La Verdad en Cine. La Celebración Dogma1
Por Hernán Silva Arriagada

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En el manifiesto dogma95, nos exige dirigir con total fidelidad al voto de castidad, aunque expresen sus creadores que las reglas se hicieron para romperlas, pero aún así, lo más importante de esto es "extraer la verdad de personajes y situaciones". Y se podría agregar con relación a esto, que es prácticamente el camino que se sigue en varias de sus películas.

La celebración, dogma 1 cumple esa promesa bajo juramento (voto de castidad)

La idea es ir al rescate de un cierto tipo de cine, en detrimento de uno, y en su mayoría, que ha olvidado lo que es importante, un cine amnésico y que rehuye de la Memoria compleja, difícil: de los relatos que se basan y encaran en las profundidades de la realidad. Es un cine embobado por el espectáculo y la tecnología. Dogma pretende en vez de esto contar historias verdaderas sin romanticismo y “concesiones estéticas” antes que las del texto y su relación con la realidad. Para esto crearon lo que dicen llamar una serie de reglas que “liberarían” esta tendencia a la parafernalia, los trucos, y los géneros: la evasión en el espectáculo.

En La Celebración efectivamente son importantes la trama y sus personajes, sin adornos como el maquillaje, luz artificial, la música, el decorado en estudio, los filtros, en consecuencia; busca la depuración de un lenguaje que creen sobrecargado, gastado, perdido y desvirtuado gracias a la industria. Hay que aclarar que esto no es nuevo. Aún así es importante como impulso o contra respuesta al cine imperante. Sus resultados son lo que importa.

Siguiendo con las declaraciones “No más un cine de gusto personal o de autor”, concepto prestado y criticado por Dogma que atañe a la Nouvelle Vague francesa. Lo consideran una manifestación de un romanticismo burgués, aunque lo admiren por otra parte.

Lo importante esta aquí y ahora, y no en la “Obra”.

¿Es todo esto una búsqueda radical de realismo, que escarba en su tiempo y la verdad de la representación y de lo que alude?

Este intento no es nuevo, ni siquiera dentro del Dogma porque la “renovación” se estaba sintiendo de antes. Las declaraciones y películas de Lars Von Trier (“Rompiendo las olas” y después “Los Idiotas”), daban clara alusión al inconformismo de la forma de hacer películas. Trier elige como compañero de fila a Thomas Vinterberg, y así redactaron el Manifiesto juntos.

Lo de Trier es otra cosa, más rupturista con relación a los géneros y formas de representar, “espectacular” y personal si se quiere.

Vinterberg esta del lado de la historia. El argumento de La Celebración va a diseccionar a una muestra de la sociedad burguesa de Dinamarca, hasta sacar de eso una experiencia difícil de sacarse de la cabeza en la primera visión. Digo experiencia porque la conmoción que se desprende de ella, más allá de los postulados ambiciosos y hasta inocentes (pero no por ello inteligentes, sugerentes y necesarios) del Dogma son de un interés fílmico, tecnológico, sociológico y psicoanalítico que nos desmerecen para nada su resultado global.

El interés fílmico de Dogma95 estriba en su relación con la realidad desarrollada con una puesta en escena enfrentada a una vídeo-cámara en mano o al hombro, a pulso humano. El sonido in situ y sin música externa, que añada ilusión; nos lleva a una impresión de la realidad, no necesariamente de lo verosímil. Por todo esto y más, de alguna manera conecta a cierta realidad “improvisada”, espontánea; así rinden homenaje a “Faces” de John Cassavetes y el Cinéma-vérité (Jean Rouch), del reportaje o documental improvisado de TV y de la imagen que se asemeja de alguna manera en pulso, texturas y colores a la del vídeo casero. Si eso no es suficiente la narración aporta lo suyo desde la desenvoltura del montaje que corta la unidad temporal a cada rato con saltos que nos remiten al cine de Godard (Jam cuts). Así con esto rompe la verosimilitud de la narración de corte Clásico (raccord de movimientos, etc), pero lo entronca a un cine “moderno”. Además es la mejor forma de llevar el pulso de la narración y la pretendida captación de lo que ellos llaman el “aquí y ahora”, (aunque esto último en términos así de simples sin argumentaciones es de alguna manera inocente, pensado que siempre estamos ante la representación de una historia que debe contarse). ¿Cómo la contamos y que medios ocupamos? Eso es lo importante. En definitiva la búsqueda de una nueva estética, para que lleguemos a la concepción y hacia la finalidad de estar al completo servicio y a contrapelo de los contenidos.

