Yo canto los perros calamitosos, lo mismo los que
vagan solitarios y errantes en los surcos y
barrancas sinuosas de las ciudades inmensas, que
los otros que dicen al hombre abandonado, con
sus ojos parpadeantes y espirituales: ''llevame
contigo y de nuestras dos miserias tal vez hagamos
una especie de felicidad”.