Overbooking en Bagdad
por Ángel González

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No estoy seguro aún, pero creo que anoche empecé a notar los primeros síntomas de que el tele(in)vidente estadounidense ?de aquí en adelante lo llamaré televidense, a no ser que revierta al manoseado y pedestre "yanqui"? se está distrayendo demasiado, y bosteza cada vez más. Los reflejos novedosos de las lentejuelas históricas con que los medios de comunicación están adornando la masacre parecen empezar a mostrarse ajados ante los ojos de un americano medio diagnosticado desde hace décadas con ADD (Attention Deficit Disorder).


En algunos canales, los informativos han vuelto a incluir noticias locales, e incluso alguna que otra oscura y veloz referencia a las invasiones víricas con que los siete jinetes del apocalipsis están bombardeando la especie. Tras uno de estos descansos, impensables hace una semana, todos los que son algo volvieron la mirada a una imagen sospechosamente repetida hasta la saciedad, la de un tanque iraquí eliminado por el Séptimo de Caballería. En una esquina de la pantalla veo la imagen de John Wayne, que dispara un rifle Winchester sobre las posaderas de Saddam, vestido éste de indio Sioux. Vuelvo a mirar, sorprendido, pero ya no está ahí. Dejo la copa en la mesa, y murmuro una excusa…Todos estamos muy nerviosos, en estos días. Y ¡ay del que no sienta un resquemor al menos en la barriga, un sueño agitado, un asomo siquiera de angustia!

Los Tercios de Bush han tomado el aeropuerto, y la cámara no deja de enfocar ese tanque humeante, mientras que periodistas cada vez más baratos, arrogantes y liberados de cualquier asomo de objetividad informan que el tirano está muerto y enterrado bajo toneladas de escombros. Al contraataque, sale Saddam a la calle en una danza propagandística de baño de multitudes, ante los gritos rítmicos y tribales de supervivientes fusil en mano y barba de tres días. Los mensajeros de los dioses se ríen del gesto, y declaran a voz en grito histérico que se trata de un doble. Uno en particular se embarca en una extemporánea editorial intelectualoide sobre el uso de dobles por parte de los tiránicos emperadores de la Antigua China, ahí es nada. El discurso le queda como un traje de payaso, pero el editor que haya caído en tan convincente parodia de la cultura seguro que recibe un premium este mes con el cheque de la paga.

Al circo de los medios de comunicación americanos parece que se le están poniendo pachuchos los leones, y para entretener a la audiencia han sacado payasos de juguete y enanos mentales. Todo sea por mantener el nivel de audiencias. La noche transcurre entre pesadillas y descanso, y el informe televisivo de Canal Sur, la televisión pública de Andalucía, que transmite por Internet, me acompaña el desayuno de sábado con lo último. Un corresponsal paisano mío en Bagdad advierte de que hay que tomar con antídoto la información sugerida por el gobierno iraquí de que el aeropuerto ha sido reconquistado por los defensores. No obstante, informa de que él mismo ha estado a escasos metros del escenario, y que ha visto tanques americanos completamente calcinados. Casi derramo el café sobre el laptop intentando alcanzar de un zarpazo el mando a distancia. Los mercurios de acá no mientan palabra de la incursión en Bagdad. Ahora la atención se ha vuelto al rescate (noticia vieja a estas alturas de la vida, y más con la que está cayendo ahí fuera) de la señorita Lynch, la prisionera salvada de las garras del monstruo. Sospecho, y mucho, que no van a conectar con el mismo corresponsal que anoche hablaba desde el aeropuerto rebautizado. En Internet sigo leyendo artículos y descargando archivos de vídeo. Unos hablan de mil muertos defendiendo y más de cien invasores. En la televisión del César no se habla de la muerte, queda feo, y además hoy s sábado, hay niños en la casa, mamá ha cocinado panqueques con sirope de arce, huevos revueltos y tocino Óscar Mayer, y no hay que joder la marrana, que todos pagamos impuestos, si bien al estilo medieval y a cambio de… Del ejército más poderoso del mundo.

