Las cenizas van al Mar
Mediterráneo,
que es el vivir. R.G.
La Diáspora es un lugar
bien berraco en el ninguneo, donde se nace y muere,
pero se crece como en un saco roto sin fondo ni punta,
el vacío pesa y la voz se siente en off. Extranjero,
dijiste, siempre, en realidad se sale una sola vez
del vientre y no se vuelve más que otra vez,
pero en forma definitiva, sin regreso, más
bien para adentrarse más y más al fondo
de lo inminentemente oscuro, otra matriz sin duda,
que no será necesario abandonar. (Si Chile
suena, es porque piedras trae).
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Es como la reversa y te vas despidiendo
en el adiós final, sin pañuelo, sólo
con tu epitafio preferido y a pudrirse en el mañana
con el polvo de las estrellas. No es el momento ni en lugar,
este paréntesis, para meter el dedo en el tintero y
untárselo en el guardapolvo al mejor alumno de la clase,
más bien rascarse la cabeza frente al ordenador, y
no explicarse tu partida, aunque a este país de tránsito,
no nos llegaran más que tus puteadas e ironías
bien pulsadas, respecto de otros colegas latinoamericanos,
y en especial los chilenos. Ácido hasta el final, un
camino que es un túnel, al que se entra para no salir.
Es un motor en marcha, difícil de apagar.
Más autobiográfico
de lo deseado por él mismo, referencial, y con su bombo
personal, como debe ser. Pero supo agregarle dientes y muela
a la literatura chilena, para que tuviera donde agarrarse.
El trapecista de Hamelín que la literatura chilena
esperaba con su flauta, que algunos ratones tocaban airosos
en la fiesta del marketing, con ese oficio triunfal de pasarela,
una estudiada manera de sorprender a la audiencia a la hora
del crepúsculo nerudiano.
Así son los días también,
como una neblina en la espesa cotidiana realidad. Me sorprenden,
en momentos en que duermo en mi cama con dos docenas de libros,
producto de un ataque de comejenes furibundos, al techo de
mi casa, sobre la hilera de la repisa del librero, reducto
de una sagrada intimidad vulnerada por los amos despiadados
de la tierra y los cielorrasos. Devoradores insaciables de
madera y papeles, malos lectores, comejenes del demonio, me
digo, y aquí están sobre el lecho tibio, casi
impreso, entre otros libros, hace una par de semanas, el cubano
Eliseo Diego, Martín Fierro, Rayuela, El Quijote con
dibujos de Doré (casi dos mil páginas), Las
Mil y Una Noches, Borges, Lihn (Diario de Muerte) Poeta en
Nueva York Piglia, Carpentier, Mutis, Rulfo, Rosamel del Valle,
T.S. Eliot, diccionarios, en fin, y Los Detectives Salvajes.
Los Detectives Salvajes, entraron
al Istmo, como una especie de contrabando literario a un muy
buen precio: más de seiscientas buenas páginas
por 7 dólares. Yo me matriculé con un ejemplar,
que tuve que hacer bajar del sitio más alto del drugstore.
Ya medio leído, porque el primer requisito de un escritor
es escribir, y después viene el placer de la lectura
por añadidura, sobre todo cuando ya pasaste los 50
años.
Esto de ser inédito eternamente
es un doble trabajo (mérito además), un oficio
secreto, especie de borrón en el aire, sin comienzo
ni fin. Estas son vainas (palabra caribeña fuera de
contexto quizás) personales que te cuento, para que
sepas que no todo es gloriola como dijo Huidobro, y también
se deja de existir cuando los libros no son impresos y no
llegan al lector. Estoy pensando que alguien me borra de noche
las páginas que escribo de día, porque esto
de la escritura es un cuento de nunca acabar, largo como un
río que se devuelve en las madrugadas para volver a
empezar o nacer.
