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difícil creer algunos mundos que propone la ciencia-ficción,
pero sin duda X-Men o los Hombres X (antigua Patrulla
X) resulta la excepción por la fuerza de su historia,
que sobrepasa con creces la particularidad de su tesis
fantástica.
La historia nos cuenta que
producto de las naturales mutaciones que sufren los
genes de los seres vivos y que posibilitan la evolución
de los organismos en su carrera para adaptarse a su
medio ambiente, un grupo de seres humanos empieza a
sufrir estas mutaciones, para un salto evolutivo nunca
antes visto y que obedece más a un salto en la
particular evolución humana que a una necesidad
de adaptarse a un ecosistema concreto.
Estos seres humanos pronto
serán vistos cómo “rarezas”
y sufrirán el rechazo racista que tantas otras
personas han sufrido. Primero sufrirán el ostracismo
de sus familias, y el rechazo visceral de la sociedad,
después vendrá un rechazo de los sistemas
legales, que obedeciendo el mandato de las clases dominantes,
buscarán limitar sus derechos, aislándolos,
por considerarlos peligrosos.
Miles de niños, adultos
y ancianos sufrirán la soledad, persecución
o en el menor de los casos la indiferencia.
Parece una historia conocida
no? Es la historia de racismo que han sufrido distintas
etnias, culturas y colores de piel y que sufren a diario
gran parte de los Peruanos y Bolivianos en Chile y que
parece inherente a la condición humana, la disgregación
ante lo diferente, o la oposición ante lo nuevo
y que obliga al propio cambio, lo que lleva a resistirse.
Lo nuevo y el cambio, todo lo desconocido, siempre han
sido los miedos más profundos de la mente humana,
cómo decía H. P. Lovecraft.
Pero también es inherente
al ser humano su necesidad de integración, la
búsqueda de armonía, la necesidad de integrar
las novedades.
Estas fuerzas dispares se han visto bien reflejadas
en nuestra historia, desde posiciones integracionistas,
en la problemática negra por ejemplo, con las
posiciones de Martin Luther King o el rescate de una
propuesta nueva, sin necesidad de adaptarse al modelo
cultural y económico blanco, con Malcolm X, hasta
llegar a posiciones de confrontación directa
y de rechazo a concesiones, propuestas por las Panteras
Negras, movimiento negro que proponía la destrucción
del modelo blanco en los años sesenta, emparentado
al partido comunista.
Cómo en la historia
misma, un grupo de mutantes, encabezados por Charles
Xavier (Patrick Stewart, actor fetiche de Viaje a las
estrellas, La nueva generación), propone la integración
con la humanidad, convivir unos con otros en paz y utilizando
las potencialidades de los mutantes para forjar una
sociedad mejor, en cambio otros mutantes, liderados
por Magneto (Ian McKellen, Gandalf en la saga de El
señor de los anillos), creen que nunca serán
aceptados plenamente y esgrimiendo una supuesta superioridad
con el resto de la humanidad abogan por sustituirlos,
cayendo en la misma intolerancia de quienes los rechazan.
Ante esta tesis, el mismo director
(Bryan Singer, Director de la magnifica Los sospechosos
de siempre) toma dos direcciones distintas, complementarias,
pero con distinta sensibilidad: en la primera parte
de la saga de los X-Men Singer proponía una película
comercial, llena de espectacularidad visual que estaba
apoyada en un sólido guión que aludía
a la historia de unos seres marginales, rechazados,
y que sobrevivían en los márgenes cotidianos
de la sociedad, además se evitaba mostrar a las
fuerzas en conflicto bajo la maqueta de buenos y malos,
mostrando la coherencia y el origen que tenían
las ideas de Magneto, un ser que había perdido
a sus padres en los campos de concentración nazi,
creando un paralelo muy interesante entre el racismo
nazi y el nuevo sufrimiento al que sometían a
los humanos mutantes sus propios congéneres.
Por desgracia la segunda parte
deja de lado prácticamente esta veta, impidiendo
crear una identificación cotidiana más
cercana a nuestra realidad, excepto en algunas alusiones
muy puntuales y vagas al tema del racismo y la exclusión,
dejando todo el peso de la trama en la espectacularidad
de las imágenes y efectos especiales, y sobre
todo en las propias características fantásticas
de los seres, en vez de sus problemáticas más
personales, causadas por su pasado de rechazo y por
los efectos de su propia condición.
Es en las peculiaridades de
cada una de las capacidades de los seguidores de Charles
Xavier y Magneto, que el guión se engolosina,
para dar paso a una sucesión de sketches de acción,
sin más tino ni sentido que los gags de comedia
burda.
Es cuando el director Bryan
Singer olvida el pasado de estas criaturas, y se vuelca
en su presente, cuando estas mueren como seres humanos
y nacen como simples inventos de un cómic de
entretención alienante y carente de una reflexión
política más enriquecedora.
Paradójica es la situación
de este film, pues desnuda el fracaso de un tipo de
cine, pues una mayor reflexión y profundización
en los personajes no implica volver más aburrida
la historia, todo lo contrario, conjura con crear una
atmósfera y un universo que realmente logre cautivar
nuestros sentidos y emociones, no solo imágenes
y acciones que apelen a la racionalidad ya acostumbrada
a ver mil y una formas de coreografiar las peleas, es
lo que sucede con el señor de los anillos (sobre
todo el libro), donde la acción es solo un reflejo
más del interior de sus personajes y los motivos
de su lucha.
