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todas la virtudes de esta película puede ser
una ardua tarea, ardua en el momento en que nos topamos
con una obra tan fresca, ligera, ágil y entretenida
a la vez que profunda, como la trama que nos trae este
film, en torno a como construir una identidad satisfecha
de si misma, que no tiene miedo de verse en retrospectiva
ni en el cumplimiento de sueños presentes y futuras;
cómo amar, de que forma alcanzar la independencia
mental, como disfrutar plenamente los momentos y también
aprender a sufrirlos sin quitar los dos cachetes de
la jeringa de la vida.
Es un film infinito en sus
enseñanzas y en sus reflexiones, dependiendo
de quien la vea, en que momento y de que forma.
La historia es simple, un joven estudiante Francés,
de la carrera de Economía, de veintitantos años,
Xavier (un entrañable y destacadìsimo
Romain Duris), decide incorporarse al programa de intercambio
estudiantil Erasmus, donde cientos de jóvenes
estudiantes tienen la posibilidad de continuar estudios
en cualquier país de la Unión Europea
con la posibilidad de poder conocer culturas distintas
y convivir con Europeos de todas las nacionalidades.
Xavier, francés acomodado
y burgués, decide estudiar en Barcelona, iniciando
un deambular por distintos albergues, sin encontrar
lo que desea: un lugar donde pueda compartir con otros,
sentirse parte de algo, de una nueva familia.
Es el deseo no tanto de estudiar
en otra ciudad como la de distanciarse de las presiones
y expectativas paternas, la que lleva a Xavier a “postular”
a vivir con un grupo de jóvenes inmersos en la
misma experiencia “Erasmica”, que comparten
vivencias y gastos en un departamento, integrado por
cuatro hombres y tres mujeres de las más diversas
nacionalidades, con un Alemán (Iddo Goldberg),
una Española (Cristina Brondo), una Inglesa (Kelly
Reylly), un Danés (Christian Pagh), el hermano
de la Inglesa y la cautivante e independiente Isabelle
(Cecil De France), belga que se roba la película
con su carisma y que inicia a Xavier en un viaje hacia
la exploración de sus emociones y la posibilidad
de salir del cascarón de la comodidad.
Piso Compartido trata justamente
de eso, de la convivencia que se produce entre todos
estos seres, en torno a la figura de Xavier, que tal
como describe su Director (Cèdric Klapisch, quien
también paso por la misma experiencia en Canadá)
es apreciar la magia del orden en la confusión,
la confusión que se produce en la convivencia
diaria entre personas que hablan distinto, piensan distinto,
pero que logran formar una comunidad donde la solidaridad,
la complicidad y el apoyo es lo único que tienen.
Este es un film de iniciación,
de cómo una persona cerrada, llena de prejuicios,
se habre y logra armar su propia vida y conocerse, es
una historia de viaje, de viaje interno.
En ese sentido está
en la tradición de la estructura Homérica
de Odisea, las peripecias de un personaje central, de
la mano de una Europa, que como su propio Director define,
es joven y vieja al mismo tiempo, en su búsqueda
de una integración nueva de distintos países
y mentalidades, en una vieja Europa de prejuicios y
desconfianzas que se habre camino a la tolerancia y
a la integración.
Ese mismo camino es el que
recorre Xavier, que llega a Barcelona con una relación
a cuestas y que al ir conociéndose, descubre
que ya no desea estar con su pareja, Martine (una Audrey
Tatou totalmente inédita y distanciada de su
rol en Amelie), que no quiere estudiar economía
y que no quiere nada de lo que inicialmente eran certezas.
Todo esto para terminar con
Xavier trabajando en una gran multinacional, en una
oficina de dos por dos? ¡no!, para realizar sus
sueños, sin que importe el asegurarse su futuro
económico, encadenándose a un trabajo
estable, que le vaya carcomiendo sus sueños,
como cuando se mira a si mismo de pequeño en
un video, cuando quería ser escritor y le responde
que no lo va a defraudar.
Ya en el siglo quince, Leonardo
Da Vinci escuchaba de su Tío Francesco la máxima:
“no hagas lo que quieras, haz lo que sientas”.
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Cuando uno ve una película
como Piso Compartido, no puede sino agradecerle a Dios
el hecho que haya directores con una visión de
mundo tan especial y sensible como para llegar a entregarnos
una película tan maravillosa como ésta.
Bella en todo su contenido, nos habla de la libertad,
pero no la libertad de ser libres, sino de tomar decisiones
que nos lleven a lograr comprender mejor el mundo.
Película dirigida
por Cédric Kaplisch, un director del cual no
habíamos podido ver nada de él anteriormente,
nos entrega una cinta fresca, llena de encanto, y sublime
en todos los momentos. La historia nos remota a un joven
que es enviado a España por sus padres para que
estudie Economía y domine la lengua española.
Ahí se aloja en un albergue estudiantil, donde
convive con estudiantes de diversos países: España,
Alemania, Suecia, Inglaterra, Italia y Cataluña.
Y logra contactarse con otras culturas, las cuales le
entregarán un amplio sentido de la libertad y
del amor.
Esta película
renace justo en los momentos en que la Unión
Europea está comenzando a nacer y a unirse. Los
países ya no tienen fronteras, sino que están
unidos por una moneda y una mente en común. Y
si bien estos jóvenes tenían idiomas diferentes,
había algo que tenían en común:
el lenguaje del corazón, de la libertad, lo que
nos conlleva a una película que nos entra en
contacto, un contacto con la humanidad que hay dentro
de cada uno de nosotros.
Esta es una de las grandes
características que conlleva a Piso Compartido,
el que sea humana, en donde cada uno de los personajes
está representado no sólo por su país,
o ciudad natal, sino que logra intercalar una unión
difícil de hallar en estos momentos: la unión
juvenil, la de la no violencia. Es por esto que encontrar
una película como ésta en estos tiempos,
más que dar alegría, es dar agradecimientos
porque existen personas con la suficiente humanidad
para entregarnos algo que va más allá
de las imágenes y de la historia: el alma. Gran
filme.
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