Siempre estuve de acuerdo con echarle
más leña al fuego de la literatura pacata, coja
y bizca, y ese tábano tuyo, Roberto, te estoy tuteando
desde el principio, algo que me cuesta, pero aquí si
cabe en el aprecio y la verdadera distancia, picó fuerte,
tan necesario en algunas nalgas rosadas, pudorosas, fruncidas,
afrancesadas, llenas de naftalina, simplemente señoriales.
Es que si no, una marcha castrense
tiene más sentido literario que algunos textos, verdaderas
cubiertas de mármol, lisas, planas tipografías
erráticas, de plagiadores del insomnio. Borges fue
un ejemplo de burlarse de lo propio y ajeno, de regalarle
sus ojos al mundo. Eso fue el colmo de las ganas de que otros
vieran su mismo paisaje porteño y universal.
Bolaño, le pusiste chispa
a la narrativa chilena y una luz roja a los que manejan pedaleando
al revés, con calcetines prestados, una escritura tan
acostumbrada a cierta vinagreta, aburrimiento, por eso unos
gramos menos de solemnidad no le van mal a nadie, y menos
al cartón piedra que utilizan algunos prosistas.Orden
y patria en literatura, conforman un himno decadente, artificioso,
un libreto previamente aprendido y que después de entonado
desafinadamente habrá sonado en el vacío.
Hombre, Bolaño, es digno de
mención, no sólo el haber escrito unos cuantos
buenos libros, sino también poner atención como
rompiste las roscas, camarillas, los círculos viciosos
de la mediocridad, las sociedades secretas del amiguismo.
Difícil cuadratura del círculo, pero realizable,
y necesaria, sobre todo, en el Circo de las Águilas
Humanas.
Arar sólo en el desierto es
un ejercicio más que meritorio, sobre todo cuando existe
la recompensa del reconocimiento en vida real, más
allá de los premios y la pasarela editorial. Bolaño,
eres un escritor de raza como pocos en Chile, en materia de
narrativa.
Afortunadamente fuiste reconocido
en vida como un escritor original, audaz, que rasgó
el velo de la abulia y el compromiso con la monotonía
en las novelas y el lenguaje. Tengo la impresión que
sabías que eras un escritor de futuro. Y te despediste
con un libro de cuentos, antes de entrar al hospital, en un
maravilloso gesto y compromiso con el porvenir, la literatura
que nunca acaba. Un libro nuevo es siempre un relevo. Una
buena señal para partir en paz. Rara especie esta la
de Bolaño, por eso habitó poco el país
del smog, donde todo es humo, volatilidad, se empañan
los vidrios, caen las persianas llenas de hollín y
se trancan las puertas, el freno de mano no sirve, y te tiran
la chaqueta desde la punta de un hilo hasta dejarte desnudo
en el tejado. Es como si te plantaran un tarro de pintura
amarilla en la cara y después te dijeran que eres un
payaso desempleado, con derecho a permanecer taciturno ocho
veces a la semana.
Sé que me estás entendiendo,
es difícil vivir con un cadáver de Arica a Magallanes,
especie de zopilote negro, carroñero, sobre el espinazo,
picoteándote la oreja, alternándose con la nuca
y susurrándote Lili Marlen. Por eso tus sacudidas permanentes,
para espantar gallotes, malos augurios, aves agoreras, brujas
de escobas sin vuelo.
Te comento, se han escrito buenos
titulares, en medio de tu partida, que es un hasta luego,
porque nos dejaste la imaginación escrita en palabra
y eso si no pasa. “Maestro de la generación post
boom”. No es un mal calificativo y socarroncillo a la
vez, como dicho frente a tu espejo. En la onda dirías,
el gusano que te corroe, pero con gusto.
Oye, por momentos me recuerdas Woody
Allen, a veces un fraile franciscano con sus sandalias mistralianas
o el Quijote, que frisaba los 50 cuando partió definitivamente
cuerdo, pero venía de una Castilla cardiaca, infestada
por caballeros andantes de muy mal paso, a juicio de Cervantes.
