| Punch
Drunk Love (embriagado de amor es el titulo en español
que le pusieron en Chile), traducido es algo así
como golpe de amor, y efectivamente esta inusual, más
que original, película es un verdadero golpe
al espectador, en dos sentidos.
Primero golpea fuerte al espectador sugiriendo y proponiendo
una historia de amor melosa, romànticona, como
se hacían y hacen muchas veces en la historia
del cine para llenar taquillas con actores y actrices
taquilleros y cuyo único logro es emocionar o
llegar más o menos al corazón del espectador.
Pero eso solo es una apariencia, pues abajo no solo
hay mucho más, sino todo un mundo más.
Segundo, esta película tiene la extraña
e inquietante virtud de reflejarnos la vida más
que en un sentido realista, desde una perspectiva y
sensibilidad muy personales, desde las sensaciones,
impresiones, y perspectivas de su personaje, Barry Egan
(en un espléndido y sorprendente desempeño
de Adam Sandler), en una atmósfera un tanto bizarra
y con colores que llenan al film de una visualidad sicodélica,
enrarecida, con una música llena de contrapuntos.
Lo que llena la película de un ritmo, atmósfera
y textura sensitiva muy particular, a medio camino entre
un mundo visto desde el velo de la cotidianidad y la
dureza de una vida llena de expectativas irresueltas
y no cumplidas, de los temores confirmados, de la soledad
cotidiana, de problemas de integración, angustia.
Todo un corolario de actitudes, sentimientos y sensaciones
de un personaje principal de antología que refleja
la sociedad actual que en la explotación y utilización
del ser humano ha construido un ser solitario, desesperado,
angustiado, reprimido.
Un ser humano a punto de explotar y sin poder hacerlo
por temor de perder su trabajo, sus amigos, familia,
un mundo que se confirma solo con el buen comportamiento
y donde las insatisfacciones son enterradas por el ritmo
cotidiano de pedir una pizza solo para uno, llamar a
un fono sexo. Caminar por las calles y abrir el negocio
si perspectiva de plenitud.
La película nos habla de la vida plana de Barry
Egan, un pequeño empresario que distribuye dispensadores
de dulces, un ser solitario torpe y acomplejado, reprimido
y jodido por sus siete hermanas que lo tratan como un
subnormal y un fracasado y que el único acto
de amor es presentarle a una inquietante, dulce y extraña
mujer (interpretada por Emily watson, actriz conocida
por la tremenda película “Contra viento
y marea” de Lars Von Traer en el cine Dogma, en
una interpretación que combina calidès
y frialdad) que lo acepta a pesar de sus indecisiones
y trancas y lo ama, desde ese momento Barry empezará
a poner puntos y aparte en si cobarde vida, empezando
a tomar decisiones y jugándose por alcanzar la
felicidad.
Embriagado por amor es una film verdaderamente crecedor,
impresionante, maravilloso y lleno de sentido, riesgo
y puntos de vista, pero también es un film duro,
extrañamente duro, triste, fría a pesar
de hablar de una historia de amor, como si el amor fuera
la última oportunidad de dos seres de rasgar
la capa asfixiante de una vida anodina y sinsentido,
de una sociedad sorda de su propia criatura, el ser
humano.
No en vano embriagado de amor es una película
de Paul Thomas Anderson (no confundir con el Paul Anderson
director de “la Nave de la Muerte” y de
“Resident Evil”), realizador de la titánica
“Magnolia” y de “boggie Nights”,
un artista que ha salvado al cine norteamericano de
su autocomplacencia y de su vacío temático
y que llama la atención por temáticas
que reflejan el vacío del ser humano detrás
del velo de sus logros profesionales o de su imagen,
el ser humano que no importando cuanto logre o como
viva, que profesión ejerza o como sea su personalidad,
pugna por encontrar el sentido, el amor, el cariño,
una relación plena, un vida sin artificios, todas
las cosas que esta sociedad de mercado se ha encargado
de desterrar en su carrera de control, poder y utilización.
Es en esta película que Paul Anderson sigue con
su saga existencial, de seres desnudos de si mismos
y por tanto desnudos de la plenitud, del sentido, vacíos,
pero que luchan, vaya si lucha.
En un momento de la película el protagonista
le dice al mafioso interpretado por Philipp Seymour
Hofman, no te atrevas a hacerle daño a mi amada
por que si no destruiré, por que ahora tengo
el poder que me da el amar.
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La insanidad puede darse en
muchas partes. Todas las personas de repente cometen
actos de barbarie por distintos motivos. De ahí
proviene la famosa cita bíblica: “El que
esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Y, sin lugar a dudas, que en esta película viene
como anillo al dedo a todos los personajes. Filme de
episodios, se encuentra dirigido por Paul Thomas Anderson,
director de cine independiente que nos ha entregado
valiosas cintas como Magnolia y Boogie Nights.
Si bien esta no es de sus mejores
películas, hay que decirlo de antemano, tampoco
se puede negar su extraordinaria belleza en cuanto a
las imágenes, y las grandes actuaciones que entregan
sus personajes. Filme completamente de humor negro,
nos muestra a un hombre que lo único que hace
en su vida es vender cosas en mal estado en su garage,
junto a otro socio, y juntar alimentos para poder viajar
gratis. Un día, por causa del azar, dejan frente
a la puerta una pianola, y además conoce a una
joven. Esto, más el maltrato psicológico
que sufre por parte de sus hermanas, y un hecho que
le sucede, que lo lleva a ser amenazado, golpeado y
atacado él junto a su novia, hacen que saque
actitudes como si estuviera borracho, y de una fuerza
interior, logre acabar con todo lo malo que hay en él.
Filme raro, pero de una belleza
encantadora al mismo tiempo, nos hace referencias con
el manejo de los colores entre un segmento y otro, a
esas viejas películas románticas hollywoodenses
de los años ’50, pero, con un tratamiento
musical que le imprime fuerza y gravitación a
esas imágenes.
Filme duro, con un Adam Sandler
que en todo momento es su propio antagonista, que disluye
su fuerza interior a través de fuertes y violentas
acciones, nos trabaja un ser que es un solitario, pero
que al llegar el amor a su vida, es capaz de renunciar
a muchas cosas con tal de estar con él.
Propio del estilo del director,
en este filme nos entrega un símbolo muy duro,
y que está presente, ya sea física o tangencialmente:
se refiere a la famosa pianola, que es el elemento de
la dulzura de él, su belleza interior que, ante
tanta violencia extrema que sufre, más la violencia
psicológica que sufre por parte de sus hermanas,
hacen que se coloque la barrera externa que no le permite
ver el interior. Pero la mujer que conoce, que siempre
que ve el instrumento se lo menciona, hace que al final
ese instrumento pase a ser parte de ambos, abriéndose
él definitivamente hacia una persona.
Tal como se dijo anteriormente, es un filme extraño,
no lo mejor de la cinematografía de este joven
director, pero si un buen hincapié para ver el
verdadero talento de un comediante que siempre nos insinuaba
algo, y que aquí lo dejó bien claro: es
un actor de verdad.
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