ciudad gótica.
CGH
19 Mayo 2003

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Bien pudo haber sido “por el poder de Greiskull” que se iniciase este escueto comentario. Por razones de consistencia se entenderá la referencia a la urbanística de la Edad Media. De todas formas, en la torpe gramática de tarzán (yo, tarzán; tu, chita) Heman (él, hombre) nos facilita bastante las cosas.

El fornido héroe empina la espada del poder (Power Sword) a las alturas del firmamento e invoca en un grito mostruoso el valimiento. Ese hechizo convierte al prícipe de cabellos lisos y amarillos en Heman y a través suyo, a Cringer, el felino amigable casi femeninamente cómodo y lánguido, en Battlecat. Algunos ya han aventurado decir que tanto el gato como su amo, en la vida real, eran unos podres tipos.

La circularidad de las ciudades ideales se la debemos a las fantasías de personas que vivieron en tiempos arduos de la historia cuando los habitantes de una comarca se reunían en torno al castillo de un señor. En un formato, en apariencia, más democrático, las ciudades, que en su mayoría estaban premunidas de grandes murallas en sus contornos, edificaban gigantescas armatostes con las cuales competían entre villorrios vecinos por quien elevaba una cruz más alto. Estas eran las iglesias y a través de ellas, los pueblos adquirían un lugar, una fisonomía en el horizonte de una vista lejana.

La comparación irónica, para con los teólogos, entre esa empresa común que eran las ciudades del gótico con sus iglesias, y lo que significó la ciudad de nueva York con su skyline conformado por rascacielos de grandes firmas, parece un tanto aburrida, pero valga para abrir esa línea a los eventos que han sido ampliamente difundidas después del s11. Habría que agregar quizás dos puntos a la actualidad de los rascacielos; por un lado, el descrédito en que han caído aquellos que se hicieron llamar inteligentes, por la enorme cantidad de máquinas y prótesis que necesitan; y hace un buen tiempo, y de manera general, la condena a las piruetas financieras a las que muchas compañías recurrieron para hacerse de uno, siendo desde un inicio un mero sobredimensionamiento.

Aún bajo esas deficiencias, algunos edificios de Estados Unidos han tenido el honor de ser replicados en las tierras de este angosto país. Los modelos a escala que han sido importados e implantados (casi violentamente) han sido identificados y criticados ampliamente con anterioridad. Valga recordar, en esta seguidilla de notas, que tuvimos también nuestro propio s11 un enero. En 1981 -viniendo de un período de bonanza económica pero a los pies de una de las peores crisis de la historia bancaria de chile- la torre santa maría ardió. 11 muertos, muchos de los cuales, en su desesperación se lanzaron al vacío, al ver que los bomberos no tenían las herramientas para rescatarlos.

Sí, en Chile, tardíamente se hizo uso de las posibilidades técnicas que ofrecían los teléfonos y los elevadores a los procesos de producción en serie. Porque sépase ya, que gracias a estos dos últimos inventos los procesos líneales que en las fábricas requerían una cadena horizontal de personal encargado de distintas funciones pudo desdoblarse en varios niveles, sólo así, los pioneron, a principios de siglo, en Chicago, tuvieron tres o cuatro alturas.

El hecho es el siguiente: la multiplicación de niveles cada vez los empaña más, hasta seis pareciera que la vista los diferencia y los proporciona respecto del observador que se encuentra en su base, sobrepasado este umbral, la cuenta de pisos se hace más dificil y la imagen que prevalece es la del volumen inmenso. El diseño de cristalerías, tal como reconocemos a diario, ha sabido de esto desde siempre.

La repetición de la ley de repetición (y valga la redundancia) es espejeada en las fachadas y omitida en las plantas que tan de moda son llamadas libres. En cada una de ellas, las divisiones -a partir de modernos sistemas de compartimentación espacial, harán gala de una destreza inaudita rendimiento y eficiencia para la multiplicación de estaciones de trabajo. Los materiales blandos (alfombras, maderas, tapices y cueros artificiales) y la fantasmagórica luz de tubos fluorescentes completaran la escenografía en donde el rebaño de trabajadores se congrega y cumple sus funciones diarias.

El espectáculo más divertido en los skyscrapers de la capital es la conglomeración de personajes en las veredas de los edificios fumando cigarrillos. Combinación explosiva resulta a la vista la imagen elegante y esbelta del edificio adornado en sus bases por mamarrachos viciosos. Al parecer nada calza, ni en los trajes, las tallas más pequeñas se acusarán con un largo de mangas indebido o bien, para continuar en las chaquetas, en la exposición desvergonaza de una caída hasta las rodillas. Pero ya lo saben los chilenos, que todas las carencias se resuelven con imaginación: el diligente junior que uno apenas divisa en su premura se piensa como los elegantes ejecutivos que cruzan la ciudad desde un apartamento en las cercanías del central park hasta el extremo sur de NY.

Lo que se propone es, sin más, contraponer la imagen efectista de una con la pobre realidad que la habita, incluso en la fina y blanca estructura suspenderá a turistas (e igualmente a algunos chilenos) sobre el suelo de santiago, a una altura nunca antes vista. Sí, Chile también tiene su propio príncipe Adam.

dos notas finales

...dicho de otro modo, lo grande no es más que imagen de una totalidad acabada; y tal imagen sólo se sostiene a distancia. Guardar férreamente esta distancia es la consigna del poder... cada acercamiento inevitablemente revela que el todo aparente no es en sí mismo más que fragmentación y fisura.

Elizabeth Collinwood-Selby. La Lengua Del Exilio, pág 108, en la colección de textos de la escuela de filosofía de la Universidad ARCIS

Ce sont de belles situations: les bureaux sont recouverts de moquette; il y a deux télephones, un dictaphone, un réfrigérateur de salon…

Georges Perec, Les Choses.

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