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Reflexión sobre el Impuesto al Libro en Chile. ¿Impuesto o no impuesto?…Esa es la cuestión.   Imprimir  E-Mail 
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Malo Bueno
Monday, 01 de August de 2005

ImageEl 14 de abril del 2005 el escritor Jorge Edwards se querelló contra los posibles inculpados que pirateen sus obras. Este acto llamó fuertemente mi atención y quise referirme a la posición que adquirió el escritor y a la discusión que se generó, sumado a la carta abierta  entregada por los Editores Independientes, al presidente Ricardo Lagos, para exigir un impuesto diferenciado para los libros. Ambas situaciones nos plantean la misma problemática: El acceso a la lectura.

 

Por un lado, que Jorge Edwards haya entablado una demanda en contra de la piratería de libros, específicamente de sus obras, nos lleva a preguntarnos por qué el escritor, junto a la Editorial Planeta,  en vez de poner una demanda no se ha sumado a la petición de los Editores Independientes por otorgar un impuesto diferenciado al Libro, con lo cual, en teoría, la piratería debería disminuir o por lo menos tener una mejor competencia de parte del mercado tradicional. Por otro lado, son muchas las preguntas que surgen de esta situación: por qué a pocas semanas de la entrega de la carta abierta al presidente Lagos, el Ministro de Cultura, José Weinstein, dice que la disminución del impuesto es inviable; por qué si desde hace mucho tiempo el gobierno ha optado por privilegiar a las industrias privadas, no lo ha hecho con la industria cultural del libro, en especial con la mediana y pequeña empresa editorial; por qué no se ha escuchado un reclamo más multitudinario frente a esta problemática.

 

El hecho que Jorge Edwards haya presentado esta querella indica que el impuesto al libro no afecta mucho a las grandes editoriales, en especial a las transnacionales. Además, que no se sumara a los reclamos contra el  impuesto al libro puede evidenciar dos cosas, la primera que no le importe mucho el área de distribución de esta industria cultural, mientras no pirateen su obra, está todo bien. O realmente piensa que el impuesto al libro no resulta relevante al momento del acceso de la cultura.

Lejos de entender cuales son los pensamientos de este autor nos centraremos en la problemática. Según el psicólogo Universidad de Concepción y comentarista de la revista virtual www.comunitaria.cl, Horacio Salgado Fernández, el problema no radica en disminuir el impuesto al libro, sino que en la mala y poca costumbre que tienen los chilenos respecto a la lectura. [1] Su planteamiento no deja de ser relevante considerando que un alto porcentaje de la ciudadanía corresponde a alfabetos funcionales y que tal como lo relata el psicólogo, los que tenemos la vaga costumbre de dirigirnos a las bibliotecas públicas, terminamos encontrando libros de gran calidad, tanto editorial como literaria, que no han sido abiertos durante largos periodos de tiempo.  

 

Ahora bien, es innegable que en este país existe una muy baja cultura de lectores, pero también es cierto que existe un alto porcentaje de ventas de libros pirateados, lo que implica, por ende, que la gente sí lee, pero que probablemente no compra en librerías debido al alto costo de los textos producto del impuesto y, además, si le sumamos lo acelerado que es necesario andar por un mundo mecanizado y constantemente preocupado de la producción, el tiempo que un individuo común puede destinar a dirigirse a una biblioteca pública, a leer, es bastante limitado.

 

La suma de estos factores indica que la problemática no radica precisamente en una disminución al impuesto, y tampoco en que los chilenos no lean, más bien radica en el Estado. Es éste quien, poco a poco, y desde el gobierno militar, ha ido desligándose de su antigua labor como mecena cultural, en una primera instancia protector de la alta cultura que solo resultaba accesible para los grupos oligárquicos y luego como un potenciador de la cultura igualitaria y para todos los estratos sociales, a través de los partidos políticos. [2] Para nadie es negable que el Estado se ha ido desligado de la producción de cultura y de la educación.

 

 En cuanto a la producción, en los últimos 15 años sí se han implantado subvenciones para la generación de productos culturales, incluyendo los literarios, a través de concursos como el Fondart, el problema radica en que no existe un real acceso a esa producción por parte de toda la ciudadanía. Sí se ha fomentado la creación literaria, pero no se ha fomentado o se ha hecho precariamente, el consumo literario.

