Christopher Nolan aborda en su segundo largometraje
el problema de la mirada y la readecuación
de lo trágico a la pantalla del cine. Un
intento que ciertamente muchos ven como un azar,
una feliz coincidencia o simplemente como el residuo
de un juego de efectismos, pero que ciertamente
dada la contundencia de claves que se cumplen no
es posible mirarlo tan sólo como eso.
Leonard, el personaje central interpretado por
un correcto Guy Pearce, es el punto de vista que
nos acompaña a lo largo de todo el relato
como filtro de lo que sucede. Sin embargo, su propia
incapacidad para generar una linealidad de largo
alcance de sus experiencias permite que dicho punto
de vista se transforme en varios de puntos de vista,
debido a que en cada secuencia el personaje debe
volver a construir su visión de mundo a partir
de los elementos que encuentra o que él mismo
se ha autoenviado desde un pasado inmediato.
|
|
Uno de los efectos que impiden entrar
completamente en la subjetividad del personaje es su propia
focalización que resulta múltiple en la medida
que el mismo acontecimiento pareciera ser contado de distinto
modo. Cosa que es más que nada producto de que los
gatillantes de algunas escenas son contados después
de que éstas se han mostrado generando un cambio en
la percepción que el espectador tiene de ellas. Recurso
que para muchos no es más que un burdo remedo de la
idea de “Viaje a la semilla” o de otros intentos
de alterar la cronología narrativa.
La estructuración narrativa
desde el final hacia el inicio no es nueva, ya Harold Pinter
en “Betrayal“ (su pieza teatral adaptada para
el cine por el británico David Jones en 1983) lo había
realizado para mostrar cómo se destruía la amistad
entre dos amigos cuando uno de ellos se convertía en
amante de la esposa del otro. Sin embargo, en dicho caso,
la inversión narrativa sólo servía para
ironizar sobre las situaciones fraternales que el espectador
veía conociendo de antemano los sucesos que sucederían
después. Por lo tanto, el espectador adquiría
un cierto poder omnisciente sobre el personaje, efecto que
justamente lo alejaba generando la apreciación irónica
de las situaciones.
En el caso de “Memento”,
en cambio, la inversión narrativa que plantea Christopher
Nolan cumple una función esencial a la hora de conectar
al espectador con el padecimiento del protagonista. En vez
de alejarlo de la situación, lo sume en el mismo problema
de Leonard, es decir, en la incapacidad de saber de dónde
proviene la situación presente. Así desde las
primeras escenas, el espectador asiste a una serie de imágenes
de las que se desconoce su origen previo, es decir, el espectador
comienza a experimentar algo similar a cuando el propio Leonard
se encuentra repentinamente frente a situaciones de las que
ha olvidado su procedencia o su razón de ser. Por ejemplo,
la escena en un baño, en la que Leonard se encuentra
con una botella de whisky en la mano pensando que tal vez
ha bebido cuando, en realidad, se trata de un objeto contundente
que previamente ha elegido para golpear a un sujeto. Esto
último sólo lo llega a saber el espectador después
de haber vivido junto con Leonard la ignorancia de saber por
qué tenía la botella en la mano. Entonces, la
única ventaja del espectador frente a la experiencia
de Leonard es que puede, pese a la ignorancia inicial, armar
una línea temporal. Cosa que no impide igualmente entender
que uno de los rendimientos esenciales de la estructura narrativa
de “Memento” es romper con las causalidades, dejando
un aparente hado como el medio responsable de los acontecimientos
que se suceden.
Incluso cuando se pretende encontrar
dicha causalidad ésta es finalmente destruida... en
tal sentido resulta magnífica la utilización
del relato en blanco y negro en el que se dan lo que serían
las pistas para entender el presente de Leonard... la suerte
de parábola de Sammy Jankis (otro supuesto sujeto que
padece de memoria de corto plazo) y los datos en torno a sus
métodos para sobrevivir y mantenerse firme en la búsqueda
del asesino de su esposa... todo eso se deshace en las revelaciones
finales que no alteran en todo caso el proceso desencadenado.
En este caso, no está el efectismo de un final que
vuelve irrelevante el camino recorrido (como sería
el ejemplo más citado de (“Sexto sentido”)...
al contrario, cada unidad de narración en que se constituye
la cinta (al modo de una gran caleidoscopio) mantiene su propia
interpretación. De hecho, lo que en “Memento”
aparece como una resolución no lo es en ningún
caso... sólo establece el comienzo de una apuesta y
la toma del personaje de su carácter de héroe
trágico: su voluntad siempre lleva a que sus decisiones
se reviertan en situaciones no buscadas ( o bien en hechos
cuyo cálculo nunca resulta verificable) y su procesión,
más encima, a lo largo de la historia transcurre con
las ropas de un muerto.
Recordemos que la esencia del héroe
trágico es ser una suerte de doble... como la estatua
de un muerto que invoca el alma del que yace lejos. Así
también Leonard se ve a sí mismo como la invocación
de una identidad que se reenvía desde el pasado, desconociendo
que en el presente la oblicuidad en dicha identidad se mantiene
aún en lo que se reconoce como recuerdo.
|
| responsabilidad
sobre los contenidos |
| los
contenidos de los artículos publicados en Sepiensa.cl
son de exclusiva responsabilidad del Autor y no representan
necesariamente el pensamiento del Equipo Editorial.
|
| reproducción
de los contenidos de este artículo |
| Para
reproducir, total o parcialmente, el contenido de este
artículo debe solicitar previamente autorización
a editor@sepiensa.cl
indicando el medio, digital o impreso, en que se realizará
la publicación. |
|