“El último piel roja”,
te llamó un diario español monárquico,
y pienso que tiene algo de razón, le arrancaste la
cabellera a la narrativa chilena. Te imagino muerto de la
risa leyendo los titulares: “Murió Roberto Bolaño,
escritor chileno de carácter insobornable” Estás
frente a una copa de vino, sonriente, aplaudiendo, y un anuncio:
casi abandonabas el panfleto y el libelo, dos disciplinas
menores, a tu juicio, pero muy atractivas, sal y pimienta
de tus días, que llegaban a espantar moscas en el Chile
disciplinado, aterrado, convicto de su pasado, y momia de
su propio alcanfor. ¿Tanta democracia vigilada, para
qué Benemérito?
Te acuerdas que vendías santitos
en las calles del D. F., no eran tiempos de santurronerías,
sino de sobre vivencia, para un hijo del exilio que se transformaría
en protagonista de lo más universal de la Diáspora.
Perdona un paréntesis, pero
es importante, me acabo de enterar que tu hijo lanzará
tus cenizas al mar Mediterráneo. Qué buena idea,
que hermoso lugar de evocaciones has escogido para vivir para
siempre, la dieta mediterránea te asentará de
maravillas. Yo ya había titulado este e-mail antes
que lanzaran tus cenizas al Mediterráneo, lo dejaré
tal cual por una cuestión de cábala, y respeto
al autor, a quien me manda escribir esto, ya sabes son compromisos
editoriales con el alma, los más permanentes, porque
son invisibles a simple vista del comején publicitario,
antropófago del verbo.
IL enfant terrible de la prosa chilena,
me parece un calificativo al pelo para ti, te peina la mirada
de Wooddy Allen, te quita un poco la expresión franciscana,
aunque Rimbaud, fuera un místico empedernido en el
fondo de la palabra mierda. Te están llamando inclasificable
ahora. Eso me huele a incomodidad. Esperemos mejor que los
lectores digan su última palabra a través del
tiempo, más poderoso que la muerte, que es una puta
caliente, como dice el verso de nuestro Hamlet de Las Cruces,
refugiado en el poético mundo de la Antipoesía.
Lo que sucede es que Bolaño
Belano, es el Parra de la narrativa chilena, se puso a vendimiar
la prosa a su manera y se instaló con su propia cosecha
en la carpa del Mediterráneo, porque en el circo chileno
había muerto la risa, roto la carcajada y asumido el
control la solemne payasada.
Oye, algo aparte, pero importante,
qué nombre de agallas le pusiste a tu hijo, Lautaro.
De sus manos el Mediterráneo está recibiendo
tus cenizas. Roberto, coño, que vaina el fantasma de
Chile, pero es real.
Continúo, debo aprovechar
que los e-mail son gratis y circulan, y espero que este te
llegue directo al Mediterráneo, en el caliente verano
europeo. Dicen más los titulares en Barcelona: “Una
obra llamada a perdurar y muere en plenitud creativa”
Dos afirmaciones justas, pero te encargaste de desmentirlas,
porque dejaste todo arreglado con el duende y saldrán
en serie tus últimos libros inéditos.
El más audaz de los narradores
chilenos a partir de los ochenta. Literatura y oralidad, una
sola expresión en Bolaño, sin pelos en la lengua,
en nuestra opinión. Supo conjugar humor y razón,
divertimento en el espíritu y en la forma. Se dejó
querer y odiar, en el verbo escrito y en la lengua hablada.
Es que, hacerle concesiones a la realidad, es como otorgarle
legitimidad a un Bando Militar. Por ahí leí
algunas declaraciones de sus pares, que no han leído
sus libros, absolutamente descafeinadas, palabras de institutrices
de una precocidad feroz en el marketing orquestal.
Entre tus influencias citas a dos
poetas, el mexicano Efraín Huerta y a Enrique Lihn,
a quien no conociste. Yo tuve la suerte de conocer a Lihn,
leer su poesía, ver como tocaba su Musiquilla de las
pobres esferas en el Horroroso Chile. En los días finales
de mi partida de Chile, fui testigo de una conversación
en una pieza oscura entre él y Parra, en el departamento
heredado de calle Bustamante, del poeta brasileño,
amigo de Lihn, Thiago Di Melo. Lo único que puedo decir,
es que se paseaban de un lado para otro en el ring freudiano
de la poesía, y se fueron lejos en las reflexiones,
donde sale un duende azul y te hace pasar para tomar un té
denso con propiedades alucinantes. Es como un boleto sin regreso.
