| Bien pudo haber
sido “por el poder de Greiskull” que se
iniciase este escueto comentario. Por razones de consistencia
se entenderá la referencia a la urbanística
de la Edad Media. De todas formas, en la torpe gramática
de tarzán (yo, tarzán; tu, chita) Heman
(él, hombre) nos facilita bastante las cosas.
El fornido héroe empina
la espada del poder (Power Sword) a las alturas del
firmamento e invoca en un grito mostruoso el valimiento.
Ese hechizo convierte al prícipe de cabellos
lisos y amarillos en Heman y a través suyo, a
Cringer, el felino amigable casi femeninamente cómodo
y lánguido, en Battlecat. Algunos ya han aventurado
decir que tanto el gato como su amo, en la vida real,
eran unos podres tipos.
|
|
La circularidad de las ciudades ideales
se la debemos a las fantasías de personas que vivieron
en tiempos arduos de la historia cuando los habitantes de
una comarca se reunían en torno al castillo de un señor.
En un formato, en apariencia, más democrático,
las ciudades, que en su mayoría estaban premunidas
de grandes murallas en sus contornos, edificaban gigantescas
armatostes con las cuales competían entre villorrios
vecinos por quien elevaba una cruz más alto. Estas
eran las iglesias y a través de ellas, los pueblos
adquirían un lugar, una fisonomía en el horizonte
de una vista lejana.
La comparación irónica,
para con los teólogos, entre esa empresa común
que eran las ciudades del gótico con sus iglesias,
y lo que significó la ciudad de nueva York con su skyline
conformado por rascacielos de grandes firmas, parece un tanto
aburrida, pero valga para abrir esa línea a los eventos
que han sido ampliamente difundidas después del s11.
Habría que agregar quizás dos puntos a la actualidad
de los rascacielos; por un lado, el descrédito en que
han caído aquellos que se hicieron llamar inteligentes,
por la enorme cantidad de máquinas y prótesis
que necesitan; y hace un buen tiempo, y de manera general,
la condena a las piruetas financieras a las que muchas compañías
recurrieron para hacerse de uno, siendo desde un inicio un
mero sobredimensionamiento.
Aún bajo esas deficiencias,
algunos edificios de Estados Unidos han tenido el honor de
ser replicados en las tierras de este angosto país.
Los modelos a escala que han sido importados e implantados
(casi violentamente) han sido identificados y criticados ampliamente
con anterioridad. Valga recordar, en esta seguidilla de notas,
que tuvimos también nuestro propio s11 un enero. En
1981 -viniendo de un período de bonanza económica
pero a los pies de una de las peores crisis de la historia
bancaria de chile- la torre santa maría ardió.
11 muertos, muchos de los cuales, en su desesperación
se lanzaron al vacío, al ver que los bomberos no tenían
las herramientas para rescatarlos.
Sí, en Chile, tardíamente
se hizo uso de las posibilidades técnicas que ofrecían
los teléfonos y los elevadores a los procesos de producción
en serie. Porque sépase ya, que gracias a estos dos
últimos inventos los procesos líneales que en
las fábricas requerían una cadena horizontal
de personal encargado de distintas funciones pudo desdoblarse
en varios niveles, sólo así, los pioneron, a
principios de siglo, en Chicago, tuvieron tres o cuatro alturas.
El hecho es el siguiente: la multiplicación
de niveles cada vez los empaña más, hasta seis
pareciera que la vista los diferencia y los proporciona respecto
del observador que se encuentra en su base, sobrepasado este
umbral, la cuenta de pisos se hace más dificil y la
imagen que prevalece es la del volumen inmenso. El diseño
de cristalerías, tal como reconocemos a diario, ha
sabido de esto desde siempre.
La repetición de la ley de
repetición (y valga la redundancia) es espejeada en
las fachadas y omitida en las plantas que tan de moda son
llamadas libres. En cada una de ellas, las divisiones -a partir
de modernos sistemas de compartimentación espacial,
harán gala de una destreza inaudita rendimiento y eficiencia
para la multiplicación de estaciones de trabajo. Los
materiales blandos (alfombras, maderas, tapices y cueros artificiales)
y la fantasmagórica luz de tubos fluorescentes completaran
la escenografía en donde el rebaño de trabajadores
se congrega y cumple sus funciones diarias.
El espectáculo más divertido
en los skyscrapers de la capital es la conglomeración
de personajes en las veredas de los edificios fumando cigarrillos.
Combinación explosiva resulta a la vista la imagen
elegante y esbelta del edificio adornado en sus bases por
mamarrachos viciosos. Al parecer nada calza, ni en los trajes,
las tallas más pequeñas se acusarán con
un largo de mangas indebido o bien, para continuar en las
chaquetas, en la exposición desvergonaza de una caída
hasta las rodillas. Pero ya lo saben los chilenos, que todas
las carencias se resuelven con imaginación: el diligente
junior que uno apenas divisa en su premura se piensa como
los elegantes ejecutivos que cruzan la ciudad desde un apartamento
en las cercanías del central park hasta el extremo
sur de NY.
Lo que se propone es, sin más,
contraponer la imagen efectista de una con la pobre realidad
que la habita, incluso en la fina y blanca estructura suspenderá
a turistas (e igualmente a algunos chilenos) sobre el suelo
de santiago, a una altura nunca antes vista. Sí, Chile
también tiene su propio príncipe Adam.
dos notas finales
...dicho de otro modo, lo grande no es
más que imagen de una totalidad acabada; y tal imagen
sólo se sostiene a distancia. Guardar férreamente
esta distancia es la consigna del poder... cada acercamiento
inevitablemente revela que el todo aparente no es en sí
mismo más que fragmentación y fisura.
Elizabeth Collinwood-Selby. La Lengua
Del Exilio, pág 108, en la colección de textos
de la escuela de filosofía de la Universidad ARCIS
Ce sont de belles situations: les bureaux
sont recouverts de moquette; il y a deux télephones,
un dictaphone, un réfrigérateur de salon…
Georges Perec, Les Choses.
|
| responsabilidad
sobre los contenidos |
| los
contenidos de los artículos publicados en Sepiensa.cl
son de exclusiva responsabilidad del Autor y no representan
necesariamente el pensamiento del Equipo Editorial.
|
| reproducción
de los contenidos de este artículo |
| Para
reproducir, total o parcialmente, el contenido de este
artículo debe solicitar previamente autorización
a editor@sepiensa.cl
indicando el medio, digital o impreso, en que se realizará
la publicación. |
|