En el manifiesto dogma95, nos exige dirigir con
total fidelidad al voto de castidad, aunque expresen
sus creadores que las reglas se hicieron para romperlas,
pero aún así, lo más importante
de esto es "extraer la verdad de personajes
y situaciones". Y se podría agregar
con relación a esto, que es prácticamente
el camino que se sigue en varias de sus películas.
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La celebración, dogma 1
cumple esa promesa bajo juramento (voto de castidad)
La idea es ir al rescate de un cierto tipo de cine, en detrimento
de uno, y en su mayoría, que ha olvidado lo que es
importante, un cine amnésico y que rehuye de la Memoria
compleja, difícil: de los relatos que se basan y encaran
en las profundidades de la realidad. Es un cine embobado por
el espectáculo y la tecnología. Dogma pretende
en vez de esto contar historias verdaderas sin romanticismo
y “concesiones estéticas” antes que las
del texto y su relación con la realidad. Para esto
crearon lo que dicen llamar una serie de reglas que “liberarían”
esta tendencia a la parafernalia, los trucos, y los géneros:
la evasión en el espectáculo.
En La Celebración efectivamente son importantes la
trama y sus personajes, sin adornos como el maquillaje, luz
artificial, la música, el decorado en estudio, los
filtros, en consecuencia; busca la depuración de un
lenguaje que creen sobrecargado, gastado, perdido y desvirtuado
gracias a la industria. Hay que aclarar que esto no es nuevo.
Aún así es importante como impulso o contra
respuesta al cine imperante. Sus resultados son lo que importa.
Siguiendo con las declaraciones “No más un cine
de gusto personal o de autor”, concepto prestado y criticado
por Dogma que atañe a la Nouvelle Vague francesa. Lo
consideran una manifestación de un romanticismo burgués,
aunque lo admiren por otra parte.
Lo importante esta aquí y ahora, y no en la “Obra”.
¿Es todo esto una búsqueda
radical de realismo, que escarba en su tiempo y la verdad
de la representación y de lo que alude?
Este intento no es nuevo, ni siquiera
dentro del Dogma porque la “renovación”
se estaba sintiendo de antes. Las declaraciones y películas
de Lars Von Trier (“Rompiendo las olas”
y después “Los Idiotas”), daban
clara alusión al inconformismo de la forma de hacer
películas. Trier elige como compañero de fila
a Thomas Vinterberg, y así redactaron el Manifiesto
juntos.
Lo de Trier es otra cosa, más rupturista con relación
a los géneros y formas de representar, “espectacular”
y personal si se quiere.
Vinterberg esta del lado de la historia. El argumento de La
Celebración va a diseccionar a una muestra de la sociedad
burguesa de Dinamarca, hasta sacar de eso una experiencia
difícil de sacarse de la cabeza en la primera visión.
Digo experiencia porque la conmoción que se desprende
de ella, más allá de los postulados ambiciosos
y hasta inocentes (pero no por ello inteligentes, sugerentes
y necesarios) del Dogma son de un interés fílmico,
tecnológico, sociológico y psicoanalítico
que nos desmerecen para nada su resultado global.
El interés fílmico de
Dogma95 estriba en su relación con la realidad desarrollada
con una puesta en escena enfrentada a una vídeo-cámara
en mano o al hombro, a pulso humano. El sonido in situ y sin
música externa, que añada ilusión; nos
lleva a una impresión de la realidad, no necesariamente
de lo verosímil. Por todo esto y más, de alguna
manera conecta a cierta realidad “improvisada”,
espontánea; así rinden homenaje a “Faces”
de John Cassavetes y el Cinéma-vérité
(Jean Rouch), del reportaje o documental improvisado de TV
y de la imagen que se asemeja de alguna manera en pulso, texturas
y colores a la del vídeo casero. Si eso no es suficiente
la narración aporta lo suyo desde la desenvoltura del
montaje que corta la unidad temporal a cada rato con saltos
que nos remiten al cine de Godard (Jam cuts). Así con
esto rompe la verosimilitud de la narración de corte
Clásico (raccord de movimientos, etc), pero lo entronca
a un cine “moderno”. Además es la mejor
forma de llevar el pulso de la narración y la pretendida
captación de lo que ellos llaman el “aquí
y ahora”, (aunque esto último en términos
así de simples sin argumentaciones es de alguna manera
inocente, pensado que siempre estamos ante la representación
de una historia que debe contarse). ¿Cómo la
contamos y que medios ocupamos? Eso es lo importante. En definitiva
la búsqueda de una nueva estética, para que
lleguemos a la concepción y hacia la finalidad de estar
al completo servicio y a contrapelo de los contenidos.
Lo de la imagen-video, no es poco,
e interesa por la historia del cine y como sistema de representación
de la realidad. Así como la búsqueda del realismo
y sus contornos. Esta imagen-video en materia del tiempo nos
enfrenta a la re-visión de lo que se está grabando
de la realidad fílmica, llevando la cámara a
donde se realice la película y no a la inversa. El
decorado debe ser natural y no intervenido, logrando una puesta
en escena como sí tratara de acciones que ocurrieran
en el mismo lugar en que se realiza el filme. Esta regla es
decidora y tiene que ver con la imagen-video, puesto que revisa
y analiza el instante como ningún otro sistema de imágenes.
