen de los datos entregados por los últimos informes PNUD de Desarrollo Humano en Chile.

(cuando escribí esta ponencia recordé una frase de Martin Luther King: en la que decía que La verdadera tragedia de los pueblos no consiste en el grito de un gobierno autoritario, sino en el silencio de la gente")

El objetivo del artículo es contribuir a una reflexividad -que cada vez se identifica más con un disparador de procesos de desarrollo humano- para incentivar la toma de conciencia respecto de los riesgos implicados en la homogeneidad de estos silenciamientos que ocurren en 4 dimensiones:

· el silenciamiento de las diferencias
· el silenciamiento en los niveles de sociabilidad
· el silenciamiento de contenidos conversacionales
· el silenciamiento en la constitución del sí mismo

 

 

El polémico y masivo acto de desnudamiento de 4.000 chilenos, una fría mañana de domingo en el Parque Forestal, volvió a despertar la necesidad de acotar los verdaderos contornos de la identidad de la sociedad chilena. Para unos no fue más que“un acto de insolencia y de falta de decoro”, para otros, en cambio, significó “un rito catártico de redención de antiguos miedos, de desinhibición necesaria” que permitió emblemáticamente exorcizar hipocresías y denunciar los ocultamientos de una sociedad que ha aprendido a permanecer silenciada.

Si bien la Modernidad se presenta desde Afganistán hasta EE.UU., como una tendencia mundial irrefrenable, que estimula crecientes procesos de globalización, individualización y diferenciación. Chile se suma a este concierto global de trasformación acelerada de valores, con adaptaciones, aprendizajes, perplejidad, contradicción, duda, y ciertas dificultades, como rasgos inevitables de un orden post-tradicional que empuja a las sociedades a abandonar la seguridad de sus tradiciones y costumbres .

La premisa de partida es que: una sociedad con mayor desarrollo humano, requiere de mayores niveles de cohesión social, es decir, de un conjunto de creencias compartidas, que sirven de contexto de posibilidad para el desarrollo humano individual, dado que la gente, cuando vive bien junta, no solo interactúa y coopera generando espacios para el encuentro comunitario, sino que además se enriquece mutuamente, ampliando sus opciones individuales, es decir sus oportunidades para gestar procesos de individualización.

Solo las personas organizadas subjetivamente en torno a la idea de un ‘nosotros’ colectivo, pueden operar como un sujeto que se instala reflexivamente en las tendencias autónomas de la modernización. Por el contrario, un ‘nosotros’ débil o una subjetividad colectiva vulnerada, siempre habla de la presencia de factores de riesgo psicosocial, asociados con sentimientos colectivos de inseguridad y de ansiedad social.

Las marcas del silenciamiento en la identidad chilena, tiene antecedentes en lo que llamaremos una subjetividad vulnerada

La globalización tiende por su naturaleza a disolver las fronteras nacionales, haciendo penetrar no solo capitales en los mercados locales, sino también transmigrando normas, valores que permean la conciencia de las personas. Siendo justamente el costado más amigable de la globalización, el que habilita la posibilidad de que las culturas del mundo sean compartidas y enriquecidas dada la multiplicación exponencial de los intercambios en red y del producto de sus impensadas y azarosas combinaciones.

Con la pregunta de ¿quienes son los chilenos? abordada en diversas publicaciones (1), se ha hecho referencia a cierta retracción valórica de la sociedad frente a las exigencias de la modernidad. Ciertas maneras de ser tradicionales del chileno, atentarían contra la imagen del ‘Chile económicamente pujante’ impulsada por las elites económicas, que bregan porque este territorio cultural se vaya acercando progresivamente a un mundo valórico marcado por el efecto de la interconexión y de la transculturización.

1. El silenciamiento de las diferencias

Una de las marcas de la identidad chilena radica en su larga tradición de temor a la diferencia, temor que hace vulnerable su subjetividad, activándole actitudes de reticencia en el contacto con lo diferente, siendo lo diferente el fenómeno transculturizado, por excelencia, de la Modernidad. Como muestra de esa reticencia, se escucha una expresión –reiteradamente- en los medios de comunicación, que simboliza un fuerte etnocentrismo, a la vez de una suerte de ‘patriotismo primitivo’: “es bueno porque es chileno”.

