Al
hablar de identidad cultural y folklore, nos estamos
refiriendo a 2 temas que si bien guardan relación
entre sí, existe una línea que los separa
y tiende a colocar a uno en posición privilegiada
frente al otro.
Se entiende por identidad
a todos aquellos elementos que permiten identificarnos,
caracterizamos, mostrar qué tenemos en común
y qué nos diferencia de otros pueblos, mientras
que al hablar de cultura, nos estamos refiriendo a
elementos materiales y espirituales, que han sido
organizados con lógica y coherencia, donde
participan los conocimientos, creencias, arte, moral,
derecho, costumbres, etc. que fueron adquiridos por
un grupo humano organizado socialmente.
Grande o pequeña,
sencilla o compleja, oficialmente reconocida o marginal,
la entendamos o no, es cultura y, como tal merece
respeto... mucho respeto.
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En el caso peruano, este proceso se
inicio hace unos 20,000 años A.N.E.... por lo menos,
según nos indican los testimonios arqueológicos
hallados. Fechado que podría cambiar con nuevos descubrimientos,
ya que por ejemplo, en el caso de Arica (Chile), han sido
encontrados restos arqueológicos correspondientes al
paleolítico costero, con una antigüedad de 32,000
años A.N.E. lo cual no descartaría la posibilidad
de realizar hallazgos similares en nuestro país.
Son solo fechas, que sirven para
ubicarnos en un cuadro cronológico elaborado por occidente.
Nosotros sabemos que nuestra presencia en los Andes es mucho
más antigua de la que Europa supone y quisiera.
Las leyendas – no solo aymará
o quechuas – sino de todo el continente, nos lleva a
retroceder tanto en el tiempo, que podría llenar de
estupor y pánico a los estudiosos occidentales.
Pero eso no es un problema para nosotros,
como tampoco es una obsesión desentrañar tal
misterio. Lo importantes es saber QUÉ SOMOS, saber
que AQUÍ ESTAMOS y sobre todo que SEGUIREMOS SIENDO
y, esto es importante por que nos exime de caer en la enfermedad
del existencialismo.
Hoy siguen teniendo vigencia entre
nosotros, elementos culturales de hace 500, 1000, 2000 años
o más, lo cual es un indicador de la fuerza cultural
del hombre andino, y todo el Perú es andino, ya que
incluso las últimas estribaciones cordilleranas llegan
a la costa y la selva. Es ciertos que mezclados con elementos
culturales foráneos, pero que están allí
presentes y, si aceptamos mezclarlos, fue para sobrevivir,
para evitar que nos exterminen culturalmente.
Al referirnos al folklore, estamos
hablando de un término acuñado a fines del siglo
XIX por William Jhon Thoms, a partir de la unión de
dos palabras inglesas FOLK (pueblo) y LORE(saberes), con lo
que se buscaba mostrar el conocimiento popular. Ese que el
hombre común europeo, fue adquiriendo en su caminar
por la vida. Aprendizaje un tanto empírico, carente
de rigurosidad científica, un producto – según
sus estudiosos – ajeno a la inteligencia cultivada.
Y en ese sentido tal definición fue un gran aporte
y una necesidad europea, para lograr conocer mejor su pueblo
y revalorarlo.
En el caso nuestro, el término
se introdujo a través den las llamadas ciencias sociales
y, poco a poco, fue adquiriendo fama y prestigio, llegando
a sostenerse que nuestro país, por su diversidad cultural,
es poseedor de un rico folklore y Puno, la capital folklórica
del Perú.
¿Es cierta tal afirmación?...
Creemos que no, que mas bien se trata de un contrabando cultural,
no hecho exprofesamente o con la intención de hacer
daño, sino motivado por las corrientes intelectuales
europeas, que nada tienen que ver con la realidad andina.
Hoy, aceptamos muy cómodamente
la calificación de folklore para diversas manifestaciones
artísticas nuestras, como igualmente aceptamos otras
definiciones que ignoramos su significado.