Ya Neruda le había dado vuelta al reloj de arena, pero
aún no regresaba a Isla Negra, sino estaba en el nicho
helado, donde la dictadura permitió que lo pusieran.
La República Asesinada, cuesta a bajo, anunciada por
Pablo De Rokha. No sé si Teillier ya estaba en Nueva
York 11, en la cábala del futuro. Braulio Arenas le
rondaba la oreja al Premio Nacional. Y todo lo demás
permanecía intacto. Nos encontramos en las inmediaciones
de la casa de un joven poeta, ese día, y en el naufragio
de la noche recalamos en ese pequeño apartamento que
dividía Santiago en dos. Es decir, en la nada. Nada
se escurre, es el título de su primer poemario, que
Lihn detestaba. Un pecado de juventud, es el más original
de todos.
Voy a ir a un punto incómodo
para ti, que no comparto, y que voy a adelantar, por una cuestión
de orden. Se te fue la mano cuando dijiste que Neruda había
escrito sólo dos libros y no mencionaste ninguno. Sólo
con las Residencias en la Tierra, cualquier poeta tendría
para más que suficiente, y Neruda fue poeta de varias
residencias y unas cuantas estaciones. El Canto General, Las
Odas Elementales (muy aplaudidas en silencio por Parra), El
Hondero Entusiasta, Canto Ceremonial, Plenos Poderes, y numerosos
poemas de amor, algunos de Versos del Capitán, otros
en Cien Sonetos y esparcidos por sus libros. Pero sus poemarios
escritos en su prima juventud, 19 y 20 años, los emblemáticos
20 poemas de Amor y una Canción desesperada y Crepusculario,
siguen vigentes en el corazón de la gente.
Mariposa de Otoño de Crepusculario,
escrito hace 80 años, “ LA MARIPOSA volotea/
y arde-con el sol-a veces. Mancha volante y llamarada, /a
hora se queda parada/ sobre una hoja que la mece. Me decían
no tienes nada/ No estás enfermo. Te parece. Dice más
adelante el verso neftaliniano, ya camino a las Residencias,
Hoy una mano de congoja/ llena de Otoño el horizonte./Y
hasta de mi alma caen hojas. Lo cierto es que en 1962, Para
publicar sus famosos Versos de Salón, que traen una
Mariposa, pero parriana, aunque también vuela con alas
neftalinianas a la manera parriana. Nicanor, como sabes, ha
sido uno de los principales demoledores del establishment
nerudiano, con su poesía. Algo bueno para la poesía,
Chile, el castellano, la literatura, y para Neruda, referente
obligado, no sólo de los antinerudianos, sino de la
poesía misma.
“Me pregunto quién escribirá
ese libro que Parra tenía pensado y que nunca escribió:
una historia de la segunda guerra mundial contada o cantada
batalla tras batalla, campo de concentración tras campo
de concentración, exhaustivamente, un poema que de
alguna forma se convertía en el reverso instantáneo
del "Canto general" de Neruda y del que Parra sólo
conserva un texto, el "Manifiesto", en donde expone
su ideario poético.” Son tus comillas Roberto
Bolaño Belano, y el referente está enterrado
en Isla Negra.
Parra ha tenido treinta años
extras para poner en orden la casa de la Antipoesía,
digamos con franqueza. El hombre confesó, no sólo
que había vivido, sino, que se seguiría viviendo,
y pienso que tu sigues sus pasos, con méritos propios.
Cada uno en su mar, Roberto, tú en el Mediterráneo,
y Pablo, en el Pacífico de Isla Negra, viviéndose
a su manera.