En X-Men 2 los personajes están
huérfanos de carisma, de una historia y de una
razón de ser, tanto que solo los dos personajes
más limítrofes de todos, uno por su rareza,
el otro por su extrema enfermedad mental salvan la película:
Nightcrawler (que significa Rondador Nocturno) y el
militar loco, Striker (golpe), que muestran una historia
llena de dolores que los lleva a apegarse al primero
a una religiosidad compasiva por sus opresores y al
segundo a la venganza.
La historia simple de esta
segunda parte gira justamente en torno a este militar
que busca destruir a todos los mutantes en la tierra,
ante lo cual los mutantes encabezados por Chales Xavier
y Magneto tienen que unirse para hacerle frente. Nada
más y nada menos, mucha acción, aviones,
helicópteros, puñetes, garras, misiles,
bombas, todo condimentado por una buena gama de rarezas
puestas en acción.
Parece que las advertencias
de Horkheimer y Adorno, estudiosos de la Escuela de
Frankfurt, sobre que la industria de Hollywood busca
simplificar las problemáticas, para meterlas
en géneros cinematográficos de fácil
consumo, opera en plenitud en esta entrega. La historia
de ciencia-ficción sobre unos parias, se convirtió
en un pop corn de acción.
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Los Hombres X es una
historieta nacida de la mente creativa de Stan Lee en
la década de los ’60 como una crítica
a lo que vivían los grupos minoritarios en Estados
Unidos, y como las fuerzas policiales, e incluso el
mismo gobierno, les trataban como si fueran algo bajo.
Al igual que en otras historietas de su fábrica,
Spiderman, por ejemplo, el desprecio de los jóvenes
hacia los intelectuales en esos tiempos, y Daredevil,
el problema que sufrían las personas con algún
problema físico, en ese caso, la ceguera, en
Los Hombres X era la intolerancia hacia las minorías
étnicas, religiosas, culturales, que solían
ser perseguidas por personas que se amparaban bajo una
ley protectora que la otorgaba el mismo gobierno estadounidense.
Es así que esta historia nos muestra la eterna
lucha entre dos fuerzas opositoras de Hombres X, la
que es liderada por el profesor Charles Xavier, que
es incluso un minusválido, y que buscan un lugar
entre los humanos, y la otra, que es liderada por Magneto
, y que ante el gran desprecio que sienten por la forma
en que son tratados, quieren gobernar a la raza humana.
Esto nos lleva a grandes conflictos, pero que son más
internos, por la gran preocupación psicológica
existente en los personajes de esta historieta.
En este filme, continuación
de la magnífica producción hecha hace
un par de años atrás, se nos muestra a
un científico militar que quiere acabar con todos
los Hombres X del planeta, y para eso urde un plan para
secuestrar al profesor Xavier, ya que es el único
que puede lograr eso. Ante tal peligro, los dos bandos
existentes de Hombres X se unen para acabar con esta
amenaza, fuerte y latente para ellos, y tienen que hacer
un rescate de Charles Xavier. También nos encontramos
con nuevas incógnitas de Wolverine, que necesita
saber su pasado, para entender su presente, y se da
cuenta que, este científico militar es su padre,
el cual, al igual que el doctor Victor Frankenstein,
crea la estructura ósea metálica de Wolverine,
y también en otro personaje, que es secuaz de
este científico.
Si bien su predecesora
era un filme en que se nos planteaba la lucha entre
el bien y el mal, acá se nos plantea una historia
débil, donde luchan buenos y malos, en donde
el único personaje interesante es Nightcrawler,
que es una representación del demonio, con cola
y cuernos incluidos, y que reza en alemán, creándose
una gran ambigüedad en este ser, dándole
riqueza y profundidad a esta criatura. Lo demás,
salvo un par de momentos, es casi risible y olvidable,
en una película que, por la gran cantidad de
publicidad que traía, uno esperaba más,
y por el talento del director, se le pedía mucho
más.
Los grandes elementos
que entregaba la historieta original no se plantean
en gran medida acá, ya que los grandes implicados
de lo que sucedió en los años ’60
en Estados Unidos, prácticamente no aparecen,
entonces los tintes políticos y sociales de Los
Hombres X nunca aparecen dentro de las imágenes
de esta película, y otros elementos de la historieta
original, como el proceso de culpabilidad de algunos
de estos seres ante la impotencia de lucha frente a
estos organismos gubernamentales, cosas que aparecen
en la primera película muy bien descritas, son
simples referencias para dar paso a una gran saga de
efectos especiales, en donde queda reflejado muy bien
en la secuencia del comienzo del ataque a la Casa Blanca.
Lo que si se puede decir un poco a favor de este filme
es en la importancia que se le da a este científico
militar, que traiciona a las altas esferas estadounidenses
para crear una matanza. Cuantas veces las personas han
tenido que pagar por la culpa de militares obsesionados
con una idea fija, trabajando sin conocimiento del Gobierno,
o amparado bajo una sombra callada de éste. Si
el filme hubiera ido por ese rumbo durante toda su extensa
duración, y no le hubieran dado tanta importancia
a los efectos especiales, la cinta simplemente hubiera
sido tan espectacular como la primera parte. Pero como
eso no fue lo primordial, nos encontramos finalmente
con un producto, además de débil, muy
comercial, e incluso, banal en muchas ocasiones.
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