Esta expresión, recrea las palabras de Borges al identificar el sentimiento de la patria “como un acto de fe”, o aquellas otras del mismo autor, con las que refiriéndose al fascismo decía: “es la exacerbación del prejuicio que sufren los hombres al considerar que su patria, su lengua, su religión o su sangre son superiores a los de los otros”.

En la frase “es bueno porque es chileno” estaría la vocación de una subjetividad que intenta atrincherarse en los aleros de una ‘cultura nacional’ que es vivida como ciudadela asediada, una subjetividad opuesta a las concepciones modernas de la identidad, que tiende a definirse en permanente re-construcción, por ser una categoría en movimiento, producto del juego dialéctico móvil entre lo propio y lo foráneo, con resultados de interculturalidad y multiculturalidad.

Sin embargo, existen razones históricas que hacen comprensibles tales actitudes etnocéntricas y no menos autoritarias. Solo basta recordar el objetivo valórico de toda política de la dictadura militar que se esmeró en asegurar una personalidad social estática y homogénea, a partir de la premisa de que en lo extranjero y en las fuerzas del cambio, solo podría haber pérdida de raíces, forjándose así un tipo de conciencia nacional funcional a la ideología de la Seguridad Nacional.

Otras recientes investigaciones, como la de Elizabeth Lira, referida a la memoria y el olvido, han puesto de relieve que más allá del período de la dictadura militar, en la historia chilena -desde los hechos de la Independencia hasta el presente- ha sido manifiesta, la presencia de un imaginario colectivo obsesionado por el orden y por el temor al caos, que se representa en la frase atribuida a Diego Portales: “El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche”. Esta sacralización del orden permitiría contrarrestar el fantasma del desorden, corporizado en cualquier Otro diferente o desconocido, en aquella influencia indeseable de lo extranjero, que pudiera desencadenar el derrumbe de un equilibrio siempre inestable o el desborde de una subjetividad que se imagina indomable.

El tema del silenciamiento, por supuesto, tampoco ha estado ausente en la manera de encausar la ‘reconciliación nacional’ como un juego de limitaciones institucionales auto-impuestas, que ha obstaculizado el relevamiento de la verdad y del reconocimiento de las responsabilidades en los hechos criminales ocurridos.

Un silenciamiento que en definitiva se ha instalado en el imaginario colectivo con una analogía de complejas consecuencias éticas: “acceder a la verdad implica una amenaza social para la continuidad de las instituciones, por lo que la verdad sería conveniente que políticamente quedara silenciada”. La recomendación del olvido, la práctica de la desmemoria, el uso de eufemismos, son funcionales a un resultado de impunidad, que desdibuja las fronteras del bien y del mal y que altera el principio de realidad que sirve de basamento ético para constituir toda identidad sana.

Por otra parte, a las dificultades locales que ha tenido la sociedad chilena para metabolizar las secuelas de la dictadura, se han agregado los hechos de repercusión internacional del apresamiento de Pinochet en Londres y su posterior sobreseimiento; que han delineado una imagen externa de un país lábil en materia judicial con movimientos sociales de contrapunto, débiles. Estos procesos no han contribuido a facilitar una autoimagen social ética, dado que la autodefinición del conjunto social no se ha podido despegar de aquel pasado traumático y doloroso -que no termina de elaborar y que, por lo mismo define su identidad-.

Y justamente en la interpretación de estos hechos de la dictadura encontramos que Chile no es un solo país, su definición identitaria se ha desplegado históricamente entre múltiples relatos que han resaltado unos aspectos de su identidad por encima de otros. Como lo afirma el PNUD, este rasgo impide hablar de ‘una’ comunidad que se homogeneice en la aceptación de las diferencias, lo que acercaría al país a los estándares de Desarrollo Humano.

Como si hubiera ‘dos chiles, en vez de uno’ -organizados según el referente de subordinación-: es posible hallar ‘un Chile de arriba y un Chile de abajo’. el ‘del Barrio Alto’ y el de las poblaciones... Dos identidades que se definen por la asimetría y el maniqueísmo del ‘patrón’ y del ‘peón’, por mutuas versiones peyorativas del ‘Otro’ que abren espacios de tensión y desconfianza en una fractura que también dificulta la reflexividad de ‘lo que es ser chileno’.

