El tiempo sólo exonera
el tiempo, no los crímenes. La memoria es una
minusválida que sólo recuerda El Paseo
Ahumada. La Convivencia Nacional es una actriz que
ejerce de modista en San Pablo, pero que por las noches
patina por Apoquindo.
El Pasado se oculta de un
hermano chirimoyero que buscan los tiras para reclutarlo
en la Operación Tres Álamos más
un Pino insigne, igual un ataúd. Santiago no
está contaminada, los demás se limpian
en Sandrico y al seco. La democracia protegida, se
fue a dar una vuelta al Zanjón de la Aguada
con permiso para pasar por los retenes, pero solo
al mediodía y vestida de marinero. La Esmeralda
no arribó en todos los puertos, porque se le
pudrieron algunos cadáveres en cubierta y aún
huelen mal. Es un velero blanco, puro, inmaculado,
que debiera anclarse en el Mar Muerto. La Caravana
de la Muerte sigue dando vueltas hasta que se encuentre
el último desaparecido, como si fuera el grumete
de la baquedano. Mientras, Lily Marlene suena para
todos nosotros, en el Cementerio General, y un guanaco
apaga de un salivazo la flama de la libertad. Aplausos
en la carpa del Tony Caluga, y Raúl Ruiz filma
la inocencia perdida, a partir del mediodía.
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Que venga Raúl Ruíz más seguido al país
para interpretar la Realidad Nacional, que se escapa como
la oruga que quiere ser mariposa. Corre película, dijo
el maestro, y se borró el país.
Kafka ya se paseaba por el café
Haití, y lo verán haciendo noticia en unos meses,
en el Chile del palo ensebado que cebó a unos cuantos.
La ciudad de la adrenalina. Mi ciudad. Y Love Santiago. All
the way. No me digas, ámame o déjame, como me
dijo otra ingrata, petulante, a miles de kilómetros,
sin smog, pero con una bahía que huele a muerto. Déjame
amarte en la distancia y en la proximidad de mis horas, en
el vacío agusanado que deja tu ausencia de lúgubre
paloma. Soy tu arrepentido volantín chupete que se
fue cortado un día en septiembre y en primavera. Vuela
hacia mi pecadora, que estoy enterrado en el manglar de mis
días. No soy tu hijo alado de LAN Chile, sino un convicto,
prisionero de lo que tú y yo fuimos algunas vez. Mígrame
tú ahora que yo te miro a los ojos. Desocupa mis valijas,
llénalas de pequeños cantos sin lamentos. Sé
un poco menos astuta, y déjate ver la suerte, gitana
mía. Necesito sentir el olor a lúcuma, al paisaje
que te puebla las raíces de los zapatos. No finjamos
más, el horror existe. Si me autorizas al desenfado,
no entraré al Ejército de Salvación.
Nos nacemos cada día, eso te lo aseguro, reina siempre
te prolongas en mis muros. Tú ya sabes de estas cosas
y mejor no digas, palomita, chorlito de mi vida. Así
están las cosas, vieja querida. Sigamos con nuestra
historia. Es mejor que no me dejes hablar. El recuerdo es
un candado sin orejas, más ciego que un ratón
recién nacido, pero que ya sabe que se comerá
el queso. La Libertad no es un queso, sino la trampa del gato
de turno. Podríamos llegar al infierno, Señora,
mejor quemémonos con estas bracitas que ya no hacen
verano.
Beneméritos en el olvido, impunes
en la vergüenza, vitalicios del horror, a dedos todos
montados en la bicicleta del Tony Chalupa. El país
todavía espera un Caupolicanazo. La cachetada del payaso
para despertar. Todo era ficción, venga un abrazo mi
amigo. Alguien lo bautizó, Chile Actual, Chile desigual,
Chile para olvidar Chile, Chile Fértil provincia para
algunos, Chile tigre sureño con menos raya que un gato
con tejado de vidrio, aunque propio, y cola de paja. Transformismo,
dijeron los expertos, tránsfugas, más bien,
entienden los marginados en el trapecio sin red. A globalizar,
que el mundo se va acabar. Entremos al manicomio del mercado
a pulso, confiados, ovejas descarriadas en el impulso personal
de la vida y con un empujoncito de las instituciones públicas
y privadas.
El país no necesitó
carnaval, porque era un fantasma vestido por un sastre inglés.
Un par de fracs con sus polainas y se armaba una parada militar.
Charles Chaplin nos había dejado sus bigotitos y Fritz
el casco redondo de bacinica .Ya se nos había venido
la Primera y la Segunda Guerra Mundial de golpe y porrazo.
Lo peor es que no habían Aliados. Más bien líos
por todos lados. El litriado corría por cuenta de la
casa. Más un arroyado. Listos para ver caer a la selección
chilena. Instalados en el casi. Y meterse una de dos días
por La Vega Central, Pancho Cauceo, El Chancho con Chaleco,
el Guatón Loyola, Chez Henry que en paz descanse, IL
Bosco, que ha resucitado, de paso por El Parrón y si
aun queda ánimo, darse una vueltecita por la adolescencia,
a Las Lanzas.