 

El problema con la industria cultural del libro es que fuera de dejarla a los designios del mercado, le han sumado un gravamen igual al de cualquier otra empresa sin potenciarla a través de la educación ni permitiendo el acceso a los costos de la lectura a personas de bajos recursos. Como lo muestra la “Encuesta sobre el Consumo Cultural y uso del Tiempo Libre”, realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas, en convenio con el Consejo Nacional de la Cultura, en el estrato socioeconómico bajo, en un periodo de tres meses, de un total de 1.142.313 encuestados solo el 14.1% había comprado algún libro. En la clase media de un total de 2.816.845 encuestados el 43.1% había comprado un libro. En la clase media alta y alta de un total de 728.644 un 83% había podido adquirir un libro.     

 

La diferencia entre los porcentajes de personas de altos recursos con la de personas de bajos recursos que tienen acceso a la lectura es abismante, al parecer el problema radica en que el Estado no tiene una postura clara respecto a el acceso a la lectura por parte de los ciudadanos chilenos y frente a las declaraciones del Ministro de la Cultura, lo único que se puede objetar, y así lo han hecho los Editores Independientes, es la larga lista de objetos exentos de IVA, como el transporte aéreo y naviero, las estaciones de TV y Radio, las importaciones de las FF.AA., las entradas a espectáculos circenses, artísticos y deportivos, Correos de Chile, los establecimientos educacionales, la venta de vehículos usados, los ingresos en moneda extranjera percibidos por empresas hoteleras con motivo de servicios prestados a turistas extranjeros sin domicilio ni residencia en Chile, etc.

 

En síntesis, no es imposible ni poco viable la imposición de un impuesto diferido o la eliminación del impuesto al libro, beneficiando así a la pequeña y mediana empresa editrorial, contribuyendo a la disminución de la piratería de obras, aumentando el acceso a la lectura a los estratos sociales bajos y medios, que muchas veces, no tienen tiempo, debido a su esfuerzo por conseguir el dinero para alimentarse a ellos y a sus familias, para ira a una biblioteca pública, pero sí  pueden leer en el trayecto de su trabajo a la casa o tal vez en sus horas de descanso. Esta utopía no es realizable sin un mayor compromiso por parte del Estado en potenciar la lectura en Chile, desde una educación temprana, quitándole el estigma de aburrida o tediosa. Contribuyendo con políticas que vayan más allá de comprar unos cuantos libros para las bibliotecas públicas, si no que se enfoquen en potenciar las ganas de leer y el acceso a los libros.

 

Un desafío para el Estado es considerar a la industria cultural editorial chilena, como un potencial producto económico de exportación e inserción en el mercado internacional. El escaso despegue de estas industrias se debe a la desigualdad de condiciones que se generan entre las grandes transnacionales, además del problema de la piratería. Por otra parte la contribución y el anhelo de la pequeña y mediana industria editorial por recuperar el espacio público y fomentar el interés por éste, recuerda las palabras de Nestor García Canclini en su texto El consumo sirve para pensar: “Solo mediante la reconquista imaginativa de los espacios públicos, del interes por lo público, podrá ser el consumo un lugar de valor cognitivo, útil para pensar y actuar significativamente, renovadoramente, en la vida social”. [3] En otras palabras: la labor del Estado, no terminará una vez que se disminuya el impuesto al libro y se generen mayores instancias de accesibilidad a la compra y lectura de libros, sino que continuará hasta una recuperación de los espacios públicos alguna vez perdidos en dictadura.

 

Bibliografía

  • García Canclini, Nestor, El consumo sirve para pensar.
  • Sunkel, Guillermo, El péndulo de la cultura.
  • Salgado Fernández, Horacio, El impuesto al libro en Chile: una opinión distinta. revista virtual www.comunitaria.cl
  • Diario virtual www.elmostrador.cl, artículos y notas relacionadas con el tema.
  • www.terra.cl , cobertura a la demanda impuesta por Jorge Edwards a la piratería.
  • Encuesta sobre consumo cultural y uso del tiempo libre, ralizada por el Instituto Nacional de Estadísticas en colaboración al Consejo Nacional de la Cultura.
NOTAS
  • [1] Salgado Fernández, Horacio, El impuesto al libro en Chile: una opinión distinta.revista www.comunitaria.cl
  • [2] Sunkel, Guillermo, El péndulo de la cultura.
  • [3] García Canclini, Nestor, El consumo sirve para pensar.

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