La afirmación entonces de ‘Nosotros, los chilenos’ encubriría el silenciamiento de varias fracturas de la chilenidad, una chilenidad fundada en una desigualdad que irriga profundamente el comportamiento, tanto en las relaciones entre desiguales como en las relaciones entre iguales, como lo afirma Florian Moreira. Una identidad atravesada por el temor al Otro, por la sospecha sobre sus verdaderas intenciones, por la desconfianza en el centro mismo de las relaciones sociales.

Por otra parte, los resultados de la encuesta sobre Desarrollo Humano-2002 muestran de modo alarmante, que la mitad de los encuestados (32% + 18%), no se identifica de modo inmediato con la forma de gobierno democrática. Uno se pregunta, si principios tan básicos y trascendentes como los que regulan la convivencia democrática podrían ser puestos en tela de juicio por una parte no despreciable de la población, ¿sobre qué valores podría fundarse una identidad común?


2. El silenciamiento de ‘lo social’: baja sociabilidad y desconfianza

Los resultados del estudio PNUD muestran que la confianza solo es posible al interior de los espacios familiares, es decir, que la experiencia de sociedad en Chile se constituye en los márgenes de la convivencia social, debido a que la sociedad no es percibida como un espacio receptivo, de proyección, de encuentro o de realización.

Los cambios culturales de la modernización, por el contrario, suelen intensificar la individualización, flexibilizando los vínculos de parentesco, lo que se convierte en un aliciente para el desarrollo de lazos afectivos extradomésticos y amicales. Por el contrario, en relación a la amistad, los chilenos reconocen tener pocos amigos o sólo conocidos. (Un estudio de la Universidad Católica señala que en promedio, los chilenos tienen 3,3 amigos, lo cual estaría bajo el promedio de 6,2 amigos declarados en EE.UU)

En la Encuesta PNUD 2002, Chile arrojó que un 74 % de las personas encuestadas “no confiaba en las personas”. La baja sociabilidad del chileno, remite a la dificultad de una idea de ‘Nosotros’ en la que sea posible reconocerse y a la inexistencia de un sentimiento predisponente al encuentro facilitado.

El impacto de esa tasa de desconfianza a nivel de variables sociológicas permite afirmar que la sociedad chilena expresa como lo afirma el PNUD una notoria fragilidad de su tejido social, que degrada no solo la posibilidad de asociatividad, de organización social y de fortalecimiento de la sociedad civil, sino también que afecta la calidad de los microespacios en los que transcurre el rito de la conversación que se transforma también en un espacio sacralizador del orden.


3. El silenciamiento de las opiniones en los espacios de conversación

La autocoerción y la autocensura parecen ser el precio que el chileno paga por mantener la seguridad del orden de su subjetividad, aspecto que no es intrascendente si consideramos que a través del lenguaje y de la conversación se expresan rasgos muy profundos de la cultura; el lenguaje es construcción de identidad personal y de comunidad . Por ello, las palabras importan, no solo las que se dicen, sino también las que se omiten o silencian.

“mejor no lo digas, va a quedar la escoba” es una frase que se dice o se piensa frecuentemente, temiendo por la sanción que venga como consecuencia de la expresión sincera.

Estas frases son un lugar común en los espacios de conversación, porque en Chile existe temor por las palabras; el silencio preserva el equilibrio frágil que siempre está por perderse. Por lo mismo, se considera peligroso en las conversaciones tomar posición y expresarla; opinar sobre el aborto, el divorcio, la dictadura militar, la impunidad, evaluar la gestión de una autoridad, puede poner en evidencia mi verdadera opinión, las diferencias que nos separan, puede escarbar en las memorias, puede poner de manifiesto lo que ‘convenientemente’ había permanecido oculto en lo innombrado; estos recovecos entre lo manifiesto y lo oculto, empuja a retfroalimentar entre todos la atenuación del habla con el fín de hacerla inocua, como afirma Puga.

La gente así, en los espacios públicos evita decir las cosas por su nombre y opta por la disonancia entre lo que se declara y lo que se piensa en privado, lo que tiene consecuencias psicológicas como rasgo de personalidad y en la falsación de la identidad.

Suavizar las verdaderas opiniones o quedarse en silencio es lo dominante, con la intención de que “...no piensen mal de uno”. No por nada, tanto en el informe PNUD de 1998 como también en el del 2000, se demostró la baja credibilidad (confianza) de la gente en lo que dicen los otros.