Su resultado es inmediato. Su operación es más
directa con la realidad. Pero aún así, el video
debe escarbar en la imagen cinematográfica y sus códigos
de lenguaje y representación, para darnos con resultados
distintos desde su propia imagen. El video nos devuelve una
imagen sucia y no tan perfecta como la imagen cinematográfica,
en donde el contorno y el grano electrónico pixelado
aluden a otra cualidad. Su proceso de producción y
postproducción es más barato y accesible, se
democratiza así el uso de las cámaras para crear
“historias en casa” como a la vez se hace más
peligroso su evaluación de calidad, distribución
y finalmente su exhibición.
En “La celebración”
y luego en “Los Idiotas” (Lars Von Trier) sientan
un precedente que libera al video de su carácter no-narrativo
“clásico” imperante, dándonos dos
filmes que nos sorprende por su concisión, tensión,
libertad y dureza temática. La libertad ejercida es
ante todo necesaria, Dogma viene a poner en cuestión
lo que se necesita para hacer cine, así como lo hizo
intuitivamente y con los pocos recursos a su disposición:
John Cassavetes y Nouvelle Vague, cada uno a su manera.
En La Celebración la narración
y la historia estan apretadas al máximo, para sacar
de ellas nada más que el camino hacia la “Verdad”
(de Christian), su protagonista. Nuestro “héroe”
que se encuentra fragmentado por su pasado.
La cinta recuerda al teatro de cámara
nórdico de Strindberg y en el cine al “El
Gatopardo” de Visconti y “Fanny y Alexander”
de Bergman en la escena del baile en tren, así
como el retrato de familias singulares de alta sociedad.
El ambiente familiar nos recuerda
al Padrino de Coppola, Cristian a Michael y Michael a Sonny.
La influencia es palpable y reconocida por el propio director.
Pero donde Coppola hace una retrato apasionado y operístico
en tiempo extendido de la moral y ética de la mafia
y sus personajes, así como una mirada con afanes religiosos.
En La Celebración esta sólo su punto de escisión,
de la crisis y restablecimiento de ciertas heridas profundas
en sus personajes, y de cierto tipo sociedad que representa,
pero que están ligados a la tradición de cualquier
familia. Aunque se encuentre en el imperativo dramático
de la Perversión.
El escenario en La Celebración es de una búsqueda
conflictiva y combativa de hechos pasados, (el trauma)
la memoria a su vez va construyendo la personalidad en relación
con los demás (el otro) y la escisión
constitutiva del sujeto y sus lados conscientes e inconscientes,
para su correcta defensa del exterior, como también
de la cuidadosa y frágil zona de la función
del Fantasma (Lacan), van construyendo o
de-construyendo un mundo con los demás nada fácil
este caso en particular. Así tenemos a Christian que
se ve obligado a revisar que esos hechos fueron “Verdad”,
sobre todos empujados por una crisis; la muerte de su hermana.
Para esto debe reconocer y realizar una afrenta vengativa
en la cual quiere reclamar justicia en el ámbito
familiar. Los hechos no serán guardados más,
porque la salud mental de nuestro protagonista esta en juego
y serán expuestos, exhibidos en la realidad presente
con todos. Una celebración es la excusa perfecta y
el escudo que le permite actuar a Christian en torno a la
acusación por medio de la palabra.
Los hechos tienen que tornarse de
alguna manera comprobables, aunque todos sabían lo
que ocurrió o por lo menos intuían, (las violaciones
a los hermanos gemelos) pero que realmente nadie se atrevía
a comentar o aceptar, como si nada nunca hubiera ocurrido.
La ficción o representación
del consciente tapa la memoria-maldita y la confunde como
si fueran pesadillas casi inciertas que el consciente no se
atreven revelarse para sí. Porque si eso ocurriera,
habría que hacer algo urgente o sé podría
sufrir de alguna enfermedad o trastorno mental.
¿Que viene luego? Otra crisis,
producto de la primera, pero reflejada en su hermana que decide
suicidarse y que de alguna manera esta fuera y “dentro”
de la diégesis fílmica, y si se me permite ir
más lejos; del marco “fantasmático de
la narración”. El carácter centrípeto
que es propio de la impresión realidad (Bazin), por
el sonido y el fuera de campo, es aquí ejercido también
por un fantasma, representado por los ángulos de cámara
en el baño y ciertos lugares como en la carta que impone
su Verdad desde afuera hacia dentro del drama. O sea que ese
fantasma tiene pulsiones verdaderas que empujan a la hermana
a leer la carta en público para hacer actuar la Verdad
trágica y dolorosa, -casi toda la es-, (como en Edipo),
pero que tiene otras vías de expresión, de donde
se abre una brecha liberadora, aunque los implicados no se
“curen” o los hechos futuros no se desarrollen
como en una familia “normal”. Y así lo
refleja la relación de Michael y sus hijos con su padre,
Michael el más violento y conflictivo, último
receptáculo de reflejos de un fascismo Europeo incipiente
y así como de contrariedades y de falta de atención
en la familia.
