La fisonomía urbana
y la estructura social de las ciudades está
cambiando progresivamente en todo el mundo. Los nuevos
procesos de urbanización producto de tendencias
globalizadoras tanto económicas como informacionales
de las sociedades, comienzan a relacionarse con las
formas espaciales existentes, dando lugar a una nueva
estructura urbana que caracteriza nuestra época:
un paisaje generalmente inconexo que ha dejado de
ser el reflejo físico de una comunidad con
una estructura clara y dialógica.
|

|
La ciudad es hoy un territorio diversificado, conformado por
fragmentos sujetos al equilibrio precario de las fuerzas políticas,
económicas, históricas y culturales, equilibrio
en cual las dos últimas, parecieran tener cada vez
menos ingerencia, ya que el rico tesoro de experiencias y
memorias, algunas de ellas encarnadas en objetos físicos
o lugares concretos y otras representadas por modos de vivir
o de percibir, presentes en la ciudad, está siendo
claramente amenazado por un desarrollo inmobiliario no siempre
consciente del contexto en el que actúa, conspirando
directa o indirectamente contra la permanencia de la memoria
urbana.
La arquitectura y el urbanismo como
disciplinas que actúan directamente en la conformación
de la ciudad, se han ocupado tradicionalmente de la forma
de interrelación de las fuerzas señaladas, pero
¿qué sucede cuando predomina la acción
del mercado acompañada de una normativa ineficiente
en el territorio urbano ? ¿Qué importancia tiene
el conocimiento público de los cambios en un espacio
que pertenece a una colectividad?
En el caso particular de la ciudad
de Santiago, los cambios en la estructura urbana central se
han sucedido como en la gran mayoría de las ciudades
del mundo, y sus habitantes se han visto enfrentados a un
proceso de “Renovación Urbana” basado fundamentalmente
en una densificación en altura. Sin embargo, y pese
a los buenos resultados que pudieran exponerse, este proceso
en muchos casos ha causado un impacto negativo para la imagen
de la ciudad, al intervenir espacios cuyo significado y valor
para la memoria urbana de Santiago, se han perdido completamente.
Esto no quiere decir se deba congelar
los lugares que se presentan valiosos para el patrimonio urbano
(entendiendo este término más allá de
lo estrictamente físico) como momificaciones de un
pasado mejor, sino que pensar en el desarrollo actual de la
ciudad, como una transformación del pasado, que se
alimenta de la experiencia anterior, en cuanto relaciones
del espacio construído y sus habitantes.
Dentro de este marco, se sitúa
un caso recientemente dado a conocer a la opinión pública
por la prensa, y que reviste todas las condiciones antes expuestas
para convertirse en uno más de los ejemplos poco felices
de intervención en el centro de nuestra ciudad. Se
trata del edificio del antiguo Colegio de las Monjas del Buen
Pastor, ubicado en la esquina norponiente de las calles Santo
Domingo y Mac-Iver, cuya existencia está siendo seriamente
amenazada por la presentación a la Dirección
de Obras Municipales de la I. Municipalidad de Santiago, de
un anteproyecto de una torre de departamentos en su lugar.
Este edificio es parte de un conjunto
que incluye la Iglesia de San Pedro, que está declarada
Monumento Histórico (DS N°705, Ministerio de Educación
de fecha 08/10/1990) y el claustro, así como también
crea la esquina con otro inmueble protegido como lo es la
Casa Velasco (DS.N°6006, Ministerio de Educación
de fecha 10/09/1991). El valor del edificio, obra del arquitecto
Emilio Doyere, trasciende el objeto mismo y se traslada a
la importancia de ser el único conjunto completo de
este tipo que permanece hoy en el centro de Santiago y a las
especiales condiciones de continuidad espacial, unidad, proporciones
y escala, presentes en el sector en el que se emplaza. Su
desaparición por lo tanto, provocaría una nueva
pérdida para la memoria de la ciudad, un cambio radical
en la conformación de un perfil construído y
una nueva desconexión en comprensión total de
los modos de experimentar el espacio urbano santiaguino.
Frente a lo expuesto, consideramos
de gran importancia expresar la preocupación que no
sólo debiera surgir desde el ámbito ligado a
las disciplinas responsables en gran medida del “hacer
ciudad”, sino de todos los habitantes de ésta,
respecto de cómo se están realizando las nuevas
intervenciones en Santiago y en qué grado se impacta
tanto su medio físico como su identidad cultural y
social.
En este sentido y ante la existencia
de un organismo cuya función se orienta a la preservación
de los valores patrimoniales de nuestra ciudad, pero que en
este caso no ha desempeñado un papel en pro del resguardo
del caso expuesto - el Consejo de Monumentos Nacionales- es
que surge la interrogante acerca de cuál es la postura
de esta entidad ante un hecho como éste, que no es
más que un ejemplo de una lista de mayor no conocida
públicamente, como la reciente demolición de
la antigua casa del artista Roberto Matta.
Finalmente consideramos que vale la
pena cultivar las memorias urbanas, ya que la conciencia del
lugar está fundamentalmente construída con historia,
y es esta misma historia la permite que una ciudad se desarrolle
integralmente y posicione en la vanguardia del escenario de
la globalización actual. ¿Debemos mirar una
vez más ejemplos de ciudades extranjeras para reconocer
que la identidad urbana descansa tanto en la responsabilidad
de los políticos, inversionistas, urbanistas y arquiitectos,
como también de los ciudadanos?.
|
| responsabilidad
sobre los contenidos |
| los
contenidos de los artículos publicados en Sepiensa.cl
son de exclusiva responsabilidad del Autor y no representan
necesariamente el pensamiento del Equipo Editorial.
|
| reproducción
de los contenidos de este artículo |
| Para
reproducir, total o parcialmente, el contenido de este
artículo debe solicitar previamente autorización
a editor@sepiensa.cl
indicando el medio, digital o impreso, en que se realizará
la publicación. |
|