No debiera ser tema ya o,
por lo menos, significar el más mínimo
asunto de sorpresa, el desenfreno ciudadano a través
de las pantallas. Siempre desmedido no permite casi
reflexión alguna o de otro modo, cualquier
intento de teorización -por su lentitud- queda
obsoleto apenas dicho.
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Pero es una verdad grande. Las calles
casi vacías reflejadas en espejos llamaron la atención
a Benjamin, montaje que por lo demás, fue una de las
fantasías más caras de quien pudo haber sido
el último rey de Francia.
Igual que los cafés llamados
“con piernas” (dado que las orejas de las tazas
con cariñosamente manoseadas por mujeres en ropa interior),
los monitores de 14 o 27 pulgadas, tienen un mismo fondo.
Ambos parecieran necesitar de la misma penumbra, unos (hasta
ahora) con cristales polarizados y apenas sugiriéndose
hacia la calle con un neón y los otros, en su formato
público, anunciándose con cabinas privadas.
La vista hace prisioneros. Sexo, por supuesto no en esas cuatro
letras, sino con la refinación de una erótica
indigente. Todos los signos puestos (dejados) sobre una sola
dirección. (hazme tuya)
Una imagen que no me pertenece describe
estos indefinibles como superposiciones a las tramas de la
ciudad. Dicho ahora se torna banal. Ya lo había advertido.
Pequeñas e inconstantes emanaciones se recortan sobre
las geografías que conocemos y las cuales se cree pertencer.
Chat en pueblos mudos. 200 personas comparten a turnos él
único teclado a kilómetros a la redonda. Escriben
apenas: pq, tb, mmm, caricaturas y gruñidos. Con quién
hablan, de qué?. Palabras de mujer, se van con el viento.
Persona normal entra, toma asiento
y se torna anormal. Sus pasiones que no existen en los terrenos
de la civilización han encontrado suelo en el evaporado
ambiente de sus contactos. Gente busca gente. Quiero hablar.
Es más, diré las cosas que nunca diría
viéndote la cara, pero ahora que no la veo, me imagino
siempre que asientes y mis palabras te son agradables. No
es necesario insistir en que por mucho, los movimientos más
intensos los tienen los sitios de pornografía.
Quiero una pequeña tabaquería.
Hay subterráneos llenos de tarros, con ventiladores
y un zumbido constante. Ojos rojos y caras transpiradas. Ansiedad.
Desde sus cuatro esquinas mi mundo es un juego de muerte.
Giro un muro con un leve movimiento de mi índice y
disparo. Sí puedo eso, puedo levantar montañas
Pero salgo y me faltan monedas para la micro, camino pensando
en unas fotos que me llegaron de una camarita en algún
rincón de algún lugar del mundo.
Sí, algunas veces y no hace
mucho tiempo, fue considerado casi subversivo perderse en
las calles de una ciudad desconocida.
Et quand vint l’heure du courrier,
je me dis ce soir-là comme tous les autres: Je vais
recevoir une lettre de Gilberte, elle va me dire enfin qu’elle
n’a jamais cessé de m’aimer… Tous
les soirs je me plaisais à imaginer cette lettre, je
croyais la lire, je m’en récitais chaque phrase.
Tout d’un coup je m’arrêtais effrayé.
Je comprenais que si je devais recevoir une lettre de Gilberte,
ce ne pourrait pas en tous cas être celle-là
puisque c’était moi qui venais de la composer.
Proust, Du côté de
chez Swann
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