Bolivia.
20 Mayo 2003

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Información de la pelicula

 
TITULO ORIGINAL: BOLIVIA.
PAIS: ARGENTINA.
AÑO: 2001.
DIRECTOR: ADRIAN CAETANO.
GUION: ADRIAN CAETANO, BASADO EN UN CUENTO DE ROMINA LAFRANCHINI.
FOTOGRAFIA: JULIAN APEZTEGUIA.
MUSICA: LOS KJARKAS.
PROTAGONISTAS: FREDDIE FLORES (FREDDIE, INMIGRANTE BOLIVIANO); ROSA SANCHEZ (ROSA, LA MESERA PARAGUAYA); OSCAR BERTEA (OSO); ENRIQUE LIPORACE (ENRIQUE, EL PATRON).
DURACION: 75 MINUTOS.
CALIFICACION: 14 AÑOS.
Bolivia
La vida es un barco sin timón .

Rodrigo Hidalgo


  Bolivia
El Desprecio Social.
Alberto Angerstein.

Bolivia es una película que en verdad impresiona, y en una sensación muy particular, provoca cierto pudor de haber considerado ciertas historias hollywoodienses como realistas, cotidianas y cercanas.

Desde el primer minuto de la película se presenta la sensación de que no solo se encuentra uno frente a una realidad muy cercana y reconocible, sino que se “está” en la realidad misma, y vaya si es incómoda.

La realidad vista y no vivida es dura, suceden mil detalles, uno detrás de otro y varios a la vez, por lo mismo el ritmo no es lento, sobre todo cuando se está en un espacio cerrado donde conviven varias personas.

No es la realidad que uno vive consigo mismo cuando pasea por un parque, ni cuando está solo cocinando en su casa, ni cuando se ha acabado de tener sexo y uno conversa con la otra persona en calma y en la intimidad.

Es la realidad de un espacio cerrado donde hay mil gestos, miradas, ademanes, el sudor y el humo se mezclan como olas de un mar pasado e intrigante.

En un momento uno de los clientes del bar pide un café y la camarera, Rosa, mientras le toma el pedido, el cliente le lanza una mirada furtiva, casi imperceptible, momentos después recibe con corrección el café, llega otro cliente y mientras saluda empieza a mirar silenciosamente, mientras el cocinero, ahogado en calor se toma una bebida, mientras varios lo miran, incluido el patrón, sin decir nada.

Mil miradas, mil gestos, conversaciones que no significan la mayor parte del tiempo nada y leguajes gestuales y miradas que lo son todo, todo recuerda a un barco en mitad de un mar de conflictos sociales y económicos, a punto de explotar en un conflicto mil veces, o mejor dicho mil miradas antes, anticipado.

Un conflicto que nadie quiere declarar, pero que ya se anuncia en los problemas de pobreza, cesantía, desamparo social, corrupción, componendas, favores, que afectan a la Argentina (y a cualquier país Latinoamericano) y a cada una de las personas que lo habitan.

Así transcurre la película de Adrián Caetano (el mismo director de la premiada y gran éxito de público en Argentina, “Pizza, Birra, Faso”), una obra que más que ser una muestra es como una uña encarnada de la realidad. Dolorosa, trepidante, incómoda, desde que uno se sienta a verla, desde el primer segundo anticipa, como una danza tàntrica hindú, que uno sentirá dolor pero que no podrá dejar de verla, es seductora, pero no por su sensualidad, sino por la certeza de saber de que se está fraguando una intriga terrible y que esta proviene del motín en que cada uno está inmerso y en el barco en el que mal vivimos.

La historia nos habla de Freddy (integrante de un grupo de teatro de la comunidad Boliviana en Buenos Aires), un Boliviano indocumentado, que llega a Buenos Aires, buscando sacar desesperadamente a su pareja e hijos de la pobreza, pero es una inmigración sin sueños, una entrada a barco ajeno desesperada, sin nada más que su nombre y la impronta de una nacionalidad que es como la marca judía en el Berlín de 1940.

Llega a trabajar como parrillero en un bar, donde traba amistad con Rosa, una mesera Paraguaya (Rosa Sánchez, empleada doméstica en la vida real) al mando de su patrón (Enrique Liporace, actor), donde llegan diariamente el “Oso”, un taxista con su compinche Marcelo y un vendedor ambulante entre otros.

