| Locos de
ira es una comedia al fin, muy mala, pero que merece
ese título al menos, si la comparamos con la
otra película que hemos tenido la desgracia de
comentar (Este
cuerpo no es mío).
Para empezar estamos ante un
comediante, Adam Sandler, donde no da pudor considerarlo
en esa categoría, pero que tampoco es nada del
otro mundo, apenas solvente y a rato divertido, que
hace sus méritos basándose en un humor
de hombre ordinario, sin ninguna gracia ni atractivo
particular, que afronta situaciones disparatadas.
No es ese tipo de comediante
que articula sus personajes a través de un humor
verbal exquisito, ni amparàndose en su ingenio,
ni siquiera en una imagen ridícula, es el hombre
común enfrentado a las circunstancias, lo que
nos ofrece Adam Sandler en su actuación y personaje.
Película con un humor
de brocha gruesa, muy gruesa, que se salva colgándose
apenas, en la línea de su salvación, en
sucesivos gags de situaciones disparatadas, sin mayor
hilo conductor que una serie de buenas ocurrencias por
parte de los guionistas, más que en una historia
coherente y divertida.
La historia dice lo siguiente,
un día Dave Buznik (Adam Sandler), oficinista
de poca monta, viaja en avión a una reunión,
cuando se le ocurre la mala idea de pedir unos simples
audífonos a la azafata, al no hacerle caso, se
los vuelve a pedir rozándole apenas el brazo
para que lo note, esta escandalizada alega una agresión,
después de varios malentendidos con el guardia
de seguridad, es considerado una persona agresiva y
termina electrocutado por presunto descontrol, sin que
él tenga la menor culpa.
Ante eso el juzgado termina
condenándolo con una rehabilitación en
un centro Psicológico de control de agresividad,
adivinen quien es el doctor, más loco que sus
pacientes por cierto, Jack Nicholson, decir el nombre
de su papel es irrelevante, pues él llena toda
la pantalla con sus tics acostumbrados con que nos tiene
acostumbrados en los últimos años, con
su cara de loco, con sus facciones irónicas,
su manera de caminar de neurótico perdido, en
fin un papel maqueteado y mediocre, que más que
reproducir un personaje, se reproduce a si mismo.
Lo siguiente será una
serie de molestias que causará Nicholson cuando
se vaya a vivir con Dave, con la excusa de hacer un
tratamiento de shock anti agresividad, que terminará
por volver loco de ira a Dave y destruir su tranquila
vida.
Mucha maqueta, muchas caras,
mucho grito y escaso talento, excepto uno que otro gag
muy cómico.
Atención con el final
de la película, si el film había funcionado
apenas, dentro de su mediocridad, en la primera parte,
termina de morir en las secuencias finales en el Estadio,
en uno de los peores finales que se recuerda, la advertencia
está hecha, no se admite reclamos después.
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Al igual que Rob Schneider,
Adam Sandler proviene del programa de televisión
Saturday Night Live, el cual saca cómicos cuya
única plusvalía es la recreación
de lo que hacían los maestros del humor en tiempos
pasados. Acá, se entiende con un cada vez más
alicaído Jack Nicholson, el cual nunca sale de
sus gestos y muecas, creyéndose el cuento que
trabajando así, puede crear a un psicólogo,
que es más loco que sus pacientes mismos.
La película, dirigida
por Peter Segal, que es alguien que igual se maneja
un poco en el humor, dirigió Y Dónde está
el Policía 331/3, entre otras comedias, logra
crear algunos momentos interesantes, sobre todo en los
primeros 40 minutos de duración.
El filme nos cuenta la
historia de un aproblemado publicista que es enviado
en un avión por viaje de negocios. Ahí
tiene una discusión con una azafata y es enviado
a juicio por un supuesto ataque. Ahí entra en
terapia con un psicólogo que emplea a sus pacientes,
para dirimir sus propios estados de locura.
Lo ingenioso que se le
puede hallar a esta película, dentro de lo irregular
que es, es que nos muestra un lado que no se conoce
de estos profesionales. La Publicidad necesita de mucha
atención, y sobrecargas emocionales, que pueden
llevar a quebrar los estados emocionales de una persona,
y viceversa, que pasa con los psicólogos y psiquiatras,
que tienen que escuchar a tanto paciente contar sus
problemas emocionales, que pueden caer en estados de
locura. Y eso es lo principal, el psicólogo emplea
esos estados para conducir al paciente, y el paciente
debe empezar a liberar todo lo que le ha sucedido.
Uno de los momentos claves
de la película se da cuando la novia del personaje
de Adam Sandler lo deja, situaciones como esas pueden
valorar y fortalecer mucho una amistad, cuando se vuelve,
pero en el desequilibrio, las actitudes y acciones empleadas
por él son tontas.
Pero que enseñanza
nos puede dejar una comedia así?. Tal vez si
Segal valorara más el contenido que el humor,
se perfilaría como un buen director de comedias,
porque tiene talento y un buen manejo de las situaciones
cómicas, pero carece de sentido de proyectar
sus ideas mucho más allá de un mero soporte
humorístico, lo que lo lleva a quedarse a mitad
de camino entre una interesante realización y
una irregular, siendo ésta última donde
más se establece el como director. Por lo tanto,
el manejo de las condiciones humanas en estados desequilibrados,
no se nota aquí, sino que queda en la superficialidad,
sobre todo en algunos chispazos.
Así que este es
otro ejemplo de una comedia mal llevada, que no está
bien estructurada, con un buen tratamiento de forma,
pero sin un fondo bien manejado, y eso es lo que nos
permite generalmente decidir entre algo bueno y algo
que no lo es tanto, la visión de mundo que aquí
no se ve en ningún instante, sino que lo único
que apreciamos es el enorme protagonismo que se le da
a los protagonistas: un cada vez más decadente
Jack Nicholson, y un comediante irregular como Adam
Sandler.
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