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22 de Mayo del 2003
El Verdadero responsable del Aprendizaje
Juan Carlos Gajardo
fecha de publicación
mayo 2003
 
 

 

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A esta altura del desarrollo del pensamiento científico está probado que un bebé, ya a los dos meses de edad está en condiciones de reconocer los estados anímicos de su madre, sabe cuando su mamá está contenta o incluso cuando está deprimida.

Esto habla ya, de la capacidad cognitiva del bebé, la capacidad para aprender es de hecho inherente a su ser. A medida que transcurren los días comenzamos a enseñar los primeros vocablos: “diga mamá”, a ver “diga papá”, etc.; luego comenzamos a enseñar los primeros pasos: “demos un pasito”, “demos otro”, “camina hacia donde está el papá”; enseguida enseñamos las primeras normas: “no metas los dedos en los enchufes”, “debes comerte toda la comida”, etc.

Con esto quiero que determinemos el origen del aprendizaje,
podemos apreciar que este, se inicia mucho antes que los niños y niñas ingresen al colegio, y los acompaña imperturbablemente hasta el fin de sus días. Hasta acá no ha sido necesario recurrir a la escuela, el niño y su familia se las han arreglado perfectamente; la pregunta que surge es en qué momento se nos ocurrió hacer a la escuela responsable del aprendizaje. El primer paradigma de cada uno de nosotros, ha estado en nuestras propias familias, de ellas aprendimos lo bueno y lo malo, la idea de Dios, y la estructura del propio mundo. Puede la escuela como institución social permear estos primeros paradigmas.

Sabido es que una vez armados de una lógica explicativa de
nuestras circunstancias, no se modifica ningún elemento de ella sin que nosotros lo permitamos, recuerde usted, qué aconteció aquella vez que la profesora(or) puso en tela de juicio lo que habíamos aprendido en la familia. A caso no tomamos partido por nuestra forma de entender el mundo -que es previa a la incorporación al colegio- cuantas veces no escuchamos “no le hagas caso a esa vieja”. A partir de ahora, el profesor(a) pasan a ser los viejos: “Tengo clases con la vieja pesada de matemáticas”, “tremenda prueba que nos hizo el viejo de castellano”.

Quienes ganan estos adjetivos son personas que deben luchar
por ampliar esos paradigmas o bien buscar su modificación. Por tanto, ¿pueden ser los verdaderos responsables del aprendizaje?, antes bien podrían serlo del intento, pero eso ya es distinto de responsabilizarlos por algo que parte en los hogares y que allí se retroalimenta a diario. Ha sacado usted, la cuenta a cuántas familias no les resulto toda una odisea el trabajo que la escuela demanda, sobretodo en los primeros años de escolaridad. A caso eso no era una invitación a ampliar esas miradas que ya eran estrechas, cuántos padres son sobrepasados por las demandas escolares, quedando ellos y los niños, sumidos en la más absoluta incertidumbre. Mundos paralelos, ambientes esquizoides, de que estamos hablando.

Cada vez parece confirmarse más la teoría del capital inicial. Quienes obtienen los mejores resultados en las diferentes formas de evaluación que se han implementado en nuestro país, acaso son los que están menos dotados de recursos y de lazos sociales. No señor, entonces por qué nos dejamos arrastrar por los medios de comunicación que por lo demás sabemos que no son neutrales, por qué somos tan indolentes a la hora de fijar políticas educacionales, lo que se requiere es mayor justicia social, viviendas más dignas, mayores y mejores servicios, áreas verdes. Los antiguos filósofos establecieron hace más de dos mil años que es necesario no tener necesidades de subsistencia para poder hacerse al estudio y eso sigue siendo así. Puede entonces rendir lo mismo un niño que proviene de campamentos erradicados ya sea en La Pintana o en Puente Alto que un niño de Vitacura, Las Condes y que pensar de un niño que proviene de pueblos tan alejados y desposeídos como los de los pueblos originarios. Pueden estos niños tener los mismos resultados. Probablemente sí, pero antes debemos mejorar sustantivamente sus capitales iniciales. Puestas así las cosas, la pregunta que necesariamente surge es ¿quién es el verdadero responsable de los aprendizajes de los alumnos?

Desde siempre el rol del profesor ha sido el de mediador, generador de instancias para que la verdadera revolución cognitiva se produzca. Cada elemento que incorporamos modifica de alguna manera nuestra forma de entender nuestras circunstancias, sin embargo el que permite el cambio es el sujeto cognoscente y en ese acto, influye una serie de fenómenos que van desde la comodidad de la silla, hasta las fantasías que pudiesen distraernos, pasando incluso por el color de la sala de clases. Lo que quiero decir es que el proceso de aprendizaje es algo tan íntimo, si incluso muchas veces se aprende más de la explicación de un contenido por parte de un compañero que a partir de la explicación del profesor(a). Entonces de dónde surgen estos afanes estandarizadores, acaso no son opuestos a la propia ideología neo liberal.

Lo que se requiere es satisfacer las necesidades más urgentes de modo que los niños y jóvenes aspiren al conocimiento y no como es hoy en día en los sectores populares, donde estos niños y jóvenes necesitan trabajar en supermercados o ferias para ayudar al sustento familiar, así, no podemos comparar, en qué minuto estos niños hacen tareas, repasan contenidos, amplían un tema. Hasta cuando los profesores deben luchar contra la apatía, contra vidas sin sentido, sin metas ¿quién es el verdadero responsable -si que cabe la pregunta- del aprendizaje?.

Mayo 2003

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