La película nos muestra un grupo de trabajadores, todos en la cuesta abajo de la decadencia económica y personal de Argentina, donde se nos muestra un paisaje desalentador de obreros que lejos de la critica social, se han lùmpenizado, degradado, y exhiben una intolerancia, empujados por el imperativo social de luchar por las últimas migajas de lo que queda malamente por repartirse de una Argentina que ha transformado su barco en el desgobierno de cada quien.

En este ambiente de convivencia forzada y de conflicto latente es donde todos estos personajes buscarán dar una salida a sus problemáticas según su naturaleza.

Mucho se había hablado del aporte del nuevo cine Argentino, luego de ver esta película no queda nada más que hablar, el aporte ya está hecho, y en este caso es feroz, desencantado, sin manierismos, directo al grano, el ver esta película te aclara lo que es recibir el puñete de un marinero del barco de la vida en la conciencia y en la certeza de donde hemos llegado.

Por fin estamos ante un cine animal, sin intereses que proteger, ni discursos, con el racismo y el desamparo por bandera, con la ley del más fuerte y con la única certeza de que esta es nuestra nave.

Relevancia aparte tiene la música, original del grupo Los Kjarkas, muy hermosa, de folclor Boliviano, que produce uno de los pocos momentos poéticos de la película, habrá que comprarlo, muy hermoso y evocador, atención a todo lo que es la ambientación de un realismo muy descarnado (dirección de arte y vestuario a cargo de María Eva Duarte), fotografía y el papel de su joven Director a cargo también de la producción y el guión.

Una película tan realista como las personas que lo actúan, muchos de ellos primerizos en el cine, interpretándose desde su propia realidad, una apuesta muy similar a la hecha por otra gran película social, Recursos Humanos.

 

El cine argentino, en estos últimos años, ha ido entregando películas cuya temática social entrega fuertes críticas a los valores políticos argentinos. En El Bonaerense, por nombrar una, veíamos como un joven de provincia era cambiado completamente al entrar a trabajar en una comisaría de Buenos Aires, donde deberá, no sólo enfrentar, sino que aceptar, e incluso, participar, dentro de la corrupción policíaca para sobrevivir. Acá, en este filme, nos entregan un matiz socio-político de mucha actualidad, ya que tiene que ver con los inmigrantes, y como la sociedad los rechaza en su totalidad.
Filmada en un fuerte blanco y negro, que nos representa la miseria del alma humana, miseria que también se ve reflejada en los mismos personajes, el filme nos muestra a un inmigrante boliviano que entra a trabajar como chef en un boliche argentino. Trabajo ilegal dentro de la sociedad de ese país, debido a que le dan importancia a los argentinos, por la gran cesantía del país, el hombre empieza desde el primer momento a tener problemas con un frecuente cliente, cesante y deudor en ese establecimiento, por ser, no sólo inmigrante, sino que también por venir de Bolivia. Así, el director nos enfrenta con una película fuerte y directa, honesta y cruel, con personajes que no tienen respeto por los demás, pero lo más inteligente, es que no cae en ningún momento en los estereotipos en que generalmente nos vemos enfrentados en el cine, aquí hay garra, hay sudor, hay corazón, pero por sobre todo, hay un gran talento.
Filme en donde cada imagen que nos entrega nos refleja miseria, también hay una gran carga emotiva, al colocarle los nombres del inmigrante boliviano, la mesera paraguaya y el dueño del local, los mismos nombres de los actores, esto nos entrega también que quiso darle un sentimiento propio a cada uno de los personajes dentro de la historia, y el antagonista, el que refleja los ataques, tiene como nombre, Oso, que refleja la fuerza brutal a que nos lleva en cada minuto hasta el trágico final.
Filme pequeño e independiente, nos refleja cuál importante es en la vida de cada uno el respeto a los demás, nos critica la intolerancia que muchas veces sentimos hacia gente de otros pueblos, son precisamente películas como Bolivia las que nos dan ganas de seguir yendo al cine, que nos entregan mensajes, que no sólo son del pueblo del filme, sino que traspasan las fronteras y llegan a ser universales, porque la intolerancia es un mal mundial, nacida, precisamente, del odio racial que hemos ido adquiriendo a través de nuestras vidas, por distintos hechos acaecidos en la historia, y que han tenido gran protección de los gobiernos. Son precisamente los directores como Caetano, los que nos dicen que tenemos que terminar con estos odios, o si no, vamos a terminar actuando como los personajes de esta película. Imperdible.

 

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