No estoy seguro aún,
pero creo que anoche empecé a notar los primeros
síntomas de que el tele(in)vidente estadounidense
?de aquí en adelante lo llamaré televidense,
a no ser que revierta al manoseado y pedestre "yanqui"?
se está distrayendo demasiado, y bosteza
cada vez más. Los reflejos novedosos de las
lentejuelas históricas con que los medios
de comunicación están adornando la
masacre parecen empezar a mostrarse ajados ante
los ojos de un americano medio diagnosticado desde
hace décadas con ADD (Attention Deficit Disorder).
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En algunos canales, los informativos
han vuelto a incluir noticias locales, e incluso alguna que
otra oscura y veloz referencia a las invasiones víricas
con que los siete jinetes del apocalipsis están bombardeando
la especie. Tras uno de estos descansos, impensables hace
una semana, todos los que son algo volvieron la mirada a una
imagen sospechosamente repetida hasta la saciedad, la de un
tanque iraquí eliminado por el Séptimo de Caballería.
En una esquina de la pantalla veo la imagen de John Wayne,
que dispara un rifle Winchester sobre las posaderas de Saddam,
vestido éste de indio Sioux. Vuelvo a mirar, sorprendido,
pero ya no está ahí. Dejo la copa en la mesa,
y murmuro una excusa…Todos estamos muy nerviosos, en
estos días. Y ¡ay del que no sienta un resquemor
al menos en la barriga, un sueño agitado, un asomo
siquiera de angustia!
Los Tercios de Bush han tomado el
aeropuerto, y la cámara no deja de enfocar ese tanque
humeante, mientras que periodistas cada vez más baratos,
arrogantes y liberados de cualquier asomo de objetividad informan
que el tirano está muerto y enterrado bajo toneladas
de escombros. Al contraataque, sale Saddam a la calle en una
danza propagandística de baño de multitudes,
ante los gritos rítmicos y tribales de supervivientes
fusil en mano y barba de tres días. Los mensajeros
de los dioses se ríen del gesto, y declaran a voz en
grito histérico que se trata de un doble. Uno en particular
se embarca en una extemporánea editorial intelectualoide
sobre el uso de dobles por parte de los tiránicos emperadores
de la Antigua China, ahí es nada. El discurso le queda
como un traje de payaso, pero el editor que haya caído
en tan convincente parodia de la cultura seguro que recibe
un premium este mes con el cheque de la paga.
Al circo de los medios de comunicación
americanos parece que se le están poniendo pachuchos
los leones, y para entretener a la audiencia han sacado payasos
de juguete y enanos mentales. Todo sea por mantener el nivel
de audiencias. La noche transcurre entre pesadillas y descanso,
y el informe televisivo de Canal Sur, la televisión
pública de Andalucía, que transmite por Internet,
me acompaña el desayuno de sábado con lo último.
Un corresponsal paisano mío en Bagdad advierte de que
hay que tomar con antídoto la información sugerida
por el gobierno iraquí de que el aeropuerto ha sido
reconquistado por los defensores. No obstante, informa de
que él mismo ha estado a escasos metros del escenario,
y que ha visto tanques americanos completamente calcinados.
Casi derramo el café sobre el laptop intentando alcanzar
de un zarpazo el mando a distancia. Los mercurios de acá
no mientan palabra de la incursión en Bagdad. Ahora
la atención se ha vuelto al rescate (noticia vieja
a estas alturas de la vida, y más con la que está
cayendo ahí fuera) de la señorita Lynch, la
prisionera salvada de las garras del monstruo. Sospecho, y
mucho, que no van a conectar con el mismo corresponsal que
anoche hablaba desde el aeropuerto rebautizado. En Internet
sigo leyendo artículos y descargando archivos de vídeo.
Unos hablan de mil muertos defendiendo y más de cien
invasores. En la televisión del César no se
habla de la muerte, queda feo, y además hoy s sábado,
hay niños en la casa, mamá ha cocinado panqueques
con sirope de arce, huevos revueltos y tocino Óscar
Mayer, y no hay que joder la marrana, que todos pagamos impuestos,
si bien al estilo medieval y a cambio de… Del ejército
más poderoso del mundo.