Lo de la imagen-video, no es poco, e interesa por la historia del cine y como sistema de representación de la realidad. Así como la búsqueda del realismo y sus contornos. Esta imagen-video en materia del tiempo nos enfrenta a la re-visión de lo que se está grabando de la realidad fílmica, llevando la cámara a donde se realice la película y no a la inversa. El decorado debe ser natural y no intervenido, logrando una puesta en escena como sí tratara de acciones que ocurrieran en el mismo lugar en que se realiza el filme. Esta regla es decidora y tiene que ver con la imagen-video, puesto que revisa y analiza el instante como ningún otro sistema de imágenes. Su resultado es inmediato. Su operación es más directa con la realidad. Pero aún así, el video debe escarbar en la imagen cinematográfica y sus códigos de lenguaje y representación, para darnos con resultados distintos desde su propia imagen. El video nos devuelve una imagen sucia y no tan perfecta como la imagen cinematográfica, en donde el contorno y el grano electrónico pixelado aluden a otra cualidad. Su proceso de producción y postproducción es más barato y accesible, se democratiza así el uso de las cámaras para crear “historias en casa” como a la vez se hace más peligroso su evaluación de calidad, distribución y finalmente su exhibición.

En “La celebración” y luego en “Los Idiotas” (Lars Von Trier) sientan un precedente que libera al video de su carácter no-narrativo “clásico” imperante, dándonos dos filmes que nos sorprende por su concisión, tensión, libertad y dureza temática. La libertad ejercida es ante todo necesaria, Dogma viene a poner en cuestión lo que se necesita para hacer cine, así como lo hizo intuitivamente y con los pocos recursos a su disposición: John Cassavetes y Nouvelle Vague, cada uno a su manera.

En La Celebración la narración y la historia estan apretadas al máximo, para sacar de ellas nada más que el camino hacia la “Verdad” (de Christian), su protagonista. Nuestro “héroe” que se encuentra fragmentado por su pasado.

La cinta recuerda al teatro de cámara nórdico de Strindberg y en el cine al “El Gatopardo” de Visconti y “Fanny y Alexander” de Bergman en la escena del baile en tren, así como el retrato de familias singulares de alta sociedad.

El ambiente familiar nos recuerda al Padrino de Coppola, Cristian a Michael y Michael a Sonny. La influencia es palpable y reconocida por el propio director. Pero donde Coppola hace una retrato apasionado y operístico en tiempo extendido de la moral y ética de la mafia y sus personajes, así como una mirada con afanes religiosos. En La Celebración esta sólo su punto de escisión, de la crisis y restablecimiento de ciertas heridas profundas en sus personajes, y de cierto tipo sociedad que representa, pero que están ligados a la tradición de cualquier familia. Aunque se encuentre en el imperativo dramático de la Perversión.


El escenario en La Celebración es de una búsqueda conflictiva y combativa de hechos pasados, (el trauma) la memoria a su vez va construyendo la personalidad en relación con los demás (el otro) y la escisión constitutiva del sujeto y sus lados conscientes e inconscientes, para su correcta defensa del exterior, como también de la cuidadosa y frágil zona de la función del Fantasma (Lacan), van construyendo o de-construyendo un mundo con los demás nada fácil este caso en particular. Así tenemos a Christian que se ve obligado a revisar que esos hechos fueron “Verdad”, sobre todos empujados por una crisis; la muerte de su hermana. Para esto debe reconocer y realizar una afrenta vengativa en la cual quiere reclamar justicia en el ámbito familiar. Los hechos no serán guardados más, porque la salud mental de nuestro protagonista esta en juego y serán expuestos, exhibidos en la realidad presente con todos. Una celebración es la excusa perfecta y el escudo que le permite actuar a Christian en torno a la acusación por medio de la palabra.

Los hechos tienen que tornarse de alguna manera comprobables, aunque todos sabían lo que ocurrió o por lo menos intuían, (las violaciones a los hermanos gemelos) pero que realmente nadie se atrevía a comentar o aceptar, como si nada nunca hubiera ocurrido.

La ficción o representación del consciente tapa la memoria-maldita y la confunde como si fueran pesadillas casi inciertas que el consciente no se atreven revelarse para sí. Porque si eso ocurriera, habría que hacer algo urgente o sé podría sufrir de alguna enfermedad o trastorno mental.

¿Que viene luego? Otra crisis, producto de la primera, pero reflejada en su hermana que decide suicidarse y que de alguna manera esta fuera y “dentro” de la diégesis fílmica, y si se me permite ir más lejos; del marco “fantasmático de la narración”. El carácter centrípeto que es propio de la impresión realidad (Bazin), por el sonido y el fuera de campo, es aquí ejercido también por un fantasma, representado por los ángulos de cámara en el baño y ciertos lugares como en la carta que impone su Verdad desde afuera hacia dentro del drama. O sea que ese fantasma tiene pulsiones verdaderas que empujan a la hermana a leer la carta en público para hacer actuar la Verdad trágica y dolorosa, -casi toda la es-, (como en Edipo), pero que tiene otras vías de expresión, de donde se abre una brecha liberadora, aunque los implicados no se “curen” o los hechos futuros no se desarrollen como en una familia “normal”. Y así lo refleja la relación de Michael y sus hijos con su padre, Michael el más violento y conflictivo, último receptáculo de reflejos de un fascismo Europeo incipiente y así como de contrariedades y de falta de atención en la familia.

