| Lejos
del cielo es un film que pretende ser elegante,
bien actuado, tratar temáticas profundas y tener
una exquisita producción en el vestuario, fotografía
(muy hermosa) y en la recreación de época
en general, en definitiva, busca ser una obra políticamente
correcta. Aspira a pasar por una película de
cine arte y reflexionar sobre el racismo y la homosexualidad,
cuando en el fondo el director se limita a enunciar
los temas, a declararlos, sin toma ninguna opción
en su tratamiento.
Es una declaración forzada que busca mostrar
como la hipocresía de la sociedad de los años
cincuenta reprime a los integrantes de un pequeño
pueblo, impidiéndoles realizarse según
sus inclinaciones y donde es rechazado cualquier atisbo
de relaciones interraciales y homosexualidad, cuando
en realidad lo que la película nos quiere mostrar
es una simplona historia de amor, entre dos seres aislados,
que en medio de la represión social buscan con
quien comunicarse desde la verdad de su yo interno.
Eso es todo, ni más ni menos, una simple historia
de amor disfrazada de gran reflexión sobre la
intolerancia y el conservadurismo de una época
y de una sociedad. Es esa idea de gran película,
que se busca mostrar por parte no solo del director
sino también de la producción lo que molesta,
pues el tema del racismo y de la homosexualidad ha sido
muchas veces mostrada con mayor originalidad y lo que
es más importante con una mirada más arriesgada
sobre el tema del racismo, cómo Mississipi
en llamas de Alan Parker o la misma Bolivia,
que analizamos en esta edición, o Los muchachos
no lloran de Kimberly Pierce en el tema del homosexualismo.
En definitiva el film se las da de profundo, cuando
en lo esencial lo único que verdaderamente desarrolla
con una cierta mirada es la relación entre la
protagonista y Raymond Deagan, un jardinero de color,
dando la sensación de que el resto es un simple
adorno temático para darle más luces a
una historia de amor sin mayor brillo que la simple,
pero contundente, a la vez que sugerente, actuación
de Dennis Haysbert (que se hizo conocido en la serie
norteamericana “24”, que transmite
Fox), que interpreta al jardinero de color de quien
se enamora la protagonista.
Es justamente en esta pequeña y sugerente historia
de amor donde está lo único que verdaderamente
huele a verdad y no solo a maqueta de una buena producción,
ya que la historia nos muestra los represivos años
50, y para énfasis se ambienta en el pequeño
pueblo de Hartford, donde una familia modelo formada
por Cathy (una solvente pero en extremo maqueteada Julianne
Moore) y Frank (un envejecido Dennis Quaid), forman
la familia de los Whitaker, ella es la perfecta esposa
y ama de casa y relaciones públicas, solicita
siempre y cariñosa pertinaz que busca hacer la
vida fácil de su marido, él es el ordenado
y ejecutivo esposos de una gran esposa, todo perfecto,
pero entre tanta perfección lo primero que se
nota son las trizaduras de la incorrección, un
marido homosexual y una esposa insatisfecha y con una
vida vacía que se enamora de Raymond.
Nada nuevo bajo el sol, con mucha producción,
lindas locaciones, buena recreación de época
y una fotografía que quita el hipo, con actuaciones
unidimensionales, y maqueteadas hasta el hartazgo (excepto
la ya mencionada del personaje de Haysbert, quien salva
la película).
Esta es la película por la que Hollywood se derritió
en alabanzas y los críticos calificaron cómo
una de las obras más contundentes del año,
calificando la actuación de Julianne Moore cómo
una de las impresionantes del año, ustedes juzguen.
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De aquí hasta
hace unos años atrás, se han estado estrenando
un número de películas norteamericanas
que tienen estampado el nombre de cine-arte por donde
se les mire, pero que en realidad son simples filmes
comerciales que se amparan en una hermosa fotografía,
sólidas actuaciones, una espectacular música
a cargo de los mejores compositores del momento en Estados
Unidos, pero que si uno entra a hacer un análisis
detallado del filme, se quedan en eso. Uno no puede
profundizar más allá de lo que han entregado
a nivel técnico, por el hecho de que a nivel
de emociones son películas que no logran transmitir
nada. Como por ejemplo, tenemos la sobrevalorada Las
Horas y la también sobrevalorada La Sombra del
Vampiro, que trata sobre la filmación del filme
de Murnau Nosferatu, El Vampiro.
En este filme nos muestran
a una tranquila dueña de casa, interpretada por
Julianne Moore, quien, sorpresivamente se ve afectada
por dos hechos importantes: el primero, descubrir que
su esposo es homosexual, y el segundo, la afectividad
por un hombre de color. Todo esto, ambientado en un
pequeño pueblito a fines de los años ’50
daría lugar para un emotivo estudio del doble
estándard como se vivía en esa época.
¿ Por qué
el doble estándard?. Porque la mujer era relegada
y dependiente del hombre en esa época. Entonces,
ella, que empieza a tener una amistad con un hombre
de color, empieza a ser boicoteada por la puritana sociedad
de esa época. Pero, qué pasa con el marido?.
Es homosexual, y ellos también eran relegados
en esa época, pero tenía un cargo importante,
ayudaba mucho a la comunidad, por lo tanto la sociedad
a él no lo castiga, pero sí él
tiene el castigo de su esposa al final. Bonitos elementos,
pero muy mal aprovechados por un director que se mueve
en aristas demasiado comerciales para transformar un
filme con una buena historia en una película
interesante. Y esto es lo que le falta a Lejos del Cielo.
Si hubieran hecho una fotografía menos ostentorosa,
y se hubieran preocupado realmente de contar una historia
sublime, no sólo en emociones, sino que en profundidad
social, se hubiera logrado un buen filme. Pero por ahora,
queda una película hecha sólo a medias,
como todas esas películas disfrazadas de cine
arte que llegan a la cartelera, que se aprovechan de
los incautos que van al cine, y que muchas veces son
premiadas en festivales extranjeros por los elementos
técnicos, dejando fuera a filmes de gran valor
muchas veces.
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