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se ve una película cómo El Circulo (ganadora
ni más ni menos que del León de oro al
mejor director del festival de Venecia), viene a la
mente la palabra testimonio, un paso más allá
del documental, donde se muestra una realidad cruda,
al desnudo, pero también una denuncia y al mismo
tiempo una declaración de principios.
Una mirada sobre una faz olvidada, disminuida por un
imperio legal y cultural de hombres, poner la mirada
en el lado b de un cassette, he ahí la fortaleza
de esta película, que en su naturalismo nos recuerda
la instantánea de un momento más que la
dramatización, pero hilada a través del
fino hilo narrativo de un director involucrado con su
historia.
Estamos en el Irán actual (heredero del imperio
persa), concretamente en el 2000, donde vemos, presenciar
sería más exacto, un momento en la vida
de cuatro mujeres, que en el contexto de una historia
coral, son mostradas una a una después que han
salido de la cárcel sin que se sepa bien el motivo.
Primero se nos muestra el devenir cotidiano, entre mercados
y calles atestadas, de dos amigas (una de ellas es la
que aparece en el afiche promocional de la película,
Narges Mamizadeh), que sueñan con escapar del
acoso y estigmatizaciòn social, hacia un paraíso,
una tierra indeterminada, tan difusa como las esperanzas
de estas dos mujeres.
Son la faz Joven de esta historia coral, dos mujeres
sin mayores ataduras que ven en el viaje su huida y
su esperanza, es la metáfora de una búsqueda
que se transforma en huida, y una huida que necesita
de una búsqueda, es una dicotomía que
cualquier inmigrante ha sentido, y que se siente en
carne propia cuando el imperio de la no pertenencia
choca con un mundo ya construido, ya ajeno.
Es en el devenir de estas dos jóvenes, un destino
impuesto de favores suplicados y explicaciones conspirativas,
que el viaje en bus hacia su paraíso se va ahogando.
Una de las amigas tiene que abortar el viaje en el último
momento, nunca queda clara la razón, pero da
lo mismo, los motivos son tan estúpidos como
la propia represión y exclusión que sufren
las mujeres en Irán, es como si el Director (Jafar
Panahi, creador de otro gran film, El Espejo) nos dijera
que no centremos nuestra mirada en las explicaciones
sino en los hechos de una realidad ciega, sorda, muda,
que habla a través de sus movimientos, de sus
hechos.
Justamente el realizador va hilando cada una de las
historias con la siguiente, por medio de una toma donde
se encuentran fugazmente las protagonistas de cada tragedia,
sin interactuar, sin verse, sin encontrarse, como un
gran circulo de historias emparentadas, pero que nunca
se reconocen.
La segunda historia nos habla de otra Mujer (Feresteh
Sadr Orfani, una tremenda actriz, la mejor actuación
de la película) de edad madura, que al salir
de la cárcel (al igual que todas), busca desesperadamente
realizarse un aborto.
De esa forma el director nos va mostrando no solo la
realidad desde las distintas edades de estas mujeres,
sino también de las diversas formas de opresión
que sufre el género femenino. Una realidad que
no solo remite a la represión de una sociedad
que la disminuye y la trata como un infante, si no que
la priva de decisión en temas tan propios como
su propio cuerpo, una realidad que no nos es ajena en
lo absoluto.
Una serie de efectos de la represión de esta
sociedad patriarcal y fundamentalista van desfilando:
una mujer que desesperada por su pobreza, abandona a
su hija (uno de los momentos más conmovedores
de la obra); una prostituta que es detenida por ejercer
la profesión que le da el sustento; una enfermera
que oculta su pasado de mujer encarcelada (y, por tanto,
manchada) a su marido médico, para no perder
su posición social privilegiada; unos que hombres
hechan a su hermana de la casa de sus padres, que la
han amparado, por haber estado presa. Mil abusos, y
solo razones tautológicas, que no tienen otra
justificación que su propia instauración
arbitraria.
El Circulo más que ser una obra artística
(que también lo es), es una obra documento, una
obra denuncia, que nos muestra una realidad de primera
mano y lo que es más importante, jugándosela
por una posición en un contexto nada fácil.
Opta por mostrar sus historias no desde el discurso
sino desde la vivencia, con cámara en mano muchas
veces, mostrando todo el desamparo de estas mujeres
desde el mismo instante que salen de la cárcel.
El final es coherente con el circulo, con uno viciado
de abusos, sin sentido y soledad.
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El cine iraní
siempre se ha caracterizado por mostrar películas
en donde se le de gran importancia a lo eterno, historias
que parten de una situación, y luego se van desencadenando
hasta llegar a una situación igual o parecida.
Dentro de esas historias, siempre los personajes centrales
son personas o niños que están en desigualdad
frente a los demás. Esto logra permitir a los
directores crear su propio mundo de denuncia frente
a las desigualdades que ocurren en dicho país.
Es de esta forma que Jafar Panahi, el director de esta
interesante película, nos recrea a través
de las imágenes a un grupo de mujeres que van
viviendo las injusticias de un medio en donde el papel
femenino ocupa la instancia de ser solamente un rol
que actúa frente a las actitudes machistas del
hombre.
La historia, sublime
en muchos momentos, es de orden coral (no hay un solo
protagonismo, sino que está dividida en segmentos,
y cada segmento tiene su propio protagonista) nos muestra
a un grupo de mujeres que escapan de una prisión.
La primera imagen nos muestra la sala de un hospital,
con una puerta de metal donde se abre una abertura.
Es una niña, dice una voz. Pero eso es malo para
la familia, ya que el dueño patriarcal de ese
grupo quería un varón. Ahí comienzan
las injusticias. De a poco, la película nos va
mostrando a estas mujeres que van recorriendo las calles
y van siendo objeto de la opresión machista que
existe en Irán. Así el director nos va
planteando su denuncia de como la mujer es maltratada,
no sólo en forma física, sino también
psicológica allá.
Pero lo que se nos muestra
en este filme también le compete a la sociedad
chilena. Cuantas mujeres son objeto de maltrato físico
y psicológico en este país. En una sociedad
que se dice liberal, pero que oculta un enorme machismo,
en donde la mujer en muchos lugares no tiene derecho
a opinar, porque el hombre es quien tiene la razón,
y en donde hay mujeres ministras que se les critica
su labor sólo por ser mujeres, deja en evidencia
la falta de oportunidades que hay acá. De esa
forma, se establece una relación entre las duras
imágenes que nos propone Panahi, frente a la
dura realidad que viven las mujeres acá socialmente,
y no sólo en estratos bajos, sino que en los
altos, pero que no se atreven a denunciar por el temor
del que dirán sus pares sociales.
Es acá donde el
filme logra sus mejores momentos, en donde la angustia
de la mujer es corroída por una sociedad machista
e hipócrita, y donde el sistema judicial y penitenciario
favorece al hombre, y la mujer es llevada a prisión
muchas veces sin juicio. Grandes momentos de un filme
gratamente llevado en imágenes, en donde en cada
minuto que pasa, uno se introduce mucho más en
la historia.
Luego, se concluye el
círculo, vemos una prisión, las tres mujeres
nuevamente dentro, y nos acercamos a una puerta metálica,
en donde se abre una abertura, y aparece un guardia.
El director logró su objetivo, nos introdujo
en el universo social, y redondeó la historia
en forma perfecta, tal como un círculo, comenzó
y terminó con la libertad de las mujeres, y con
la misma imagen inicial y final.
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