Mas el Perú y el mundo andino
no es rico en folklore... sino en cultura. Lo nuestro defiere
enormemente con la definición de dicho término.
Antes de la irrupción europea, en los Andes se desarrollaron
desde tiempos remotos, sociedades que se caracterizaban por
la moral, fraternidad, reciprocidad, equilibrio, orden, previsión,
etc. Fundamentadas en el reconocimiento de un ordenamiento
cósmico, en el desarrollo de una relación armoniosa
entre el hombre y la naturaleza y, no podemos decir que esta
era una relación empírica o ajena a la inteligencia
cultivada. De ninguna manera. El hombre andino y las sociedades
prehispanas fueron capaces de desarrollar una ciencia sagrada,
cósmica, que permitió dar paso a una sociedad
donde se desconocía el hambre y la desocupación,
donde el hombre no luchaba contra la naturaleza ni trataba
de doblegar o ponerla a su servicio, sino que convivía
con ella. No la contradecía ni se apartaba de ella,
pues la consideraba su madre.
Ella fue moldeando y educando la
energía que el Gran Hacedor del Universo había
puesto en el hombre andino.
Éramos un estado federativo
integrado por muchas naciones indias y miles de Ayllus (hoy
llamados comunidades), donde la unidad que primaba era la
espiritual y el sabernos hijos de la naturaleza. Una sociedad
donde el trabajo era fiesta y competencia, no castigo divino
como en occidente.
Luego de producía la invasión
europea los conquistadores y virreyes, buscaron exterminar
totalmente nuestra identidad cultural, arrasar con nuestras
nacionalidades y borrar todo recuerdo de lo que habíamos
logrado alcanzar.
Dos europeos Tomás Moro y
Campanella, que llegaron a los andes, cuando el virreinato
recién se estaba instalando y aun se podía apreciar
lo que quedaba de nuestra antigua sociedad, quedaron tan impresionados
con lo que vieron que se interesaron en ella y cada uno escribió
una obra, donde mostraba al mundo, que en los Andes se había
desarrollado un tipo de sociedad, donde el hambre y la miseria
no existía, donde su población era feliz al
trabajar, y el robo y la miseria no existía, etc. Evidentemente
que Europa no podía aceptar lo que estos hombre decían
y terminó por ajusticiarlos.
No tenemos nada contra el folklore
y esto es importante dejarlo en claro, pero creemos que en
nuestro caso, se trata de cultura.
Es cierto que tenemos muchos ritmos
musicales y danzas, pero estos no cumplieron el papel de entretenimiento
o diversión, sino que estaban relacionados con ceremonias
rituales.
Solo por mencionar un caso... diremos
que en la época de siembra, y al momento de la cosecha,
se entonaban determinadas melodías donde hombres y
mujeres danzaban.
A esto no podemos llamarlo folklore
sino conocimiento de la naturaleza y una forma especial de
relacionarse con ella, mas aun cuando hoy en día, los
científicos modernos han demostrado que para obtener
mejores frutos en las cosechas, es recomendable la aplicación
de determinada música a los cultivos. Nadie ignora
que la música puede ser utilizada para curar trastornos
emocionales, estados depresivos o alterar el estado de nuestra
conciencia, y esto es considerado ciencia ... no folklore.
Pues bien, eso lo sabíamos
y practicábamos en los Andes, en forma permanente,
hasta cuando llegaron los europeos.
Qué en el llamado Viejo Mundo
hubo folklore, no lo ponemos en duda y, según los entendidos
en esta materia, el folklore tiene características
muy definidas como: ser tradicional, ser natural, ser de autor
anónimo ser colectivo.
Veamos cada una de ellas...
Ser tradicional es decir que ha sido
transmitido en forma oral, narrado o contado, de generación
en generación y no esta escrito. En el caso nuestro
es cierto que el conocimiento también se trasmitió
de esa manera, pero estuvo escrito, en los kipus, Kellkas,
Tocapus, etc. enseñados por los Amautas, Yatiris, Aukis,
etc. Hoy estos documentos no podemos verlos, porque fueron
destruidos por los propios invasores y extirpadores de idolatrías.