Lo interesante son tus coincidencias
con Neruda, Bolaño. Y me digo, no podía ser
de otra manera, dos chilenos verdaderamente grandes, auténticos,
no, no, no estoy entrando al himno nacional, ni voy para Chile,
ni me enloquecí en su geografía, ni por la Razón
(que perdimos por tantos años) ni por la Fuerza, todo
lo contrario, sólo que el Sur tú sabes puede
estar para mí en el Norte y no dejará de seguir
siendo Sur. Perro del Amor, dice el verso nerudiano, Perro
Romántico, el de Bolaño. Dos axilas para un
mismo cuerpo. El Vate dejó unos ocho libros antes de
morir y tú dejaste lo tuyo, tu monumental obra, dicen,
el 2666, desglosada en cinco partes autónomas. Bolaño
es el 666 de la narrativa chilena, en mi opinión Le
hacía falta un verdadero demonio. Un duende que le
hiciera cosquillas al ombligo del largo cuerpo de Chile. Que
le encontrara las cinco patas al gato.
Es que no estamos para tantos homenajes.
País de sietemesinos. Te salvaste de las recomendaciones
para premios, anarco, iconoclasta, trotskista, aventurero
de corazón, trasgresor, echaremos de menos tu lanza
en ristre de viejo caballero manchego, hombre del Mediterráneo.
Belano, perdona, Bolaño, ya
me confundo. Te acaban de despedir en el cementerio del barrio
barcelonés Les Corts. Un centenar de amigos y parientes,
estoy leyendo el mensaje en Internet, y alguien te recordó
como un trapecista sin red. Te intrigaba y apasionaba la Argentina,
dijo Fresán. Bueno, ya somos dos. La mujer más
importante, decisiva de Neruda, fue la argentina Delia del
Carril. Huidobro lanzó su Manifiesto sobre el Creacionismo
en Argentina. La Mistral editó Tala, uno de sus libros
de mayor registro, en Buenos Aires. Neruda escribió
buena parte de sus Odas Elementales en Argentina. Nos regalaron
a Manuel Rojas, uno de los más grandes prosistas chilenos.
Si hasta Borges dijo que era argentino. Si supieras mis deudas
con Argentina, y están comenzando. Me gustó
lo que dijo Fresán, que eras un libro inmenso. Cada
vez que tome un libro, diré, Hola Bolaño.
P.D.
“No sé cómo hay escritores que todavía
creen en la inmortalidad literaria. Me dan ganas de abofetearlos
para que reaccionen y salven su vida".
Roberto Bolaño.
Epílogo, no sé si esta figura está permitida
después de la Posdata, pero amerita. Voy a conservar
el título, aunque sé que estás en el
Mediterráneo. Déjame decirte, que eres uno de
los buenos productos chilenos de exportación. Estás
en el lugar correcto. Me acaba de llegar un correo sorprendente
desde Panamá, donde suelo vivir. De un joven librero,
hoy periodista, que trabajaba en la librería El Hombre
de la Mancha. ¿Qué casualidad con el título
y tus quijotadas? Hace un mes o más, le hablé
de ti. No había un solo libro ahí tuyo. Y me
acaba de decir que leyó mis artículos sobre
tu despedida. Ahí yo digo, que de a vaina encontré
Los Detectives Salvajes en un drugstore y de los nazis, tiempo
ha. Me dice el joven Guillermo Ávila Nieves, “que
con respecto a la carencia de la literatura del gran Roberto
Bolaño, en este submundo bananero, estamos de acuerdo,
pero además de Los Detectives Salvajes, hay un ejemplar
de “Putas Asesinas”. Y después de hacerme
una pormenorizada descripción donde queda la librería,
se recuerda que estuvimos conversando en ella. Después
del olvido, Ávila concluye en una buena prosa de periodista
que es,”aprovecho la ocasión para saludarlo y
desearle lo mejor en medio de esta algo inhóspita jungla
del barbarismo primitivo, pero también cálida
en oportunidades, y a veces, afecto, llamada Panamá.”