Por otra parte, no expresar la opinión o falsearla, podría implicar una actitud de ‘no comprometerse’ o de ‘no tomar partido’quedando en evidencia, en temas conflictivos. Así, se evaden los temas de fondo y se incentiva el habla ‘jabonosa’, ‘ladina’, ‘ambigua’, ‘oblicua’, lo que paradojalmente no haría más que reforzar la precariedad del mundo del que se intenta huir con el silenciamiento.

De modo equívoco a través de las palabras silenciadas se busca ‘cuidar’ la imagen, la apariencia, buscando darle estabilidad a la identidad, con el supuesto beneficio de seguir siendo aceptado por los grupos de pertenencia, diciendo solo lo políticamente correcto ‘acomodando’ lo que se dice a lo que la situación social exige.

Sobre este temor se funda el miedo a la polémica, a la discusión, a la crítica, el temor a la falta de reverencia frente a la autoridad, sin embargo, al mismo tiempo, se paga un costo en términos de la posibilidad de desarrollo humano, conculcando las oportunidades para diferenciarse, entre quienes debieran confrontar sus opiniones y pareceres en un espacio de aceptación democrática de las diferencias.

Por otra parte, en cuanto al fenómeno de la participación, no opinar es quedarse afuera... y mirar desde afuera es más fácil y menos arriesgado que ser parte, que involucrarme-, una especie de voyeurismo social que legitima la actitud difundida de cuchichear detrás de bambalinas, desde una supuesta ajenidad de lo que ocurre.


4. El silenciamiento del ‘ sí mismo’

El fenómeno de la individualización, parte de la idea de un sujeto que se autodefine como origen y fuente de sentido de sus acciones sobre el mundo. Significa que cada persona –puede y debe- definir por sí misma, las elecciones y valores que conforman su proyecto de vida a partir de que socialmente se valora y se legitima la autonomía personal.

Pero, el Informe PNUD, muestra que las posibilidades de dar lugar al deseo de un yo auténtico, aparecen distribuídas según estrato social mostrando una significativa distancia en este aspecto entre los representantes ‘del Chile de arriba’ y ‘del Chile de abajo’. Dos tercios de los entrevistados de estrato bajo, creen que el rumbo de su vida no depende de ellos.

Según lo vimos en el punto anterior, no poder confiar en lo que escucho, daña no solo la confianza de la gente sino también la confianza en el ‘sí mismo’, en las propias capacidades, en mi capacidad de ser diferenciándome de la autoridad, o de quien ocupe el lugar del Pater.

5. Recuperar la palabra veraz para retomar las riendas de una identidad diferenciada

Según el informe del PNUD, en un país sin conversaciones honestas no hay reflexividad pública, y sin ella no hay cambio.

Tratar de asimilar mi voz, falseándola, por buscar ajustarse a los supuestos requerimientos de una voz externa de autoridad, es la opción que corresponde según Lawrence Köhlberg, a la moral del eterno ‘menor de edad’, que no crece, dado que la opción por el silenciamiento o por la evitación de la verdad se tipifica con la afirmación: “no me banco ser adulto y responsable de mis palabras, por eso para mi bien de eso, de la verdad, , , no se habla”

Una cultura veraz es imprescindible para la realización del desarrollo ‘humano’ de personas, grupos y sociedades. El ethos de la veracidad, de testimoniar y de vivir la verdad, como lo afima Tony Mifsud, es una condición de posibilidad para la diversidad de lo humano. La presencia de la verdad en la configuración identitaria delo cotidiano, es clave para su desarrollo.

... Esos cuerpos que se desnudaron en el Parque Forestal, en esa gélida mañana de invierno nos remontan a la imagen de otros miles de cuerpos silenciados y vulnerados, que a pesar de que hablemos poco de ellos permanecen grabados a fuego en los laberínticos pasillos de la memoria colectiva: cuerpos ultrajados, escondidos, desaparecidos, pero sin embargo presentes en la memoria del amor.

Quiero pensar que aquellos cuerpos que se desnudaron en el Parque Forestal, también buscaron des-amordazarse y limpiarse de los efectos perversos que para la convivencia sana tiene el silenciamiento colectivo, sobre todo cuando lo que se calla es lo verdadero que reclama ser dicho, aunque desafíe la densa frase que Portales marcó en el imaginario colectivo de los chilenos: “El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche”

Muchas Gracias.

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