Cambio de canal de nuevo. Arlequín, Pollicinella…Me quedo un rato con Pantaleone, perdón, me equivoqué, es Pinocho, y a su lado está el Teniente Coronel Gepetto, explicando las secuelas psicológicas que suele dejar la experiencia del cautiverio, pero las únicas imágenes que se muestran son de archivo. Eso sí, son también en verde fósforo, y muestran a los soldados de terciopelo avanzando con una técnica de comando digna de Hollywood. El control remoto se ha metomorfoseado en un joystick, y una voz desconocida me dice que si intento cambiar de canal, mis muchachos dispararán sobre el objetivo delineado en mi pantalla con una mirilla láser telescópica de 300 píxels por lo menos.

No puedo seguir la partida, así que tras guardar el archivo en la tarjeta de memoria (8MB) me vuelvo al laptop desesperado por saber qué está pasando ahora mismo en Bagdad. Me conformaría con una buena mentira, un montaje sutil de falacias bien hilvanadas, no recosidas a ojo de buen cubero por una manaza torpe, sino tejidas con la hipocresía que mi capacidad intelectual se merece. Busco en Al Jazeera, pero un grupo de hackers ha desmantelado su servidor con un ataque informático. Cuando intento pinchar sobre la agencia de noticias iraquí, una ventana se abre y me pregunta si de verdad quiero entrar en ese sitio. Me asusto, y siento un aliento frío recorrerme la nuca. Es un resquicio en la ventana, lo sé, pero me acabo de acordar de 1984, cuando yo sólo tenía 14 años y exceso de hormonas. Si estoy seguro de que quiero ver el tal portal, debo enviar un mensaje electrónico a no sé qué dirección, para hacerles saber a los responsables del sitio que quiero tener acceso a su información. No tengo ni la más remota idea de qué va esto, así que desisto y regreso a los periódicos ibéricos. Sigo sin saber, y encuentro alguna que otra buena falacia, candidata a convertirse en mi semblanza de verdad por algunas horas, hasta que el káiser Rumsfeld diga lo contrario.

En MS NBC, un ultraconservador jovenzuelo del noroeste de la Florida (corazón del Bible Belt yanqui) llamado Jim Scarborough, ex-congresista republicano y azote de herejes, sentencia a una oveja descarriada de la vida política americana, a quien se le ha ocurrido la peregrina idea de cuestionar la validez de la invasión. Fray Tomás de Scarborough levanta un crucifijo de oro andino, festoneado por reproducciones de los ojos de Liz Taylor confeccionadas con esmeraldas virreinales (de las pocas que el malvado de Chávez no se haya robado, que todo el mundo es culpable hasta que no se demuestre lo contrario).

Hoy, cinco de abril del año del señor de dos mil y tres. Presidiendo este tribunal de la santa Inquisición de este reino de la Nueva América el muy honorable George Washington, familiar de este mismo tribunal, es nuestro deber condenar y condenamos al dicho politicastro sin importancia por haber hablado mal de la política exterior de nuestro excelso emperador, máxime tratándose éstos de momentos tan extremadamente delicados para la seguridad nacional que la más mínima disensión deberá ser merecedora de la hoguera purificadora. Por todo lo cual ordenamos y mandamos que el reo sea relajado al brazo escrito de la prensa nacional, rebajado y vituperado hasta que encontremos por ahí evidencia suficiente de que el muy bellaco ha tenido relaciones extramatrimoniales con por lo menos tres transexuales adictos al crack, vulgo basuko. Y, si puede ser, negros. Y lo que Dios y el fraude electoral han unido, que no lo separe la opinión pública.

PS: Javier Solana y el Cardenal Colin Powell se han reunido en Washington para resolver las disputas entre Almagro y don Francisco Pizarro. El uno dice que si el oro negro del Inca, el otro responde que el quinto real, éste quiere que las encomiendas de los indios se las den a la Compañía de Jesús, aquél se desmarca con un “quien quiera peces, que se moje el...”y al final la carroña sigue oliendo y las moscas acuden al festín como en una novela de William Golding.

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