Ser natural queriendo decir que no tenía una técnica
especial que le reste espontaneidad. En el caso nuestro tal
afirmación no seria válida, ya que dispusimos
no de una sino de muchas técnicas y tan desarrolladas
que aun sorprende al mundo.
La espontaneidad estuvo totalmente
ajena a las manifestaciones culturales prehispanas, ya que
todo se basaba en la concepción armónica del
cosmos y de un profundo respeto a sus leyes.
Ser anónimo claro que fue
anónimo. Básicamente porque el hombre andino
sabía que el no era autor de dicha obra, sino que éstas
eran manifestaciones de la naturaleza y el su instrumento.
En otros caos, que correspondían a la cosmovisión,
cosmogonía o cosmología de su sociedad.
En Europa, las obras de arte no fueron
firmadas hasta el renacimiento y, anterior a esta época,
sus autores eran anónimos. No por eso se les niega
el derecho a considerarlas obras culturales.
Ser colectiva queriendo decir con
ello que debía ser conocida o practicada por gran parte
del pueblo.
¿Acaso actualmente no
se busca que la mayor parte de la población o su totalidad,
tengan acceso a la cultura? Evidentemente que sí y
esto no la convierte en folklore.
Se ha mencionado que hemos aceptado
términos, categorías, calificaciones, hechas
muy a la ligera, que en muchos casos hemos hecho nuestras,
sin reparar que forman parte del contrabando cultural.
Veamos un par de ejemplos que permiten
tener una idea clara de lo que se esta planteando.
Es muy común aceptar la palabra
“Cholo” entre nosotros. ¿pero que significa?...
ya que no es aymará, quechua ni castellano.
Veamos, su origen es nicaragüense
y de allí la trajeron los españoles hasta los
Andes Peruanos, pero...¿qué significa?. Bien,
cuando en Nicaragua una perra pare, a su cría en vez
de decirle cachorro, los indios le llaman “cholo”
lo cual significa “hijo de perra” en el Perú
el español impuso ese término para llamar a
los hijos que él, generalmente por la fuerza le hizo
a las indias. Hoy la Real Academia de la Lengua ya incorporó
la palabra como un peruanismo, pero lo cierto es que nunca
se nos dijo el significado real de ella, el cual por su origen
y significado es ofensivo y humillante.
También se nos habló que acá existía
un imperio, el de los Inkas, y ese concepto es eminentemente
europeo, que dista totalmente del tipo de sociedad que aquí
se desarrolló, etc.
Podríamos pasar horas hablando
de éste que es un importante tema y tiene que ver con
nuestra identidad cultural. Sin embargo vale la pena para
terminar, dejar en claro lo siguiente:
Que el llamado folklore andino, es
parte de la ciencia y cultura que sobrevivió a la invasión
europea y a los siglos de dominación occidental.
Hoy el Instituto Nacional de Cultura
(I.N.C.) reconoce que el Perú es un país con
una gran diversidad cultural... y que eso explica que tenemos
un rico folklore.
Y obsérvese bien... se reconoce
la diversidad cultural, pero para que produzca folklore. Lo
cual es atentar contra nuestra propia cultura. Es subestimarla.
Es no reconocer toda su fuerza y potencialidad.
No se trata de hacer cuestión
de Estado referente a tal definición. Muy por el contrario.
No solo debemos sentirnos orgullosos de este llamado “rico
folklore”, sino que a partir de él, retornar
a nuestras raíces, para rescatar nuestra ciencia y
cultura ancestral.
Conocer nuestras raíces, garantiza
no perdernos en un mundo que rompe fronteras y globaliza todo
a su paso... Y en esto no podemos confundirnos.
Podemos estar comunicados,
hermanados e incluso globalizados, pero siempre que conservemos
nuestra propia identidad. solo ello nos impedirá caer
en el caos existencial o encontrar la luz en la oscuridad.
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