LA CRISIS DE LA MEMORIA Y EL PRESENTE QUE HUYE
Presentación (insuficiente) del ciclo de cine La Crisis de la Memoria
Mario Sobarzo M.

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Durante el mes de febrero de 2003 Sepiensa.cl ha programado un ciclo de cine.

Como es característica de la página, su temática es un problema, un problema no casual para nosotros como sociedad, pero tampoco a nivel individual.

En esta presentación intentaremos repasar algunos fundamentos que son los que nos permiten hacer el vínculo entre el tema y el cine como un sitio en que dicho problema no sólo ha sido trabajado, sino que ha permitido la revisión crítica de los conceptos tradicionales con los que ha sido pensada la memoria.

La Memoria como Articulante de la Política

El manejo, la construcción de conocimiento, es y ha sido uno de los fundamentos centrales sobre los que se sostiene el poder. El mismo Hesíodo en la Teogonía sitúa a las Musas como hijas de Zeus y Mnemosyne, es decir en el cruce entre el ser que mantiene el orden universal y la memoria.

Toda la orientación de las sociedades ágrafas está dirigida a mantener la memoria, a conservar el pasado mítico como forma de control de lo indeterminado.

Podríamos extender las citas hasta el infinito y entrar en las diferencias particulares de cada una de ellas, pero para los efectos que nos interesan (situar el tema), basta con señalar el sentido que tiene hacer a la memoria la garante del poder político.

La hipótesis central del desarrollo del capitalismo según Marx está en su capacidad de revolucionar las condiciones previas de producción, pero unido a esto debe existir una conservación de las experiencias previas, de los errores, de las lógicas productivas que eran útiles. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Que, a diferencia, que en la sociedad griega o las sociedades ágrafas, el poder en el capitalismo está en condiciones de crear, producir nuevas representaciones con las cuales enfrentarnos a la materia, y que esas representaciones no están exentas de las determinaciones socio-económicas en las cuales se originaron. Es decir, lo que en el pasado estaba escondido (debido al fundamento trascendental, divino del poder), en el presente se ha vuelto un campo de batalla: la lucha por determinar lo que debe ser recordado, lo que merece ser aceptado como válido de considerarse verdad, etc.. Es la lucha por el modo de construir representaciones, es la lucha por el control de la memoria.

Pero en ese mismo proceso por el cual la memoria se convierte en objetivo y botín de guerra, se vuelve cuestionable: ¿cómo se construye memoria colectiva?, ¿quién posee la legitimidad para determinar lo que debe ser considerado como válido, relevante o verdadero?, ¿qué procesos son los correctos, aceptados, etc.?, ¿qué relación hay entre memoria colectiva e individual?, ¿qué pasa con la libertad individual en el contexto de una determinación “objetiva” de los marcos de verdad?, etc.

Al explicitar el modo de funcionamiento de la producción de memoria, el capitalismo, desfondó su propia articulación histórica, se desmitificó a sí mismo, pero puso, también, en tela de juicio el concepto mismo de memoria en los tres elementos que habían sido sus fundamentos centrales: temporalidad que privilegia el presente sobre los otros tiempos, confianza en la prueba como forma de garantizar la realidad del pasado rememorado y transparencia de la realidad en su enfrentamiento con la psiquis.


La Triangulación de una Crisis

Siguiendo con la consideración de estos tres elementos uno podría hablar de una crisis ontológica, epistemológica y subjetiva de la memoria, pero qué significa esto, y en qué sentido es tema de un ciclo de cine.

Heidegger, Benjamin, Derrida, por nombrar algunos, han señalado la primacía histórica en occidente del concepto de presente sobre las otras formas de tiempo. Desde una perspectiva general esto significa la confianza en lo que está ante la vista, en lo que acontece directamente por sobre lo ya sido o lo por venir. Desde una perspectiva específica significa determinar la realidad de modo ingenuo, sin considerar que ella puede poseer un modo específico, diferente a las percepciones que poseemos, y, fundamentalmente, obviar los medios entre su ser y su aparecer.

Esta problemática hace eclosión con conceptos como el fantasma (phasma) que atraviesa la historia, con la idea de la memoria como un sitio poblado de fantasmas, es decir con la idea de una muerte que retorna, con la ausencia como nueva forma de la verdad.

Esta crisis de la ontología tradicional ha condicionado de tal modo nuestra existencia cotidiana que hasta el psicoanálisis ha incorporado este concepto para interpretar la neurosis.

El segundo elemento, lo epistemológico, ha llevado a un continuo desmontaje de los principios sobre los que se construye la identidad de los conceptos con los que pensamos la realidad, de su modo de ser y articularse, pero (y esto nos lleva al tercer elemento) no podía dejar incólume al sostén o sustrato que había sido la gran innovación moderna: el sujeto mismo.

Suponer una crisis de la memoria es suponer una crisis de nosotros mismos como siempre presentes, como seres autocontrolados y con un centrum referencial de sí mismo.

Ahora bien, ¿dónde entra el cine en este problema?

De arte a parte, en la medida que el cine es el gran artificio cultural: la referencia de un movimiento continuo de imágenes estáticas que imitan el movimiento. Fórmula que es manifestación misma de todo aquello que hemos expuesto, pero, además, manifestación no ingenua, en tanto la reflexión de las formas cinematográficas es tema de fundación del cine mismo como técnica y arte (techné).

Así, al momento de pensar en este ciclo nos lo propusimos como reflexión teórica sobre los temas involucrados en las películas, pero también como forma de re-flexión sobre la capacidad de él de cuestionar y cuestionarse su forma de realidad, e ínclito en ello como cuestionamiento de la realidad misma. Esa realidad que nos enfrenta fantasmalmente a nuestra memoria.

Hemos elegido para tratar el problema (que hasta aquí no hemos más que esbozado) ocho películas, cintas magistrales en las que él (el problema) se hace presente y que invitan a verlas debido a su calidad cinematográfica.

- Todas las Mañanas del Mundo de Alain Corneau
- El Festín Desnudo de David Cronenberg
- El Tiempo Recobrado de Raúl Ruiz
- Juegos Peligrosos (Ridicule) de Patrice Leconte.
- La Doble Vida de Verónica de Kristof Kieslowski.
- La Celebración de Thomas Vinterberg
- Antes de la LLuvia de Milcho Manchevski
- Memento de Christopher Nolan

Creo que la lista habla por sí misma.

Sin embargo, hemos querido darle la forma propia de Sepiensa.cl y por tanto después de cada película hemos programado una conversación, en torno a ella, con académicos, investigadores y personas destacadas del ámbito del conocimiento, pero que, a la vez, disfruten con el buen cine. Y este sí es requisito fundamental.

Mario Sobarzo M.

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