"Sólo una cosa no hay.
Es el olvido. / Dios, que salva el metal, salva la escoria
/ Y cifra en Su profética memoria / Las lunas que serán
y las que han sido",
Borges.
Se nos adelantó Roberto
Pérdida irreparable para Chile.
Pérdida irreparable para mí.
Pérdida irreparable para todos.
The rest is silence
Now cracks a noble heart.
Good night sweet prince,
And flights of angels sing thee to thy rest!
Lo demás es silencio
Ahora un noble corazón se rompe
Buenas noches dulcísimo príncipe
Y que coros de ángeles salgan a recibirte.
Nicanor Parra.
Versos de Parra y Hamlet.
Epílogo dos
Ya no sé si es pertinente o no esta separación,
pero es necesaria. Pero las noticias sobre tu partida Belano
no cesan. ¿La inmortalidad es una cosa que amerita
un muerto?. No sabemos. Nocturno de Chile será lanzado
en Estados Unidos, por Susan Sontag. Ya estaba bueno que la
narrativa chilena llegara hasta California. Estás abriendo
un sendero, Bolaño, gracias de antemano. Las traducciones
de tus libros, llueven como si Babel hubiera estallado en
una calle de Bagdad. Alguien dijo que eras un perdedor. La
literatura, digo, es una resta del cero al cuadrado, cuando
es verdadera.
Un adelanto, es el final de cualquier
comienzo que no lo tiene. Este es un párrafo al azar
de la novela 2666, de nuestro inefable 666.
“Belano llega a Chile con un
turbante azul. Lo están esperando en el aeropuerto
“Pablo Neruda”, un representante del Orfeón
de Carabineros y del Grupo Móvil, uno de la DINA, otro
del CNI, un Sargento vestido de las cuatro armas, un miembro
del Ejército de Salvación, un delegado de los
Canutos de Chile, un representante de la Sociedad 4 Jinetes
del Apocalipsis, un delegado semioficial de Los Amigos del
Tata, un lector aventajado de Nocturno de Chile, un miembro
honorario de la Fundación Neruda, una joven escritora
asidua a la SECH, el agregado cultural de México y
España (países de exilio), un redactor de El
Mercurio, un secretario de la Academia Panameña de
la Lengua, una oficial de turno del Ministerio de Educación,
un Subsecretario de La Moneda, un detective civilizado, un
representante por los Senadores Vitalicios, un representante
por cada Campo de Concentración de Pisagua a la Isla
Dawson, el último Edecán del Paciente Inglés,
un miembro de la Diáspora escogido de a dedo, un vocero
de la Colonia Dignidad, un dignatario del Opus Dei, (en una
cajita las mancuernas de uno de los desaparecidos), tres mil
pancartas con fotos de los que aún no se encuentran,
Gracias a la Vida de Violeta Parra llena de recuerdos el aeropuerto,
(Belano va sobre el aire de su propio impulso), alguien grita
viva Neruda, país de poetas, una monjita llega con
un retrato de Allende, varios Parlamentarios alzan un carteloncito
con la leyenda siguiente: ”La Concertación es
una realidad”, una delegación de los nietos del
Tony Caluga, trae su consigna: “Chileno no te sientes,
Chile está de pie”, Belano sigue avanzando y
firmando de memoria, ya sólo deja la B en las primeras
páginas (un cargador de maletas que tiene su ejemplar
auto biografiado interpreta la segunda letra del abecedario:
” bueno, bonito, barato,” al fondo se divisa por
sus alas lo conoceréis, el angelorum de Parra, Y lo
declaran, al entregarle las Llaves de la Ciudad, Belano Ilustre
hijo Trotskista, Iconoclasta, Trasgresor Supremo de la Literatura
Chilena, con asiento en Santiago del Nuevo Extremo. Belano
comienza a firmar los últimos autógrafos con
la mirada, y de pronto al prusiano ritmo de Lili Marlen, se
anuncia la muerte del Inmortal Capitán General, y todo
Chile comienza a bailar Regué. |
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