Los otros, sobre todo Christian deberán afrontar las palabras de su padre. “No servias para nada, sólo para eso”. ¿Tienen justificación y validez aquellas palabras en el plano simbólico y lógico?.

Hablar así de los otros en relación hacia sí mismo es importante en esta cinta, porque es como si el Padre estuviera diciendo más de él en ese comentario, que de Christian. Christian esta ante todo luchando con el Fantasma provocado por su padre y su hipócrita o miedosa familia; su madre, su hermano, y su hermana, estos últimos sólo en primera instancia. De ellos, sobre todo de su madre se dibuja una risa nerviosa ante las declaraciones de Christian, investida con una mascara que nos remite al vacío de los hechos, la mueca de la hipocresía y del temor.

Hablando de las palabras y su orden simbólico que nos apropia de la Verdad y media con las pulsiones hacia el mundo (y que en este caso no fue trasmitido por su padre, más bien castigado); es interesante “interpretar” que en Christian no se encuentra la densidad de las palabras, (sólo su Imaginario esta en función y crisis, aunque las afecciones vengan de lo Real, pero en el pasado infantil y luego recientemente con la muerte de su hermana) la enunciación de la Verdad esta invisible en Christian, porque nadie parece escucharlo (Espectros ante la Verdad de Christian), a no ser por los sirvientes, que incluso ayudan en aliento y acciones a Christian, y es aquí esta donde esta la irónica, absurda y destructora visión de Vinterberg que tiene resonancias anti-burguesas de las del lado del absurdo Buñueliano (“El discreto encanto de la burguesía”) y los rituales podridos de la sociedad decadente que prefiere no escuchar algo desagradable (la Verdad) cuando quieren ante todo: divertirse en una celebración. Sólo son invitados. Más aún cuando esas confesiones pervertidas vienen de un joven que según su propia madre confunde realidad y ficción. No es acaso uno de los temas de dogma y también de la memoria como fantasma de su propio presente, ¿Qué es realidad, imaginación y hechos reales?.

Y a veces todo parece ser mental, sobre todo si no se tienen pruebas de dicha realidad (la representación) Esa prueba es la carta.

La prueba es en el ámbito de todos. ¿Cómo terminar así la narración del desenmascaramiento, más no la de la redención o el del perdón.

La pulsión de la muerte se hace sentir como venganza, pero no estamos ante Shakespeare o ante él genero de películas con armas. La violencia es la de las palabras, no hay otra posible en el terreno de lo simbólico, y del Padre.

El trauma esta cerrado pero no curado. La estructura no esta del todo reconstruida, ahora debe hacer Verdad el luto y de una nueva restitución de la función fantasmática, que ya no contiene las pulsiones de venganza (Muerte quizás) que enfermaban a Christian, dejándolo en una precaria situación.

Después de derrocar al Padre del trono del poder bajo la mascara de indiferencia y de hipocresía, Christian decide más tranquilo vivir con Pía (la sirvienta), un antiguo amor (el otro), dejando de lado la mala relación que tenía con las mujeres producto de su trauma y difícil imágen de una madre sumisa y pasiva. La recompensa es la que le da la historia al héroe, para conformar un poco de luz al porvenir y hacer respirar un poco la historia y su desenlace. La hermana “aparece” en el sueño de Chritian, dejando claro que una parte del rompecabezas inconsciente esta sanado, el doble Fantasma (Su hermana y su propia función fantasmática) se encuentra para él más tranquilo. El relato se cierra desde afuera, al fin y al cabo es algo que se presentía. El plano final es inquietante y refleja que no todo esta cerrado y algo crónico persiste que por ahora es suspensivo, el corte abrupto del plano es decidor.

¿Quién media ahora en la función fragmentada con el mundo después de quedar huérfano en el plano simbólico? ¿ Cómo reinstalar al padre simbólico si no hay posible identificación, sólo había sed de venganza y una mísera “explicación”? ¿No hay acaso un vacío desde las pulsiones, que debe permanecer así?

¿Se encuentra inserto este Fantasma la Sociedad y cómo lo enfrentamos?

La “Verdad”. Propuesta casi imposible y subjetiva es ante todo difícil de “escribir” en el ser y en la misma representación de la realidad, desde el cine y la propia conciencia. No tenemos la capacidad de restituir, volver a “escribir” nuestro mundo, pero si, en nuestro sistema esta el deseo de querer cambiar las cosas, las palabras y las imágenes, pero a la vez no saber como. Así como también parece ser valida y necesaria la búsqueda de una nueva forma de enfrentar la realidad, en todo ámbito..

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