Cambio de canal de nuevo. Arlequín,
Pollicinella…Me quedo un rato con Pantaleone, perdón,
me equivoqué, es Pinocho, y a su lado está el
Teniente Coronel Gepetto, explicando las secuelas psicológicas
que suele dejar la experiencia del cautiverio, pero las únicas
imágenes que se muestran son de archivo. Eso sí,
son también en verde fósforo, y muestran a los
soldados de terciopelo avanzando con una técnica de
comando digna de Hollywood. El control remoto se ha metomorfoseado
en un joystick, y una voz desconocida me dice que si intento
cambiar de canal, mis muchachos dispararán sobre el
objetivo delineado en mi pantalla con una mirilla láser
telescópica de 300 píxels por lo menos.
No puedo seguir la partida, así
que tras guardar el archivo en la tarjeta de memoria (8MB)
me vuelvo al laptop desesperado por saber qué está
pasando ahora mismo en Bagdad. Me conformaría con una
buena mentira, un montaje sutil de falacias bien hilvanadas,
no recosidas a ojo de buen cubero por una manaza torpe, sino
tejidas con la hipocresía que mi capacidad intelectual
se merece. Busco en Al Jazeera, pero un grupo de hackers ha
desmantelado su servidor con un ataque informático.
Cuando intento pinchar sobre la agencia de noticias iraquí,
una ventana se abre y me pregunta si de verdad quiero entrar
en ese sitio. Me asusto, y siento un aliento frío recorrerme
la nuca. Es un resquicio en la ventana, lo sé, pero
me acabo de acordar de 1984, cuando yo sólo tenía
14 años y exceso de hormonas. Si estoy seguro de que
quiero ver el tal portal, debo enviar un mensaje electrónico
a no sé qué dirección, para hacerles
saber a los responsables del sitio que quiero tener acceso
a su información. No tengo ni la más remota
idea de qué va esto, así que desisto y regreso
a los periódicos ibéricos. Sigo sin saber, y
encuentro alguna que otra buena falacia, candidata a convertirse
en mi semblanza de verdad por algunas horas, hasta que el
káiser Rumsfeld diga lo contrario.
En MS NBC, un ultraconservador jovenzuelo
del noroeste de la Florida (corazón del Bible Belt
yanqui) llamado Jim Scarborough, ex-congresista republicano
y azote de herejes, sentencia a una oveja descarriada de la
vida política americana, a quien se le ha ocurrido
la peregrina idea de cuestionar la validez de la invasión.
Fray Tomás de Scarborough levanta un crucifijo de oro
andino, festoneado por reproducciones de los ojos de Liz Taylor
confeccionadas con esmeraldas virreinales (de las pocas que
el malvado de Chávez no se haya robado, que todo el
mundo es culpable hasta que no se demuestre lo contrario).
Hoy, cinco de abril del año
del señor de dos mil y tres. Presidiendo este tribunal
de la santa Inquisición de este reino de la Nueva América
el muy honorable George Washington, familiar de este mismo
tribunal, es nuestro deber condenar y condenamos al dicho
politicastro sin importancia por haber hablado mal de la política
exterior de nuestro excelso emperador, máxime tratándose
éstos de momentos tan extremadamente delicados para
la seguridad nacional que la más mínima disensión
deberá ser merecedora de la hoguera purificadora. Por
todo lo cual ordenamos y mandamos que el reo sea relajado
al brazo escrito de la prensa nacional, rebajado y vituperado
hasta que encontremos por ahí evidencia suficiente
de que el muy bellaco ha tenido relaciones extramatrimoniales
con por lo menos tres transexuales adictos al crack, vulgo
basuko. Y, si puede ser, negros. Y lo que Dios y el fraude
electoral han unido, que no lo separe la opinión pública.
PS: Javier Solana y el Cardenal Colin
Powell se han reunido en Washington para resolver las disputas
entre Almagro y don Francisco Pizarro. El uno dice que si
el oro negro del Inca, el otro responde que el quinto real,
éste quiere que las encomiendas de los indios se las
den a la Compañía de Jesús, aquél
se desmarca con un “quien quiera peces, que se moje
el...”y al final la carroña sigue oliendo y las
moscas acuden al festín como en una novela de William
Golding.
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