Mea culpa, una palabra de orinal cuando
en verdad no se asume la culpa. Y viene a ser como tengo la
viga pero es en tu ojo. Además de los muertos, desaparecidos,
torturados, expatriados, exonerados, cargar con la Mea Culpa
y la viga en el ojo, sólo falta ponerse a buscar la
aguja en el pajar...tugar..tugar...
Parecían tortugas con sus chalecos
contra balas, hombres ranas y con pensamiento de dinosaurios,
levitaban como lagartos en el atardecer de Chile. Qué
paisaje para tantos muertos. Toda una geografía para
sepultar la vida. Y el río que nos acompañaba
con sus aguas muertas, chocolates, la inmundicia estancada.
A otro perro con ese hueso, que ya
no le queda pellejo. Con el resto se emparejan las fosas comunes
y se les da una manito de cal de repello.
Volvamos a la época del Circo
de las Águilas Humanas, que el Cóndor nos ha
quedado mal. Pájaro de cuentas, ave de mal agüero.
Con esta historia reciente, sin duda, perdió altura,
un ave que vuela más alto que la Cordillera de Los
Andes. Un vulgar pajarraco en vez de sentirse orgullosamente
el rey de las alturas.
Condorito tiene más méritos.
Sin duda. Vivió su vida real en Pelotillehue, sin mayores
ostentaciones, con las mínimas fantasías populares.
Yayita, el Compadre, la Suegra, el Huevo Duro, Cabello de
Ángel. Los problemas de una familia común y
corriente, al menos, en nuestra época, en que nos mandábamos
a hacer los pantalones al sastre. Qué desastre lo que
después ocurrió. El de Rancagua, el 21 de mayo,
la Matanza de Iquique, Puerto Montt, José María
Caro, Pisagua rebautizada, la ley maldita a perpetuidad y
amplificada. Y de paso, ese amor por los libros: a la Guillotin.
Ya no estábamos en el paseo
de Las Delicias. Expresos íbamos en la Cuca de los
pacos a la morgue sin certificado de defunción. Los
tiempos, dicen, no están para Mea culpa. Ni para culpas
enteras. Es más fácil caminar al revés.
Mirar dar vuelta las esquinas. Pensar en Popeye el marinero.
Yo quiero olvidar.
La Mistral tuvo razón y siempre.
Raza espesa de mineros y pacos. Duros de roer como las lumas,
discriminadores además. Y a ella que la acusaron de
ladrona y le adjuntaron el mote de lesbiana. Perdonen la siutiquería,
pero para inflar globos, los chilenos. Es que siendo tan ricos,
nos portamos como un país de a peso. El país
debiera ir a una última Teletón por la salvación
nacional. Que nadie se arrugue. A defender la camiseta. Y
todos definitivamente bien portados, con cara de Primera Comunión.
O de Te Deum, para los mayorcitos más solemnes. Estamos
a tiempo aún de prenderle una velita al cura de Catapilco,
un salvador de la patria ad honorem. Es que si no hacemos
historia, la inventamos.
Que la Plaza de Armas se habilite
para desarmarse. Como en una posada medieval, dejar las armas
y que el Ejército de Salvación Nacional entone
un último himno, a petición del público,
sin las estrofas que agregaron los Caballeros de Chile.
Todos somos chilenos. Comemos mote
con huesillo, porotos con rienda, empanadas, vino tinto, cazuela,
porotos granados, chacareros y toda la saga de sandwiches,
guatitas, prietas, asado, andamos en Metro y por un milímetro
llegamos atrasados al trabajo y nos olvidamos de los atardeceres
porque se fueron con el smog a darse un baño turco
(sauna), detrás de la cordillera.
Quisiera leer El Peneca. Olvidarme,
sólo olvidarme, y no sé si me creerán.
Formo parte del olvido. Nací en el pasado. Pero no
existo.
Lo recomendable es hacer yoga, para
comer menos, estar más elástico y caminar, pensar
hacia dentro, olvidarse de los impuestos. Y en lo posible,
el ideal sería vivir en una casa rodante. Y echarse
a rodar, rodar, sin paradero, para que el Chile Actual fenomenal
no te pase la cuenta por respirar. Las carreteras te bajarán
a la realidad con los peajes. Un túnel, por poco iluminado
que esté es un orificio largo para acortar una ruta
y salir al otro lado. Más allá, sigue el país,
sin smog, como un largo río que no se apaga. Los lagos,
los océanos que por fin chocan y hacen fin.
Sólo te pido un último
favor, déjame ver tu vitrina para traspasar tus cristales
y saber que hay detrás del espejo.
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