Los otros, sobre todo Christian deberán
afrontar las palabras de su padre. “No servias para
nada, sólo para eso”. ¿Tienen justificación
y validez aquellas palabras en el plano simbólico y
lógico?.
Hablar así de los otros en relación hacia sí
mismo es importante en esta cinta, porque es como si el Padre
estuviera diciendo más de él en ese comentario,
que de Christian. Christian esta ante todo luchando con el
Fantasma provocado por su padre y su hipócrita
o miedosa familia; su madre, su hermano, y su hermana, estos
últimos sólo en primera instancia. De ellos,
sobre todo de su madre se dibuja una risa nerviosa ante las
declaraciones de Christian, investida con una mascara que
nos remite al vacío de los hechos, la mueca de la hipocresía
y del temor.
Hablando de las palabras
y su orden simbólico que nos apropia de la
Verdad y media con las pulsiones hacia el mundo (y que en
este caso no fue trasmitido por su padre, más bien
castigado); es interesante “interpretar” que en
Christian no se encuentra la densidad de las palabras,
(sólo su Imaginario esta en función
y crisis, aunque las afecciones vengan de lo Real,
pero en el pasado infantil y luego recientemente con la muerte
de su hermana) la enunciación de la Verdad esta invisible
en Christian, porque nadie parece escucharlo (Espectros ante
la Verdad de Christian), a no ser por los sirvientes, que
incluso ayudan en aliento y acciones a Christian, y es aquí
esta donde esta la irónica, absurda y destructora visión
de Vinterberg que tiene resonancias anti-burguesas de las
del lado del absurdo Buñueliano (“El discreto
encanto de la burguesía”) y los rituales
podridos de la sociedad decadente que prefiere no escuchar
algo desagradable (la Verdad) cuando quieren ante todo: divertirse
en una celebración. Sólo son invitados.
Más aún cuando esas confesiones pervertidas
vienen de un joven que según su propia madre confunde
realidad y ficción. No es acaso uno de los temas
de dogma y también de la memoria como fantasma de su
propio presente, ¿Qué es realidad, imaginación
y hechos reales?.
Y a veces todo parece ser mental, sobre todo si no se tienen
pruebas de dicha realidad (la representación) Esa prueba
es la carta.
La prueba es en el ámbito de
todos. ¿Cómo terminar así la narración
del desenmascaramiento, más no la de la redención
o el del perdón.
La pulsión de la muerte se
hace sentir como venganza, pero no estamos ante Shakespeare
o ante él genero de películas con armas. La
violencia es la de las palabras, no hay otra posible en el
terreno de lo simbólico, y del Padre.
El trauma esta cerrado pero no curado.
La estructura no esta del todo reconstruida, ahora debe hacer
Verdad el luto y de una nueva restitución de la función
fantasmática, que ya no contiene las pulsiones de venganza
(Muerte quizás) que enfermaban a Christian,
dejándolo en una precaria situación.
Después de derrocar al Padre
del trono del poder bajo la mascara de indiferencia y de hipocresía,
Christian decide más tranquilo vivir con Pía
(la sirvienta), un antiguo amor (el otro),
dejando de lado la mala relación que tenía con
las mujeres producto de su trauma y difícil imágen
de una madre sumisa y pasiva. La recompensa es la que le da
la historia al héroe, para conformar un poco de luz
al porvenir y hacer respirar un poco la historia y su desenlace.
La hermana “aparece” en el sueño de Chritian,
dejando claro que una parte del rompecabezas inconsciente
esta sanado, el doble Fantasma (Su hermana
y su propia función fantasmática) se encuentra
para él más tranquilo. El relato se cierra desde
afuera, al fin y al cabo es algo que se presentía.
El plano final es inquietante y refleja que no todo esta cerrado
y algo crónico persiste que por ahora es suspensivo,
el corte abrupto del plano es decidor.
¿Quién media ahora
en la función fragmentada con el mundo después
de quedar huérfano en el plano simbólico? ¿
Cómo reinstalar al padre simbólico si no hay
posible identificación, sólo había sed
de venganza y una mísera “explicación”?
¿No hay acaso un vacío desde las pulsiones,
que debe permanecer así?
¿Se encuentra inserto
este Fantasma la Sociedad y cómo lo enfrentamos?
La “Verdad”. Propuesta
casi imposible y subjetiva es ante todo difícil de
“escribir” en el ser y en la misma representación
de la realidad, desde el cine y la propia conciencia. No tenemos
la capacidad de restituir, volver a “escribir”
nuestro mundo, pero si, en nuestro sistema esta el deseo
de querer cambiar las cosas, las palabras y las imágenes,
pero a la vez no saber como. Así como también
parece ser valida y necesaria la búsqueda de una nueva
forma de enfrentar la realidad, en todo ámbito..
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